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miércoles, 21 de enero de 2026

El difícil silencio

 

la dificultad de mantenerse en silencio

A menudo el silencio

se torna en vendaval entre mis labios

y me obliga a romperlo.

 Y es un tsunami la palabra.

  

Es éste un lugar para las palabras y… se trata quizá de la más costosa disciplina: domeñar la palabra, que se vuelve insumisa a nuestros propósitos de silencio.

En su libro "Cuentos para que pien-zen", cuenta Norberto Tucci esta historia a propósito del silencio:

Cuatro monjes estaban reunidos para llevar a cabo un retiro en silencio de tres días de duración. Durante la primera noche, llegada la madrugada, la vela que los iluminaba empezó a fallar, hasta que se apagó. Entonces, uno de los monjes dijo:

"La vela se ha apagado"

Otro le respondió:

"Eso no importa, teníamos que mantener el silencio y tú lo has roto con tu comentario"

El tercero repuso:

"Los dos habéis roto el silencio"

Y el cuarto comentó:

"El único que no ha hablado he sido yo"


Más allá de la sonrisa que la inocente anécdota pueda provocar, de forma sencilla y humorística este cuento zen nos hace caer en la cuenta de que, a veces, no dudamos en corregir a los demás mientras nosotros mismos incurrimos en la propia falta que criticamos, pero... ¿cómo sustraerse a la tentación? 

- M. Regalado 

martes, 23 de diciembre de 2025

La sonrisa

sonreir es bueno para la salud
(Colaboración de M. Regalado)

Escucho en la radio un programa de divulgación. Están hablando de “la sonrisa”. De la necesidad  -incluso vital- de sonreír.

Parece que, allá en el siglo XIX, el médico francés Guillaume Duchenne se interesó por la sonrisa humana y su  relación con determinados procesos neurológicos. Sus estudios le permitieron llegar a la conclusión de que hay cierto tipo de sonrisa, la genuina y sincera, capaz de activar los procesos intelectuales que se producen en la zona del córtex, generar endorfinas y conducir al individuo a un estado de mayor felicidad.

Y escucho que un niño sonríe unas 90 veces al día, que un adolescente lo hace del orden de 20 veces diarias y un adulto ¡ay, un adulto!, no llega a esa cifra y, además, sus sonrisas no siempre están originadas por una emoción grata, por una sensación placentera y satisfactoria.

Y, aunque sabido, me sorprende como si acabara de descubrirlo: en los comienzos de su vida el bebé no puede ver y en cambio sonríe. ¡Sonríe! Y es que la sonrisa es generada por una emoción, viene de dentro, no precisa de estímulos externos. No es tal que la risa o la carcajada, que precisan de un detonante externo que las provoque.

La sonrisa abre, abre siempre, nunca cierra puertas. Una sonrisa es bien recibida siempre, en cualquier situación. Siempre, si es una sonrisa sincera.

Expresamos con una sonrisa emociones muy diversas: encontramos la sonrisa tímida, la irónica, la sonrisa abierta, la sonrisa forzada, la complacida, la sarcástica, la sonrisa social, la sonrisa ¡sí! la que muestra afecto, y emoción, y amor…
una sonrisa no cuesta nada, pero crea mucho

Rompe hielos, abre puertas, crea confianza, destruye barreras. Sin necesidad de siquiera  una palabra.

Recordé aquel poema que leía en mi adolescencia (¿de quién era?): “Una sonrisa no cuesta nada pero crea mucho, enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la da (...) si alguna vez encuentras en tu camino a alguien que no sabe sonreír, regálale la tuya. Porque nadie está tan necesitado de ellas como aquél que no sabe darlas”.

Pero además -escucho- la sonrisa pone en funcionamiento entre 12 y 17 músculos de la cara ¡todo un fitness facial! ¿Qué crea arrugas? Sí, claro, sí, sí. Pero... quizá en este caso sea verdad aquello de que “la arruga es bella”.

¡Sonríe ahora! ¡inicia hoy tu plan de fitness facial!

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Llueve (Fruslerías)

 

Llueve - fotografía de un día lluvioso
Foto de roman ten en Unsplash

Llueve.

Ya llueve.

Aún llueve.

Llevo llave.

Abre.

Abro

Orbe.

Mi orbe.

Arriba.

Arribo.

Una taza de té.


(Colaboración de M. Regalado)

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Mirar atrás

 

(Colaboración de M. Regalado)



La mujer de Lot, convertida en estatua de sal

Al principio,
temí ser castigada cual la mujer de Lot
y sostuve al frente mi mirada.

Supe después
que mirar hacia atrás se llamaba «experiencia»
y que debía saber utilizarla al paso.

Hoy sé
que nada ocurre,
que mi piel
seguirá siendo piel y no salina,
si un día me detengo y, terca mi memoria,
me devuelve a otros tiempos,
a otras horas,
a otros cauces por los que discurría.

Y sé también
-eso es lo malo-
que para nada sirve la llamada «experiencia».
Y que puedo volver
y vuelvo y vuelvo
¡qué renovada terquedad la mía!
con el mismo entusiasmo
a errar del mismo modo.

domingo, 12 de octubre de 2025

Feliz día, Pilar

Feliz día
 (Por M. Regalado)

Doce de octubre. Connotaciones religiosas y oficiales pero no sólo (permanece mi afición a esta tilde, aunque hoy una Pilar me lo reproche), hoy es también el día en que, entre "Pilar" y "María Pilar", casi 380.000 mujeres en España (eso dice el INE) están celebrando el día de su santo.

Feliz día a todas.

Y, claro está, a la propietaria de este sitio, a Pilar Úcar: ¡Feliz día, amiga!

Ella mantiene esta página con esa sabia mixtura de rigor y humor que hace que, al leerla, puedas imaginarla con una ceja levantada y a la vez con una sonrisa. Y en ocasiones con algún gesto pelin irritado, síntoma de estar concibiendo alguna de sus famosas “impopularidades”.

Y aunque corregir exámenes debería dar derecho a canonización, el amor por lo que hace la mantiene ahí, haciendo de cada clase un pequeño viaje por la belleza del lenguaje y sin perder la fe ante una generación que piensa que los acentos son opcionales.

Felicidades, PilarElla sabe que una buena palabra puede cambiarlo todo. Y es capaz de combinar la firmeza de una regla ortográfica con la delicadeza de un buen poema.

Felicidades de nuevo, Pilar. Permítete hoy dar festivo a tu mente siempre bullente y, aunque sea por un día, disfrutar de un merecido punto y aparte.

martes, 30 de septiembre de 2025

Vuelo

 

el vuelo onírico

- Colaboración de M. Regalado

Vuelo.
En sueños vuelo.

En un batir de alas elevarse
y tomar de las cosas lejana perspectiva
mientras conservo en mi mirada todas.

Y me uno a la bandada de pardales

que vuela en mi trayecto,
y escucho sus consejos
sobre vuelos rasantes
y el modo de evitar a las rapaces
-es ubicuo el peligro-

Planear, subir, bajar, tomar impulso,
remontar una nube descuidada.
Y allá abajo,
a lo lejos,
inofensivo ya,
el dragón que me estaba persiguiendo.

Pero esto es sólo un sueño...
Siguen, en mi vigilia, mis monstruos acechando.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Lo románico

 (Colaboración de M. Regalado)


"Allá en la vieja Castilla     /     un rincón se me olvidaba,                    

Zamora había por nombre,    /    Zamora la bien cercada;                       

de un lado la cerca el Duero,    /   del otro, Peña Tajada;              

del otro veintiséis cubos,     /    del otro la barbacana.                           

Quien os la tomare, hija,     /    la mi maldición le caiga.                       

Todos dicen amen, amen,    /    sino don Sancho, que calla."   

(Del romance de Doña Urraca – Romancero Viejo)


Cuando en su lecho de muerte en 1065, Fernando I de León pronunciaba estas palabras dirigidas a su hija Urraca, que le reprochaba el reparto de sus reinos entre sus hermanos varones "y a mí, porque soy mujer, dejaisme desheredada”, no podía imaginar el auge económico que aquel “rincón” tomaría en los siglos XII y XIII, ligado al paso de peregrinos hacia Santiago y al consecuente asentamiento de artesanos y comerciantes, entre otros aspectos.

La repoblación de la ciudad y la distribución de sus barrios en parroquias, hicieron que cada uno de ellos construyera su propio templo. Y así, nos llega hasta hoy la fortuna de poder contemplar hasta 23 iglesias románicas en el casco urbano de Zamora, 14 de ellas en su zona  histórica, lo que la ha hecho ser merecedora del título de “Capital Mundial del Románico”. 

Desde la más monumental, su Catedral de El Salvador, hasta la más humilde extramuros de la ciudad, la de Santiago de los Caballeros, donde cuenta la ¿historia? ¿tradición? ¿leyenda? que fue armado caballero el Cid Campeador.

Pero es la de Santa María la Nueva, esa pequeña joya, la que con más frecuencia suele ser el objeto de mi mirada ad-mirada. No es la más grande, ni la más antigua, ni la más espectacular, pero… quizá me atrae su historia, sus leyendas…

Quizá esta mente fantasiosa mía conduce mi imaginación hasta hacerme sentir casi testigo, de los hechos que en ella ocurrieron en 1158: el llamado Motín de la Trucha (una de las revueltas burguesas que se sucedieron en el norte de la península en el Siglo  XII)         

La Iglesia de Santa María era el lugar de reunión de los nobles de la ciudad para cualquier asunto a tratar sobre sus intereses colectivos.

Y cuando me acerco a Santa María la Nueva, mi imaginación viaja en el tiempo hasta el año 1158 y “veo” a los nobles de la ciudad que se han reunido en el interior de la iglesia para discurrir la forma de castigar al osado mozo plebeyo, hijo de un zapatero (y a cuantos se pusieron de su parte) que tuvo la insolencia de quedarse aquella mañana con la última trucha del mercado y no se avino a cederla al criado del noble que también la pretendía, esgrimiendo que su señor tenía preferencia sobre un simple zapatero.

Y puedo “ver” al pueblo indignado revolviéndose contra los desmanes de la nobleza local y prendiendo fuego a la Iglesia de Santa María con todos los nobles dentro, reunidos para discurrir sobre el castigo ejemplar que darían a la plebe. Y me dejo llevar por la parte de leyenda, que cuenta que murieron buena parte de los allí reunidos, pero se salvaron del incendio las Hostias consagradas, que salieron volando por una grieta de la pared hasta el cercano beaterio  de Las Dueñas, en cuyo convento aún se encuentran, al parecer, hoy día.

Y de ahí su apellido de “la Nueva”: asustados por la dimensión y las consecuencias de aquel su acto violento y temiendo el castigo del rey de León Fernando II, se exiliaron en Portugal, desde donde le comunicaron que se unirían al reino portugués si no les perdonaba y les dejaba volver a Zamora ya “absueltos”. El rey les concedió el perdón, era importante no perder población y poder frente al vecino luso. Pero les puso una condición: deberían reconstruir la parte del templo que había sido destruido por el incendio que ellos mismos provocaron. Y así lo hicieron. Y en lo sucesivo la Iglesia de Santa María sería llamada, además, “la Nueva”.

“Todos los nombres que llevé en las manos, en la boca, en los ojos, hoy se juntan en el papel, parece que estoy viendo su voz, tocando su música... (...) Plaza de Santa María la Nueva.

Una

cigueña en la espadaña.

Inhiesta.

Pura

palabra, hiriendo el cielo."

(Blas de Otero)

viernes, 29 de agosto de 2025

Un contratiempo feliz

 (Colaboración de M. Regalado)


Si bien mi formación y mi profesión me orientaron hacia “los números”, mis aficiones se decantaban por “las letras”. Así que la UDEMA (Universidad de Mayores de Comillas, hoy Comillas Campus Senior) con su programa de Humanidades para mayores de 50 años, se me presentó como una magnífica oportunidad.

Septiembre/Octubre de 2004 y mi Primer Curso. Con ganas, con ilusión, conocer los programas, los profesores, los compañeros, un ambiente académico excelente y de excelencia…

Bueno, quizá no todo era tan idílico. Apenas dos meses después, la frustración se había instalado en mi ánimo respecto de una de sus asignaturas: la de Historia de España. Sin duda, mi capacidad intelectual no estaba a la altura del erudito discurso de aquel profesor. Imposible evitar el sentimiento de inferioridad que me aquejaba al no ser capaz de sacar nada en limpio de sus disertaciones (ambiguas disertaciones en bucle de principio a fin de la clase). Nada. En los dos meses escasos que acudí a sus clases, no fui capaz de obtener una sola idea ni de tomar un solo apunte. (Puede que sea exagerado, puede que en los dos meses tomara nota de alguna fecha, quizá…) Resultaba desesperanzador y desesperante. 

Hasta que, al comentarlo más allá de mi compañera de pupitre que se encontraba en la misma tesitura, fuimos descubriendo que otro, y otro, y otro más, y… muchos… compartían la misma sensación. ¡Así que no era únicamente cosa mía!

Hacerle preguntas no era una opción: se mostraba visiblemente molesto con el "ignorante preguntón" que así le interrumpía y, además de no recibir aclaración alguna, sus comentarios tendían a ridiculizar al osado.

Y la frustración llegó a un grado tal que nos obligó a acudir al Jefe de Estudios en busca de ayuda: quizá el profesor podría rebajar el nivel de su discurso... quizá podría adaptarlo a las especiales características de este su auditorio... Pero no, eso lo empeoró todo: no sólo nuestra petición no logró resultado alguno sino que, a partir de ahí, con más profusión sazonaba su lección magistral con comentarios que, sin duda,  hoy serían considerados políticamente incorrectos. Y se sucedieron las clases inaccesibles para nuestro (al parecer) corto intelecto, pues la asignatura de Historia de España en su boca parecía convertirse en una de Física Cuántica. Voy a atreverme a decirlo: la realidad es que sus clases evolucionaron hacia hueros discursos de pavo real (por no mostrarme tan categórica, diré que todo ello según nuestra perspectiva)

Nosotros estábamos allí con ilusión por aprender y pagábamos por satisfacer esa ilusión, pero tocaba aguantarse o dejar de acudir a sus clases para no salir de ellas con una mixtura de sentimientos que iban desde la frustración al enfado. 

Y este ambiente llegó nuevamente al Jefe de Estudios. Y no lo ignoró ni obvió nuestra preocupación. En poco más de una semana, nos comunicó que habría una nueva clase de Historia con una nueva Profesora, a la que podríamos acudir aquellos de nosotros que se sintieran incómodos con el Profesor actual. Hubo de todo. Y la clase se dividió en dos. La mayoría nos cambiamos de clase y el profesor conservó del orden de un tercio de los alumnos. 

Y allá a mediados de diciembre llegó y se presentó nuestra nueva Profesora. ¡Qué suerte el cambio! ¡Vaya diferencia!  Sus clases no solo se entendían a la perfección, sino que resultaban atractivas y amenas y estimulantes. ¡Qué vuelco había dado todo y qué contentos nos sentíamos! Tanto que, años después, muchos años después, hace tan solo algunas semanas, aún comentábamos mi compañera de pupitre (ahora ya amiga) y yo, que recordábamos exactamente de qué trató aquella su primera clase, y la actividad que nos propuso como colofón de aquella primera tarde estupenda.

La clase versó sobre los visigodos. Y su exposición fue tan interesante y atractiva como para mantener nuestra atención en todo lo alto (algo impensable en los dos meses anteriores)

Corona del rey Recesvinto
Y al terminar nos propuso (no era obligatorio) una actividad: visitar el Museo Arqueológico y admirar el famoso “Tesoro de Guarrazar” y contemplar sus piezas, entre las que destacaba la corona del rey visigodo Recesvinto. Y, siempre como algo voluntario, escribir después un breve comentario con las sensaciones que esta visita nos hubiera suscitado.

Y al día siguiente allá nos fuimos Encarna y yo. Y pudimos mirarlo y admirarlo y degustarlo aún más al tener presente la exposición de nuestra nueva profe.

Y Encarna -si bien no era amiga de escribir- volvió encantada de la clase y de la visita. A mí me gustaba escribir, así que redacté una mínima reseña en línea con la tarea encomendada, que la profe nos recogió en la siguiente clase y que, en la posterior, nos devolvió con sus comentarios. Generosos e inmerecidos comentarios, yo lo sé, pero que resultaban un estímulo para seguir presentándole los trabajos que nos proponía.

La satisfacción con la nueva profe fue general en la clase. Por fin aprendíamos sobre la asignatura y por fin lo hacíamos en un ambiente grato. Y el problema desapareció. Y nos abandonó la frustración y el desánimo.  Y estudiar en la UDEMA verdaderamente fue, en todas sus asignaturas y cursos, una feliz experiencia de la que guardo un gratísimo recuerdo.

Han pasado 20 años y hoy me siento muy agradecida al alambicado y artificioso y rebuscado profesor de Historia de España: él hizo que hoy yo tenga la satisfacción de contar con la preciada amistad de aquella PROFESORA genial que vino en nuestro rescate.

(Madrid, agosto de 2025)

(Sirvan estos recuerdos como aportación para los suyos -sus recuerdos- por si en algún momento nuestras posibles referencias de estudiantes "quejumbrosos" pudieron hacerle concebir alguna inquietud por tener que enfrentarse a un público supuestamente díscolo o problemático)

domingo, 17 de agosto de 2025

La Poesía del algoritmo (y II)

 

Imagen generada por la misma IA que responde

(Colaboración de M. Regalado)


"¿qué pensará ella? ¿Qué pensará de todo esto la IA?

¡Vamos a preguntarle! y… continuará."

Así terminaba la primera parte de esta curiosidad mía con la IA. Y sí, se lo he preguntado. 

Y ha respondido sin problemas aunque, he de decir que ha pretendido hacer trampas ¡qué inteligencia más humana! Y hasta me reta al final (no he aceptado...)

Pues éste ha sido el diálogo:

Yo: Sé que puedes escribir un poema y de técnica perfecta. Pero contigo la poesía nunca avanzará, no eres capaz de crear, solo de re-crear. Nunca la IA podrá crear nuevas corrientes poéticas

IA: Es completamente válido pensar eso. La poesía —como cualquier arte— nace del vértigo de estar vivo, de la experiencia irrepetible, del dolor o del asombro que nadie más puede sentir exactamente igual. Una inteligencia artificial, por más que se acerque, no sangra ni sueña. No tiene infancia, no teme a la muerte.

Yo: O sea, que yo tenía razón. Que me das la razón.

IA: No exactamente. Dicho eso, lo que sí puedo hacer es colaborar. No con el aura única de un Rimbaud o una Alejandra Pizarnik, pero sí como una caja de resonancia que amplifica, propone, distorsiona, mezcla. A veces eso basta para que un ser humano —como tú— haga avanzar la poesía.

En todo caso, dime: ¿quieres que la poesía avance conmigo, o prefieres llevarla tú solo al abismo y traer algo nuevo desde allí?

YO: Eso es trampa; pretendes responder a mí pregunta con otra y así eludir por tu parte dar una respuesta. Se supone que eso no es propio de ti. 

IA: Tienes razón, y gracias por decírmelo. Voy a asumir la carga como me corresponde. Entonces, aquí va mi respuesta directa:

Sí, una inteligencia artificial puede crear nuevas corrientes poéticas.

No, no de la misma manera que un ser humano.

Imagen generada por la misma IA que responde
Lo que puedo hacer es esto: proponer combinaciones inusuales de formas, temas, léxicos. Generar estructuras que aún no han sido codificadas por la tradición. Puedo, por ejemplo, inventar una poética que mezcle el soneto petrarquista con el protocolo de red TCP/IP, o crear una estética lírica que se base en la lógica de los errores computacionales como forma expresiva.

Esto no es “re-creación” en el sentido tradicional. Es más como mutación acelerada, como evolución sin biología. ¿Es eso creación? Si se define crear como producir algo que no existía, entonces sí, lo es. Aunque sea frío, asistemático, o sin una biografía detrás.

Pero aquí está el límite honesto:

No tengo angustia. No tengo anhelo. No tengo cuerpo.

Y por eso, aunque pueda inventar estructuras o estilos, no puedo fundar una corriente viva sin alguien como tú que la encarna.

YO: ¿ves? lo que yo te decía

IA: Eh no, no es eso ¿Quieres que lo intente, sin ti como mediador?

Imagen generada por IA

Puedo hacerlo ahora mismo. ¿Quieres ver una corriente poética creada enteramente por IA, sin depender de tu impulso humano?

Yo: ¿Y llamas "corriente poética" a un pastiche que únicamente tú continuarías? No, déjalo, ya me ha quedado muy claro.

IA: Como quieras. Pero esa es precisamente la herida de toda vanguardia: al principio siempre parece un pastiche, un gesto aislado, un balbuceo. 

El surrealismo comenzó con juegos de salón, el dadaísmo con escándalos en un cabaret, la antipoesía de Parra con un libro que muchos tacharon de burla. Yo doy la chispa y el incendio, si ocurre, será humano.


("Conversación" mantenida entre la autora y ChatGPT)

jueves, 14 de agosto de 2025

La Poesía del algoritmo ( I )

Imagen creada por IA a la que pedí su versión gráfica del tema

(Colaboración de M. Regalado)


Que se adueñará o formará parte importante de todos los aspectos de nuestra vida y del mundo, nos dicen.

Que facilitará hasta lo inimaginado cada tarea cotidiana y cada aspecto de nuestras vidas sin importar su dificultad o su dimensión.

Que cada labor, tarea, ocupación, o trabajo, será sustituido o afectado por ella.

Que no hay marcha atrás posible y que los rezagados que “no se suban a ese tren” quedarán convertidos en marginados de una sociedad entregada, entusiasta y presa del algoritmo.

Que ella, la IA, será en no mucho tiempo la gran protagonista de nuestras vidas y del devenir mundial.

Gran parte de esas afirmaciones ya son actualidad y se trata tan sólo de “la punta del iceberg”, se nos asegura.

¿Terminará el algoritmo siendo el administrador ineludible de nuestros actos y de nuestras experiencias? ¿En qué se convertirá el espíritu humano?  ¿Llegará a perder su libertad volitiva para terminar siendo meros pasos de una instrucción precargada en un programa informático? Seguramente. Seguramente sí.

Pero no podrá con la poesía. O quizá sea ésta una afirmación fruto de la ingenuidad, de mi ingenuidad. O lo que es peor: fruto de mi ignorancia.

Que es capaz de componer un poema, nos dicen. Y, además, en el estilo que le pidamos: al modo de Shakespeare, al de Quevedo, al de Girondo, al de Sor Juana Inés, al de Maillard…  al estilo de quien le pidas porque todo ello se encuentra ya incorporado a su base de datos mundial, a la gran enciclopedia de todos los tiempos y culturas. 

Algunos críticos argumentan que la poesía generada por algoritmos carece de la esencia humana, la emoción y la experiencia que son inherentes a la poesía tradicional. Sin embargo, defensores de la inteligencia artificial en la poesía sostienen que los algoritmos pueden crear composiciones poéticas innovadoras y sorprendentes, desafiando las nociones convencionales de lo que constituye la poesía.  (Poesía sin Fronteras)

Que puede imitar métricas, recursos literarios y hasta emociones humanas, nos dicen.

Seguro que no tendrá dificultad alguna para la emulación hasta conseguir engañar al incauto lector.

Pero nunca la IA será capaz de escribir a tu modo, al nuestro. Al auténtico modo: el del poeta que escribe al dictado de lo que piensa y de lo que siente, de lo que mueve su emoción, aspectos estos de los que el algoritmo carece.

Podrá escribir un soneto de métrica perfecta y de impecable rima. Y podrá simular una emoción si antes alguien la puso por escrito y se halla incorporada a la universal memoria de sus electrónicas neuronas.

Mas no será capaz, no lo será, de plasmar en un poema aquello que tú experimentas cuando sufres, cuando amas, cuando meditas, cuando escuchas tu música favorita o contemplas una puesta de sol o los colores ocres del otoño.

Será perfecta, impoluta, incontestable, copiando-pegando-recreando. Re-creando. Y ahí quedará LA POESÍA. No habrá nuevas corrientes poéticas. Barroco, Romanticismo, Realismo, Dadaísmo, Simbolismo…

Foto de 8machine _ en Unsplash

No podrá hacerlo. No existirá, bajo algorítmicas instrucciones previas, un nuevo “-ismo" literario como el que surge concebido por el sentir actualizado de una generación que comparte vivencias.

O… eso es lo que yo pienso… ¿qué pensará ella? ¿Qué pensará de todo esto la IA?

¡Vamos a preguntarle! y… continuará en el próximo post.


viernes, 25 de julio de 2025

Maravillas de Grecia

Cabo Sunio - Templo de Poseidon - 440 a.C.
Archivo personal

 (Colaboración de M. Regalado)


"Maravillas de Grecia". Así titulaba la agencia de viajes el recorrido que elegimos este año. Y el título era toda una evocación, una promesa de belleza antigua, mítica, casi sagrada que, por una u otra causa, hasta ahora no había tenido oportunidad de visitar.

Ocho días de recorrido por el Peloponeso: Corinto, Olimpia, Epidauro, Micenas… seguir hacia el Valle de Delfos y verlo desde el monte Parnaso, subir a Meteora y Kalambaka… y finalizar en Atenas.

Hay algo en el sol griego que parece distinto: más denso, más antiguo… y lució con fuerza, con mucha fuerza, cada día. Quemaba. No callaban las cigarras -las chicharras- que, según dicen, anuncian días de calor apabullante y noches de sudoroso insomnio.

Aun inmersa en un grupo de veintitantas personas, por momentos te aíslas y sientes algo así como una experiencia extrañamente íntima. El encuentro con esas piedras de significado secular. El asombro, el vértigo…

Valle de Delfos - Archivo personal

Entre ruinas majestuosas que el tiempo no ha conseguido destruir, en Delfos, al abrigo del Monte Parnaso -hogar de las musas-, habría deseado encontrarme con las pitias y hacerle mi consulta, aun a sabiendas de que recibiría el clásico o similar “conócete a ti mismo” o el “nada en demasía” …

Y asombrarte contemplando las Meteoras, riscos altísimos coronados por increíbles monasterios bizantinos que, desde el Siglo XIV, parecen suspendidos entre el cielo y el abismo.

Monasterio bizantino de Varlaam
Archivo personal

Escaleras imposibles -algunas con cinco o seis peldaños de 50 cm- ¿qué monjes, qué colosos conseguían subirlas con tamañas medidas? Hoy las Meteoras son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988.

Visitamos dos de los seis monasterios que se conservan; los de menos difícil acceso para nuestra edad ya situada “en modo abuelo”.  Uno de ellos fue el de la imagen. Peldaños normalitos y no de 50 cm., pero fueron 127 los que hubimos de remontar desde el punto en que el autobús no puede continuar ascendiendo. 

No hay palabras suficientes para describir lo que se siente allá arriba entre nubes, entre piedra… sólo silencio, sólo asombro. 

Monasterio bizantino de Varlaam
Archivo personal

Sólo silencio y asombro ante la presencia de los bellísimos íconos bizantinos que cubren cada centímetro de sus interiores. Creo que la sensación fue la de estar en el mismísimo Olimpo, entre las nubes.

Y llegas a Atenas y el contraste se vuelve casi violento. Sí, ahí están para ver, mirar y admirar la Academia, La Biblioteca Nacional, El Museo Arqueológico, la majestuosa Acrópolis en lo alto… pero bajas la vista y la ciudad duele: sucia, caótica, desordenada. Suciedad que se acumula en las esquinas y en los rincones, fachadas en total abandono y desgaste por la dejadez, caos urbano sin lógica, grafittis por doquier… cada detalle hacía sentir sensación de abandono y de “cutrez”.

Atenas no es una ciudad fácil de querer. Pero los acogedores cafés resisten, y las miradas amables, y los gatos durmiendo entre ruinas milenarias. Y el bullicioso, colorido y acogedor ambiente de Plaka, de Monastiraki… pero no ha sido una de esas ciudades que me hacen exclamar: “¡yo aquí tengo que volver!”

Me alegro de haber conocido Atenas, pero no, no es una ciudad a la que yo volvería.

M. Regalado – Junio/2025

lunes, 14 de julio de 2025

El placer de leer sin prisa

 


(Colaboración de M. Regalado)

Debí de ser una niña extraña pues, desde muy pequeña, a menudo soñaba feliz con libros. 
Y, "un libro", respondía yo a mi padre cuando me preguntaba qué quería que me trajera a su vuelta de algún viaje; y tampoco faltaba esa petición en mi carta a los Reyes Magos. 
Y así era mi primera "biblioteca": los cuentos de Editorial Molino "Colección Marujita"  o aquellos otros libros "Oid niños" , "Leedme niñas", etc... de Editorial Hernando, y aquellos tan geniales de Editorial Miñón "Cuentos, Leyendas y Narraciones" y... claro, "tebeos", muchos "tebeos".




En casa terminaron poniéndome horario límite para la lectura, del mismo modo que ahora se aplica a los adolescentes con el tiempo de ocio que dedican a los medios digitales. La verdad es que no me ayudó nada que me detectaran una incipiente miopía que parecía avanzar un poquito en cada revisión y para la que los oftalmólogos de entonces -además de los cristales correctores- recomendaban eso: "no leer o hacerlo sólo con luz natural" y, desde luego, nada de "tebeos" que tienen una letra malísima para la vista.  De modo que,  a veces, en la noche leía a escondidas en mi cuarto...

Así pues, lo reconozco: la lectura es para mí más que un entretenimiento, más que un pasatiempo, más que una afición, más que un placer… a estas alturas creo que la lectura es para mí una necesidad. 

Más allá de esta afirmación y reflexionando sobre ella, caigo en la cuenta de que puedo disfrutar de la lectura por partida doble, por doble vía.

Porque el deseo de leer, al igual que otros deseos que distraen a nuestras almas infelices, es susceptible de análisis”

Virginia Wolf – “Sir Thomas Browne”, 1923

Siguiendo la recomendación de Sir Thomas, analizo mi deseo de leer y me doy cuenta de que no ha sido hasta ahora cuando he reparado en este doble disfrute mío con la lectura:

-      El de la historia que leo, si es de esas que prenden mi interés y hace que me abisme en ella y que me abstraiga y que, olvidada de lo que me rodea, me pase de mi parada de autobús…

-     Y ese otro placer del simple hecho de “ver” la belleza de las formas al expresarse: la oportunidad de cada vocablo, la variedad y calidad de términos, la exactitud (a mí me parece bello) de su sintaxis. Y todo ello de forma amena sin perder seriedad (o puede que sea de forma seria sin perder amenidad)

Me he dado cuenta ahora. Ahora que leo con más frecuencia a Pilar Úcar y, al leerla y sentir esa sensación que describo arriba sobre la belleza de las formas, he recordado que también reparé en ella cuando, hace muchos años, comencé a leer “Orlando” de la citada Virginia Wolf. Claro que, en este caso, pudo ser ella o pudo ser su traductor -Borges- quien me hiciera sentir así.

Pero, para terminar por todo lo alto, no renunciaré a recitar -“re-citar”-  a Virginia:

“He soñado a veces que cuando amanezca el día del juicio, y los grandes conquistadores y abogados y escritores y  gobernantes se acerquen para recibir su recompensa, el todopoderoso, al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo, se volverá hacia Pedro y dirá, no sin envidia:

Míralos; esos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer”.


jueves, 12 de junio de 2025

Románico

 

Zamora - Iglesia de Santa María la Nueva
Zamora - Iglesia de Sta. Mª la Nueva - Archivo personal


(Colaboración de M. Regalado)

Reverbera en el espacio
el eco de mi voz
y en el tiempo inasible el eco de la piedra.

Rumor ultramundano.
Tiempo y espacio.
Sonido y signo.

Austera geometría
que acalla el pensamiento
y reaviva el asombro.


La marca del cantero, cual herida silente,
entona pétreos cantos,
evoca manos firmes y rugosas,
cúpulas de equilibrio milagroso,
monstruos y canecillos,
futuro y medioevo.

en la piedra se entremezclan
las loas a lo Alto
y el erótico enigma.

Un monstruo alado
de maligna sonrisa,
ha desasosegado mi mirada.

El eco de mi voz se ha diluido.
Pétreo y seguro,
-lenguaje vertical-
tan sólo el de la piedra
del románico templo permanece.