Memorias de Kiki de Montparnasse
Conocemos
a Alice Prin desde el momento en que nace hasta su desintoxicación de la droga.
La acompañamos en sus 52 años de vida gracias a los retales, convertidos en
retazos anímicos que describe en un diario a vuela pluma. Escribe y anota sin
mucho orden, con mucho impulso. Vida errabunda que la lleva de Châtillon-sur-
Seine a París.
Me
ha encantado cómo plasma sus recuerdos infantiles viviendo con su abuela hasta
que se traslada junto a su madre a París donde empieza un trajín de miseria, de
amante en amante, posando para artistas, algunos de medio pelo por unos
céntimos que le permitían comer, según días y según generosidad.
Las
calles son las protagonistas, los talleres de pintores de los felices años
veinte -más bien tristes y miserables, ilusorios, instantáneos, despreocupados-
y también los cafés y los cabarets; La Coupole, Le Dôme o Le
boeuf sur le toit. Desfilan figuras con Man Ray y Modigliani, Ernst,
Aragon, Kisling…se hace un hueco entre el humo de sus cigarrillos, bebidas sin
fin, estupefacientes. Salta a Nueva York, Berlín y Saint Tropez. Canta y baila,
ama y se deja querer. Cuida a sus amantes y a su madre.
Mujer
de carne y hueso engullida por su deseo de ser famosa en una época que prometía
mucho. Un libro mosaico cuyas piezas nos deja un cuadro social y cultural que
configuró la historia de Europa. Kiki, protagonista de su vida y de otras
tantas.
El
libro vienen acompañado de muchas fotos y de dibujos realizados por la propia
autora.













