Palabradas blog
Página de la escritora Pilar Úcar
martes, 14 de abril de 2026
domingo, 12 de abril de 2026
Los poetas y abril
(M. Regalado)
Todo florece, todo se abre. Como escribe Antonio Machado: “Abril florecía frente a mi ventana…”. O como
lo hacía Juan Ramón Jiménez en ese su tono sereno: “¡Qué paz, abril!”.
Luz, calma, comienzo…
Pero no siempre es así. Hay también un abril incómodo,
incluso inquietante. Como lo siente T. S. Eliot:
“Abril es el mes
más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.…”.
Parece decirnos que renacer no siempre consuela, sino que a veces despierta lo que estaba dormido. Y entonces, Abril, no es solo belleza, también es memoria. Amarga. Memoria amarga.
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| Imagen: Jardín vertical - Parque Santander - Archivo personal |
Entre esos extremos se mueve el sentir de los poetas sobre
abril. Puede ser el aire tibio y vivo que describe Federico García Lorca:
“Salen los niños
alegres
de la escuela,
poniendo en el aire tibio
del abril canciones tiernas.”
o puede ser una
emoción difícil de nombrar. Quizá por eso abril vuelve una y otra vez a los poetas
y a sus poemas: porque este mes no se explica del todo, más bien se siente. Y una
sensación así siempre acaba buscando palabras.
jueves, 9 de abril de 2026
Houston, tenemos un “marrón”
“El inodoro del Artemis II tenía un problema”, informaba The New York Times en su edición digital.
Durante
varias décadas hemos estado perfeccionando motores capaces de desafiar a la
gravedad terrestre, algoritmos que calculan trayectorias interplanetarias, y
materiales que resisten al vacío, a la radiación y a temperaturas imposibles… pero
seguimos siendo vulnerables a una tubería caprichosa.
Y
es que sí, es verdad: aspiramos a colonizar otros mundos, pero no somos capaces
de superar lo más básico. La biología sigue teniendo la última palabra. El
cuerpo humano, con toda su fragilidad, nos recuerda que antes de ser
exploradores del cosmos somos organismos sujetos a... Los organismos, por muy heroicos que se
crean, están sujetos a cosas muy poco heroicas.
Da
igual si eres ingeniero aeroespacial con tres doctorados, mecánico de
mantenimiento o astronauta a punto de hacer historia.
Yo
encuentro en ello algo casi poético. Imagina la escena: un cohete de miles de
millones de dólares, ingenieros en salas de control con numerosas y enormes pantallas,
cálculos perfectos… y, en algún punto del sistema, un problema relacionado con
algo tan poco glamuroso como evacuar.
Puede
que nuestro verdadero límite en la exploración del espacio no sea la velocidad
de la luz, ni la distancia de las galaxias, sino la apabullante realidad de que
seguimos siendo criaturas con necesidades básicas. No importa cuántos
kilómetros recorramos hacia arriba: seguimos atados a lo que ocurre hacia
abajo.
Así
que la próxima vez que mires al cielo y pienses en la grandeza que supone la
exploración espacial, recuerda que: podemos rozar las estrellas, sí… pero
siempre habrá un momento en el que alguien tenga que preguntar, con toda
seriedad científica:
“¿Funciona
el baño?”
(M. Regalado)
martes, 7 de abril de 2026
Visita académica al ISIT: reflexión sobre el discurso político actual
Durante su estancia, impartió dos conferencias dirigidas a estudiantes de Relaciones Internacionales bajo el título “El discurso político y los oradores en la actualidad. Técnicas de expresión oral”.
En ellas, la Profesora Úcar trató aspectos
fundamentales de la comunicación política actual, tales como las tácticas que
los líderes políticos utilizan en sus discursos para atraer la atención y crear
audiencias cada vez más amplias y más diversas.
Las sesiones finalizaron con un fructífero debate que giró en
torno a la ética del discurso político y su poder de persuasión.
Esta visita no solo fortaleció los vínculos académicos entre instituciones (tal como apunta el Departamento de Comunicación de Comillas), sino que también ofreció a los estudiantes la oportunidad de profundizar en el análisis crítico de la comunicación política actual.
(En la imagen, la Profesora Úcar y la Responsable del área de Lenguas Modernas, Profesora María José Hernández.)
lunes, 6 de abril de 2026
Puentes, pantanos y mucho más
Ponga un ingeniero en su vida
Yo no aprecio la diferencia
entre una presa y un pantano, entre un pantano y un embalse y creo que en
alguna ocasión me la han llegado a explicar: mi mente para estos asuntos se
obstina y se muestra cerril y no tengo la capacidad abstracta ni memorística
para atisbar que son construcciones de ingenieros, pero con sus propias
características.
El “pántano” que más cerca me
pilló siempre era el de Yesa: sí, “pántano” como decía y dice mi madre en un
claro fenómeno de ultracorrección lingüística, y me lo explicaba convencida de
mi error al intentar enmendarle la plana: si yo me empeñaba en pronunciar
pájaro y ella siempre había dicho “pajaro” pues con pantano, al revés:
“pántano”.
En fin, que esa gran obra de
ingeniería se llevó por delante las huertas, los caminos, las fuentes y los
árboles de muchas familias navarras y aragonesas en beneficio de otras, claro.
Luego conocí el embalse de Contreras, otra gran obra de ingeniería, durante mis múltiples viajes a la
Comunidad Valenciana.
Y puentes: cuántos puentes en
Extremadura, por ejemplo; cruzarlos y disfrutar de ellos en Mérida. También
otra gran obra de ingeniería.
En las familias “bien” las
madres querían un yerno ingeniero -preferiblemente industrial, de los de toda
la vida-; era de buen tono y garantizaba a la joven maridada un pecunio sin
mengua y un resplandor social también.
Si hasta la Academia de la
Lengua lo aconseja, al definir esa ciencia como un conjunto de conocimientos
orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de
los recursos naturales o la actividad industrial.
Y ya se habla de “ingeniería genética”; conmigo sí que se emplearon a fondo: un poco de manipulación, algo
de técnica, calibrado de ciertas piezas, superada alguna que otra carencia y
salvando varios defectos…¡¡Ça y est!! Una auténtica obra de ingeniería.
Algo de eso nos hace falta hoy
en día: tender, crear, construir puentes y pantanos para que fluya la corriente
y el buen sentir. Para compartir y vivir en comunidad apostando por el bien
común, valga la redundancia. Convendría una proeza de ingeniería financiera
para tiempos presentes y venideros ahora que dedicamos tanto afán a la
ingeniería robótica y a la química.
Me malicio que es difícil
estudiar y practicar la ingeniería social: eso sí que supondría un auténtico
prodigio de urbanidad, de voluntad y altura de miras.
Desde las aulas de las
escuelas técnicas y superiores, desde los laboratorios de Metrología… Ojalá
volviera el NODO a nuestras pantallas y viéramos muchas inauguraciones de
puentes, pantalanes, naves, nuevas redes de transporte, espigones, muelles,
orillas unidas y extremos desvanecidos, innovadores proyectos y humanitarios
planes y sobre todo: pasarelas, muchas pasarelas. Transparentes para vernos
mejor y para comunicarnos más.
Lo dicho: un ingeniero en
nuestras vidas. Lo hizo hasta la Virgen María con san José, patrón de los ingenieros (industriales).
domingo, 29 de marzo de 2026
"La pedrada"
Mi primer contacto lector con la poesía, y también el origen
de este posterior gusto mío por leerla y escribirla, se remonta allá a mis siete, ocho años. Cuando íbamos a visitar a mi abuela, uno de los libros que
había en su casa en aquel pueblecito del campo charro salmantino, era el titulado “Poesías completas” de Gabriel y Galán (salmantino
también)
Yo lo leía y me atraía especialmente porque, más allá de
aquella entonación cantarina que mentalmente yo le daba a los versos, no la
percibía como poesía, sino como algo muy cercano al relato: eran pequeñas
historias, había personajes, acciones, situaciones que yo podía reconocer.
Podía seguir aquellos poemas casi como si estuviera leyendo un cuento. Terminé
recitando de memoria unos cuantos. Aún los recuerdo…
Es verdad que palabras tales como “sayón”, “precoz”, “sublimó”…
ni las conocía ni sabía aún deducirlas por su contexto, así que con ellas
acudía yo a mi abuela en busca de ayuda.
Porque es oportuna en estas fechas, dejo aquí este fragmento
de “La pedrada” que, junto con “Mi vaquerillo”, eran las que más impactaban mi
imaginación infantil.
miércoles, 25 de marzo de 2026
"El lugar de la herida" de Laura Baeza …
¡Qué pendejada!
Así con todas las letras y toda la vehemencia ante un libro que me ha provocado enfado.
Leo con interés la última novela de la escritora mexicana premiada con anterioridad y ya no me quedan ganas, ni pocas ni muchas, para indagar en sus anteriores títulos sean de extensión escueta o de gran longitud como las 225 páginas que ocupan el título publicado por Alfaguara en 2024.
Hasta la página 80 de El lugar de la herida bien, funciona con acierto; el resto, á la poubelle, sin paliativos. Las 145 páginas restantes se pueden sobrevolar, ni tan siquiera leyéndolas en diagonal se pierde ápice de un argumento archisabido sin trazas de mérito estilístico.
La autora ha puesto a centrifugar la lavadora y consigue marear al lector con tanta repetición descriptiva y más de un error narrativo en la secuenciación de las escenas.
El tema de la trata es sangrante, delictivo y denunciable, sin duda… ese es el único resquicio que puede salvar la justificación de esta novela, por otro lado, prescindible.
Personajes como Lucero o Dolores, a ratos mantienen cierto interés, pero Beto, Nancy, El Negro, Isra… desdibujados y átonos.
Y de postre, concesión a la galería, un final, infumable.
(Si hay algo que no soporto es perder tiempo o que me lo hagan perder)
sábado, 21 de marzo de 2026
Día mundial de la Poesía
-M. Regalado-
Como también es para celebrar -hoy y cualquiera de los días del año- que existan voces como las de Pilar Úcar que cree en ella como para escribirla así como lo hace.
Porque sus poemarios no son únicamente publicaciones: son etapas vitales, y son preguntas abiertas, y fragmentos de vida que el lector puede reconocer como propios.
Leer la poesía de Pilar es acompañarla, pero también es encontrarse uno mismo en ella.
Porque al final, todo es un poco Relaverso.
Quién me lo iba a decir que Éramos esto.
Inténtalo, Mira al suelo, que hoy están secas y...
Deja a la vida en paz.
jueves, 19 de marzo de 2026
Vuelvo a Copenhague con Hammershoi (1864-1916)
¿El ojo que escucha?
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| Rayos de sol o sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. |
domingo, 15 de marzo de 2026
Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa
miércoles, 11 de marzo de 2026
Ardiente secreto, de Stefan Zweig
Aunque es un libro que tiene ciertas fallas: redacción regulera por la repetición de términos, construcciones sintácticas forzadas, alguna errata y ciertos declives en la narrativa, sobre todo al final: se precipitan las páginas últimas como si quisiera terminar rápidamente la historia que le quema, el libro merece la pena por lo inquietante y realista de un argumento cierto y certero.
El autor atina con el protagonista, un niño de 12 años enrabietado por el abandono del que se supone un amigo suyo, una conquista personal en la figura de un donjuán que seduce a la madre del joven.
Más allá de la anécdota de infidelidad, lo interesante es la evolución de Edgar, ese hijo enfadado, que se enroca en diseñar una venganza contra los adultos. Y es que el deseo de pertenecer a ese mundo choca con su edad en la que descubre secretos, inexplicables para él, alimenta sueños, crea fantasías en un deseo compulsivo y lleno de obsesiones por participar de un tiempo que todavía no le corresponde a él, pero que no le es ajeno del todo.
Lectura intensa en su brevedad, relato conmovedor y apasionado, lleno de silencios y gritos ahogados, violencia verbal y física, matizadas.
Las descripciones del entorno que envuelve a los personajes, sublimes: pictóricas y animadas, valga la contradicción, todo un personaje que se suma al trío de protagonistas.
Creo que Edgar y Antoinette, de 14 años, hija de los Kampf en El baile de Irène Némirovsky, se habrían llevado muy bien.
sábado, 7 de marzo de 2026
De paseo por Suecia:
música y pintura en vísperas del 8 M.
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| Anders Zorn - Medianoche, 1891 © Zornmuseet, Mora |
Esta tarde sabatina, 7 de marzo, se celebra la Gran final del Melodifestivalen 2026, o sea, una especie de Benidorm Fest pero en el país que más sabe de triunfos eurovisivos.
Recorro algunas de las melodías que van a actuar en el Strawberry Arena de Estocolmo y los 12 finalistas entonan canciones clásicas al modo de ABBA, otras divertidas y asincopadas, algunas folclóricas: toda la sociedad de ese país tan septentrional aparece representada.
Y permítanme el salto cualitativo, pero se trata de algo parecido a lo que realizó Zorn en el siglo XIX y durante las dos primeras décadas de la siguiente centuria.
Se acaba de inaugurar una nueva exposición dedicada a este pintor sueco en la Fundación Mapfre de Madrid.
Digo nueva, porque hace 34 años, asistimos en el Museo Sorolla a un maravilloso diálogo entre Anders Zorn y su amigo el artista valenciano.
La recuerdo con asombro y placidez: comparar luces, motivos y figuras, temas marítimos, retratos. Ambos a su manera, con su pincel y su ojo terruñero, del norte de Europa al levante. Había un aire de cierta similitud, pero eran más las diferencias que les aproximaban. Hoy por las salas en las que luce, solo Zorn, atiborradas de visitantes, se oía: “es como Sorolla”.
No. No es como… ni como Velázquez o Rembrandt, ni como Degas.
Más allá de alguna leve concomitancia, el sueco pinta a su estilo. Con cierto resabio de niño rural y humilde, bien casado y capitalino después, premiado y cosmopolita con el tiempo. Viajero por Francia, España… su retina guarda atisbos de ciertos pintores decimonónicos, pero él es muy genuino y auténtico; dicen que olvidado y ahora rescatado. A mí me gusta su luz opaca, plana y blanca. Cuerpos blandos, paisajes intrincados, difuminados y mar abierto, infinito.
A Anders le falta la “traca” de Joaquín, el impulso valenciano y la vitalidad mediterránea.
Zorn, solo, sin el diálogo con Sorolla y el sonido del agua, parece adormecido…
Seguro que lo despiertan los cantantes que optan a representar a Suecia en Eurovisión 2026.










