sábado, 3 de octubre de 2026

De agitadores y polemistas en la literatura: siempre provocando

 

        (De mi libro "Cajondesastre")    

 



De azuzar el avispero sabe mucho la literatura. Ha habido polemistas de todo pelo y pelaje, razas y condición, sin temor ni rubor.

Y no se trata de los tiempos actuales solamente, ya existía el deseo congénito o adquirido, y no pocos escarceos que se pierden en la noche de los tiempos: la provocación está en la misma raíz humana. Hay quien la usa para manipular voluntades o quizá para enseñar buenas costumbres y hasta modales…

A mí don Juan Manuel, el autor de ese Conde Lucanor, siempre me pareció turbio, resabiado y malhumorado.

A buen recaudo, bajo el subterfugio de la didáctica y del adoctrinamiento, dejó una compilación de cuentos, que lejos de ser ejemplares, hoy hacen temblar los cimientos sociales e ideológicos de una sociedad que asiste espantada a sus consejos (o consejas en terminología de su época). Entre animales andaba el juego, padres mal avenidos con sus hijos, maridos que amenazan a sus esposas con molerlas a palos, muchedumbres iletradas… se pueden oír las risotadas que seguramente le provocaban los cuentos que escribía, a los que añadía la sabia moraleja, por si el lector del momento no se había enterado de la enjundia.

Un auténtico polemista. Habría que revisar la validez y la vigencia de su obra desde el punto de vista conceptual y estilístico y hoy desde luego, tal vez aparecieran en la pira de la plaza mayor ardiendo.

En tanto que de rosa y azucena, soneto archiconocido del ínclito renacentista Garcilaso de la Vega, un bigardo digno de admiración, que tanto guerreaba entre las sábanas cortesanas como en el campo de batalla, sin casco, nos pone frente a la delicadeza implícita, que tiene el poeta para escribirle una carta de amor, ¿solapado? a Isabel Freire, por la que bebía los vientos y cuyo romance era motivo de dimes y diretes. Agitada debía de andar la nobleza por su indiscreción, matrimoniado como él estaba.

Su muerte de una pedrada ante el asalto del castillo Le Muy, causaría a las implicadas conmoción y descanso, a partes iguales. Pero ya se sabe que por aquel entonces: carpe diem, que el tiempo vuela y a lo hecho, pecho.

Hablando de sacramentos, Fray Luis de León rindió un homenaje al del matrimonio: una alianza indisoluble, lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre (en genérico, claro) y con su manual de La Perfecta casada, asistimos de nuevo a los consejos sacerdotales y bíblicos del comportamiento recto esperable de la buena y perfecta esposa.

Resulta fácil imaginar las ronchas epidérmicas y mentales que levantó este catecismo dirigido al buen proceder de uno de los dos contrayentes; del otro, en la sombra, mejor no hablar; se trataba de que la mujer no se desmadrara, ni le diera por escribir, por ejemplo, ni tan siquiera por pensar, y mucho menos por expresar de forma solemne o comedida lo que le pasaba por el magín. Pero mandaba el andamiaje del Siglo de Oro, con poco dorado (ni tan siquiera el mítico allende los mares) y sí mucho oropel, la apariencia (vanitas vanitatis) se erigía en batuta de actitud y la mujer del césar no solo tenía que ser honrada sino también parecerlo.

Con su hábito de agustino, él si podía hablar, muy del gusto de entonces, de los astros, del sol y de la luna, de pájaros y flores y de mujeres, casadas católicamente. El espíritu de la Contrarreforma extendía sus alas.

Entre cuentos medievales, versos y doctrinas, se abre paso un jesuita - ¿la vestimenta clerical hace al monje?- Baltasar Gracián, con un libro de “autoayuda” que puso nervioso a más de uno, El criticón que no dejaba títere con cabeza envuelto en el subterfugio de una creación “ficcionada”, de una novela rara, de robinsones en una isla… Aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y a modo de repaso en busca de la felicidad terrenal atiza mandobles a diestro y siniestro a las cortes europeas hasta que llega a la suya, a la nuestra, a ese imperio donde no hay sol que se oponga, ni nadie que levante la voz a unos reyes sin átomo de autocrítica y a una patulea de aduladores que sueltan sirope por miedo a desmerecer prebendas. Hablar de mudez y ceguera en las páginas de ese prospecto literario y luego contemplarse en el espejo de la realidad, supuso a los prebostes del momento un pellizco en el estómago que obviaron, porque nada cambió, más allá de que alguien, el autor, resguardado por favores religiosos, pudiera polemizar sin que la sangre llegara al río.

El benedictino Benito Feijoo (sin tilde nos advierte la Academia) con su poligrafía ensayística, se encargó de poner pies y patas a una población -asilvestrada, ágrafa e inculta- que él despreciaba desde su altura afrancesada, y de ahí que provocara con sus discursos, al modo de las hojas parroquiales, o con su título más reconocible Teatro crítico universal discusiones y debates, que tanto se llevaban en los salones aristocráticos del neoclasicismo. Inquietaba conciencias y perturbaba el sueño de quienes vivían adormecidos, o sin más, dejaban a la vida pasar; ya sabemos que, en el siglo de las luces, la razón domina y los sentimientos se disimulan, mucho equilibrio y gran contención. Pero la polémica estaba servida: había que desterrar de un plumazo la gazmoñería mezclada con las supersticiones que invadía el panorama social y cultural de España. Solo se cree lo que ven nuestros propios ojos; verdades demostrables con rigor empírico y nada de improvisaciones ni imaginación. Consiguió éxito desigual, fama relativa y aplauso de algunos poderes fácticos, aunque hoy se discute su completo valor literario.

Y con él llegó el escándalo. No podía ser de otro modo. Muchos son quienes visitan el Museo del Romanticismo de Madrid para ver la pistola -algunos creen que fue un pistolón de gran “voltaje”- de bolsillo con la que Mariano José de Larra se suicidó.

Antes de este final, se quedó tranquilo sermoneando, enseñando, vituperando, atacando los vicios y defectos que él consideraba venían de serie en la propia esencia de los españoles: la pereza y la desidia, el analfabetismo, el desinterés, la molicie, la picaresca… afrancesado de manual, viajero por la Europa “civilizada” no duda en consignar por escrito sus vivencias, experimentadas en sus propias carnes, gracias a la perspectiva que le concede el género epistolar en sus Cartas marruecas, o en los artículos -hoy sería un tertuliano televisivo, duro y acerado, chulesco y presuntuoso- periodísticos por los que cobraba sus buenos reales.

Inefable aquel “Vuelva usted mañana” que dejaba boquiabiertos a propios y extraños con una sonrisa mal dibujada en la faz, viniendo de un español que se consideraba extranjero hasta su último hálito.

El desprecio de Dolores Armijo, amante del escritor, lo dejó exangüe. Y se acabó la provocación.




miércoles, 30 de septiembre de 2026

La intriga del funeral inconveniente, de Eduardo Mendoza

La intriga del funeral inconveniente


Nueva entrega del barcelonés. Veraniega y para leer también a la vuelta de vacaciones en el otoño incipiente que se avista inexorable. Se trata de una lectura que transiciona con buen humor hacia la vorágine del nuevo curso.

Mantiene el lenguaje viejuno, casi erudito, del traductor que fue. La trama muy casposa, con la cuadrilla protagonista de personajes arrabaleros… haría buen maridaje con Torrente en algunas escenas. Hay que descubrir quién es el muerto en un funeral fallido, casi, con algún que otro muerto en modo deus ex machina y al final, cables sueltos que cortocircuitan la redondez de sus mejores títulos. Trasiego en moto y a pie, en taxi y en coche oficial por barrios condales.

A mí me recuerda a los guiones de Rafael Azcona; casi como leer películas de cine de barrio. Y no es un demérito, es Mendoza en su salsa. Ameno e intrascendente, fugaz e instantáneo. Risas más o menos contenidas, sonrisas y amabilidad. Público lector contento, sin esfuerzo ni pérdida de tiempo, dos coordenadas valiosas hoy y siempre.

Barcelona el escenario, nostalgia de tiempos pretéritos, y sensación de que nada cambia. Un poco abuelo cebolleta como el excomisario Jarana, la baronesa Pía, la trans Filo y una comparsa de títeres a cual más folklóricos y terruñeros.

Bien.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Nublao

 

(M. Regalado)

Visto en un rótulo luminoso que publicita rótulos luminosos.

“A ver quién es el guapo que les encarga uno”, pensé.

Bueno, bueno, así acostumbramos a decirlo a menudo y nadie se rasga las vestiduras. Pero escrito, en un anuncio y en plena calle de una ciudad, se me antojó que aquello “clamaba al cielo” (al cielo nublao, claro).

Y no pude contenerme. Su teléfono de contacto me resultaba retador y  llamé a ese mismo número para advertirles de su lenguapata.

Se lo tomaron con bastante humor y me dieron repetidamente las gracias.

Deber lenguapatil cumplido.

O eso creía.

Porque casi un mes después, el rótulo sigue allí, tan luminoso como siempre y, por lo visto, tan poco afectado por mi intervención como si hubiera llamado para felicitarles las fiestas.

Toda una lenguapata pública y luminosa. 

¿O sería una treta del publicista precisamente para llamar la atención? ¡ay!



miércoles, 23 de septiembre de 2026

¿Qué son 200… artículos?

 Post 200


¿Qué son 200 … artículos?

La suma de uno y uno y otro y otro… así hasta dos centenares. ¿Muchos? ¿Pocos? ¿Suficientes? Como cantan Jarabe de palo: “Depende. ¿De qué depende? De según cómo se mire, todo depende".

Va a ser eso.

Leo sobre el número 200 y me sorprenden las interpretaciones que se dan a esta cifra desde la numerología, la espiritualidad y la biblia.

Afirman que 200 tiene el equilibrio del 2 y la rotundidad del 0, además duplicado. Que supone el éxito de una labor que ha alcanzado su propósito, la potencia y la energía, la intuición, un ritmo constante en progresión…

Too much.

Escribir artículos en Palabradas es vaciarse, contar, llorar, gritar, compartir, enfadarse y reír. Aprender y aceptar. Recibir críticas y reflexionar. Buscar y encontrar, pensar y desechar. Cerrar el ordenador y escuchar. Prestar atención y descansar. Disgustar y agradar. Divertirse y protestar. Sentir el cansancio y la pregunta acuciante de “¿Para qué?”

Acompañar y templar gaitas. Darle vueltas y dejarlo sin terminar. Mejor, mañana. 

Escribir, siempre: como impulso y necesidad. Para ser protagonista, para que nos lean, para estar y ser. Escribir artículos para ser lengua e idioma, lenguaje y capacidad comunicativa. Para activar las dendritas. Escribir artículos de todo tipo y calado, pelo y pelaje. Para recordarme, para que me recuerden. Egoísmo de la memoria, del existir.

Con este artículo, celebramos 200.

Y el calendario, cómplice, hoy se ha sumado a la celebración.


lunes, 21 de septiembre de 2026

"Resurrección" de Mahler, con Kent Nagano

Auditorio Nacional

 (Foto: Auditorio Nacional - Archivo personal)


El sábado 19 todo era nuevo en el Auditorio Nacional, bueno, casi todo.

Mikel Urquiza (compositor de edad desconocida) estrenó su obra Deseo tomó delicia. Solo diré: ¡¡qué educado el público que asistió!!

Nuevo el director, Kent Nagano va a dirigir a la OCNE esta temporada recién inaugurada, y sabiendo la que se le venía encima tras los 10 minutos de algo indescriptible, decidió, sin descanso ni posibilidad para abucheos, dar paso a un Mahler que nos puso a todos en pie al final de una Segunda inefable.

Siempre me pasa lo mismo: me invitan a Mahler, y acudo sin pensarlo, y en cuanto empiezan los primeros compases, ya me he arrepentido.

Me cuesta entrar, acomodarme a sus movimientos, a sus silencios y a su estruendo. Han de pasar minutos, y no pocos, hasta que mi cerebro se acostumbra a una solemnidad digna de un músico que me sigue inquietando.

Metida ya en sus pentagramas acabo sucumbiendo y afirmando que sí, que merece la pena el agotamiento con el que terminan mi cuerpo y mi mente.

Larga vida al compositor dirigido por una batuta de milimétrica técnica.


sábado, 19 de septiembre de 2026

"Cuatro secretos y una lata", de Karin Pinter y Pilar Úcar

 

Agradecemos a Mencía Peñalba su reseña a propósito de la publicación de "Cuatro secretos..."


(Reseña de Mencía Peñalba)


Algunas grandes historias no precisan partir de grandes acontecimientos, encuentran su nacimiento en aquello que acontece a diario: una conversación, una ausencia, un recuerdo, un deseo que no se dice... Así ocurre con Cuatro secretos y una lata, de Karin Pinter y Pilar Úcar: diez relatos que se adentran en vidas aparentemente corrientes para descubrir lo que queda oculto bajo esa normalidad.

El libro se apoya sobre una idea común: aquello que no se cuenta también forma parte de una vida. Los secretos, las pérdidas, los deseos, las decepciones, la soledad, las relaciones que se deterioran o la necesidad de volver a empezar aparecen en personajes que, de un modo u otro, se enfrentan a algo que habían mantenido escondido o que todavía no saben cómo afrontar.

No todos los secretos que descubrimos en los relatos de Pilar y Karin tienen la misma naturaleza ni producen las mismas consecuencias. Algunos pertenecen a la intimidad; otros nacen del miedo, de la culpa, del deseo o de la necesidad de protegerse. Las autoras los abordan desde registros diferentes, y esa diferencia entre sus voces es precisamente uno de los rasgos más interesantes del conjunto.

Karin Pinter hace avanzar sus historias a través de las emociones de sus personajes, de lo que les sucede y de las consecuencias que ello provoca en sus vidas. Pilar Úcar, por su parte, introduce una mirada observadora, gozosamente irónica a veces, con especial atención a las relaciones de poder, a los matices de las relaciones y las conductas y a las posibilidades expresivas del lenguaje. Son dos maneras de contar que no buscan confundirse y que, juntas, proporcionan variedad al libro.

Los relatos comparten, además, una mirada poco complaciente sobre las relaciones humanas. El amor no aparece siempre asociado a la felicidad; puede llevar consigo dependencia, silencios, manipulación, deseo o incertidumbre. Tampoco la soledad se presenta de una única manera: a veces se está solo incluso estando acompañado. Y, frente a esas situaciones, los personajes deben decidir qué hacer con aquello que han vivido.

Pienso que Cuatro secretos y una lata no pretende ofrecer una única mirada sobre la vida ni una respuesta para cada conflicto. Reúne historias distintas, con tonos y voces diferentes, pero conectadas por una misma curiosidad: averiguar qué ocurre cuando aquello que permanece escondido deja de estarlo.

Porque, al final, seguramente de eso hablan estos relatos: de lo que hacemos con lo que nos pasa cuando ya no podemos seguir guardándolo dentro.


miércoles, 16 de septiembre de 2026

La palabra... tan “japimente”

                                 ¡Cuánto adverbio en -mente!  

LENGUAPATA

lenguapata japimente

A poco que pongamos el oído en los medios, salta el -mente por doquier: a todas horas, sea o no reportero, presentador, experto, analista, opinólogo, tertuliano… quien dé la crónica o transmita un diagnóstico, comente tema de actualidad, juzgue chismes, vaticine futuros; todos ellos y también los ideólogos y docentes, personal de a pie y yutuber de pro. El -mente se nos ha colado en nuestra vida y nadie sabe cómo ha sido o sí, pero algo resulta cierto: no hay forma de deshacerse de él; que no digo yo que haya que clausurarlo y dejarlo en barbecho (aunque igual, sí), pero constato que el inconveniente de su uso, es el abuso, como todo, parece que en la medianía, o sea, no en la grisura, sino en el punto medio está la virtud, nos recuerdan los clásicos.

Aburre tanto -mente que poco aporta al discurso oral y a la escritura profesional, literaria, afectiva o mediática casi nada. Se ha convertido en una apoyatura, en un latiguillo con pretensiones de cultureta e intelectualoide: enhebrar unos cuantos, aturde y distorsiona el hilo de la conversación, por ejemplo.

Y yo me pregunto: ¿desde cuándo los españoles estamos “extremadamente enfermos”?

Mis estudiantes me contestan que están traduciendo extremely, del inglés, y yo me parto la caja (expresión trasnochada, lo sé). Como mucho, al ir a la consulta del médico, decimos: “estoy muy mal o súper mal” y punto; perdón, ahora ya no se lleva el punto, se dice y se escribe “fin” aunque sigamos hablando; paradojas lingüísticas a las que hay que sumarse rápidamente (o sea, con rapidez) si no queremos perder el carro de la comunicación rabiosamente (¿con rabia?) actual.

Ojalá a partir de esta reflexión, los adverbios en -mente no campen a sus anchas.

Lenguapata


sábado, 12 de septiembre de 2026

Recuerdos recobrados

                     Memorias de Kiki de Montparnasse

Reseña Recuerdos recobrados

Conocemos a Alice Prin desde el momento en que nace hasta su desintoxicación de la droga. La acompañamos en sus 52 años de vida gracias a los retales, convertidos en retazos anímicos que describe en un diario a vuela pluma. Escribe y anota sin mucho orden, con mucho impulso. Vida errabunda que la lleva de Châtillon-sur- Seine a París.

Me ha encantado cómo plasma sus recuerdos infantiles viviendo con su abuela hasta que se traslada junto a su madre a París donde empieza un trajín de miseria, de amante en amante, posando para artistas, algunos de medio pelo por unos céntimos que le permitían comer, según días y según generosidad.

Las calles son las protagonistas, los talleres de pintores de los felices años veinte -más bien tristes y miserables, ilusorios, instantáneos, despreocupados- y también los cafés y los cabarets; La Coupole, Le Dôme o Le boeuf sur le toit. Desfilan figuras con Man Ray y Modigliani, Ernst, Aragon, Kisling…se hace un hueco entre el humo de sus cigarrillos, bebidas sin fin, estupefacientes. Salta a Nueva York, Berlín y Saint Tropez. Canta y baila, ama y se deja querer. Cuida a sus amantes y a su madre.

Mujer de carne y hueso engullida por su deseo de ser famosa en una época que prometía mucho. Un libro mosaico cuyas piezas nos deja un cuadro social y cultural que configuró la historia de Europa. Kiki, protagonista de su vida y de otras tantas.

El libro vienen acompañado de muchas fotos y de dibujos realizados por la propia autora.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Cuatro secretos y una lata

 

Cuatro secretos y una lata
Desde hoy ya en librerías, nuevo libro: Cuatro secretos y una lata, del que soy coautora con Karin Pinter.


Tal como indica la editorial en su página:

Cuatro secretos y una lata

Pilar Úcar Ventura y Karin Pinter

Historias que parecen reales, aunque la imaginación se empeñe en llevarlas un poco más lejos.

Un libro de cuentos sobre la vida y las emociones

Cuatro secretos y una lata reúne una colección de cuentos y relatos breves nacidos de la mirada literaria de dos escritoras que convierten sus experiencias y su imaginación en materia narrativa.

Son historias que podrían ser reales, porque hablan de aquello que forma parte de nuestra vida: las parejas, las amistades, las relaciones familiares, las ensoñaciones, el amor, el miedo y el deseo de ser, de estar y de conocer.

Relatos diferentes entre sí, pero unidos por una misma voluntad: mirar la realidad desde otro lugar y descubrir en ella matices que a menudo pasan desapercibidos.

Historias para leer, imaginar y sentir

En Cuatro secretos y una lata, lo cotidiano puede transformarse en algo extraordinario.

Sus páginas invitan a acompañar a personajes auténticos, acercarse a sus emociones y contemplar el universo desde una perspectiva diferente. La imaginación se mezcla con experiencias reconocibles para construir relatos cercanos, humanos y llenos de posibilidades.

Una lectura pensada para evadirse, descansar y dejarse llevar por historias breves que hablan, en el fondo, de nosotros mismos.

Dos autoras, una mirada literaria

Pilar Úcar Ventura es doctora en Ciencias de la Educación y profesora en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Especialista en análisis del discurso, ha desarrollado una amplia trayectoria docente, investigadora y literaria. Es autora de numerosas publicaciones y de obras como Relaverso. Cartografía del ánimo, La trampa de Ariadna. De mitos y otros cuentos, Palabradas, Retorciendo palabras e Íncipit: de preámbulos y prólogos.

Karin Pinter es escritora, artista y creadora del personaje Niki Owl. Su trayectoria combina escritura, creatividad y distintas disciplinas relacionadas con el desarrollo personal. En Cuatro secretos y una lata participa como autora y aporta su particular universo creativo.

Datos del libro

Título: Cuatro secretos y una lata
Autoras: Pilar Úcar Ventura y Karin Pinter
ISBN: 979-13-88099-39-7
Editorial: Ediciones Algorfa
Colección: Narrativa
Idioma: Español
Formato: Tapa blanda con solapas
Páginas: 128
Dimensiones: 148 × 210 mm
Peso: 328 g
Primera edición: 6 de julio de 2026

viernes, 4 de septiembre de 2026

Hija de la venganza, de Michael McDowell

 

Hija de la venganza

Después del exitazo veraniego de hace dos años de la saga Blackwater, vuelve su autor con un folletín estival, en su línea: magia esotérica, crímenes salvajes, familias desvencijadas como las casas que las cobijan, amores y celos, viajes y encuentros, herencias y robos… lo que vendría siendo una novela bizantina del siglo áureo, pero sin gracia, ni estilo. Ni tan siquiera emula los seriales radiofónicos de la centuria anterior ni los dramones decimonónicos.

Casi 500 páginas, esta vez en un solo volumen. No hace falta ni sobrevolarlas. Detalles descriptivos, narración facilona, personajes extremos y final precipitado. Felicidad con perdices en la américa de los años 1863 hasta 1871, por ejemplo. 

Ganas de acabarlo para olvidarlo y a otra cosa, mariposa. 

Por un momento, me pareció volver a esos veranos del “boca oreja” como dicen mal los periodistas (todos sabemos que en español esa expresión gala corresponde al “boca a boca”) en que una amiga nos decía que estaba leyendo La casa de los espíritus y la había atrapado para seguir con los cuentos de Eva Luna y así todo el verano enganchada a Isabel Allende o los posteriores agostos con John Grisham: hábil y próspero autor con despacho y empleados capaces de enhebrar tramas judiciales que nos tenían a todos pendientes del desenlace.

No, con Michael McDowell, ni de lejos. Un rato de lectura, sin más. Aunque igual estoy pensando que de eso se trata.

lunes, 31 de agosto de 2026

"Madrid Colecciona" en CentroCentro

 

Madrid CentroCentro

Cincuenta colecciones de arte contemporáneo

Postrimerías del verano que pronto darán paso a las grandes exposiciones del otoño.

Mientras esperamos eventos culturales rutilantes, asisto a la exposición Madrid Colecciona en el palacio de Cibeles, el icónico edificio de Correos.

Cada vez que entro, aparecen como fogonazos imágenes del trasiego en aquel hall, hace décadas, llenas de trajín: carteros dejando sacas, rodillos metálicos que subían y bajaban paquetes, ventanillas de funcionarios, grises, muy grises y colas interminables para certificar, recoger, sellar…

Nada de eso queda hoy. Silencio y espacios dedicados a la cultura en sus distintas plantas, lugares destinados al coworking, bistrós y cafés, sofás de colores para descansar.

CentroCentro

¡Ah! Y alguna que otra exposición. 

A la que acudo este sábado 29 me decepciona. Se trata de colecciones privadas que han cedido particulares. Una amalgama heterogénea en la que caben Juan Uslé, Pérez Villalta, Eva Lootz, Lara Padilla… No despiertan en mí ningún interés, más allá de reconocer algunas obras ya vistas en otros momentos y otras salas con más sentido que el criterio elegido en esta ocasión. Difícil de adivinarlo, por cierto.

Somos cuatro gatos (literal y metafórico) los que deambulamos entre pinturas y esculturas.

Hemos bajado al centro de Madrid a un CentroCentro que ha vivido mejores momentos, no solo por la añoranza de Correos sino por el acierto de encuentros culturales más afortunados que el presente.

¡Que venga el otoño, ya!


jueves, 27 de agosto de 2026

La palabra y la cesta de la compra

 

La cesta de la compra
Cada vez se oye y se lee más la expresión “cesta de la compra” o “canasta básica”, según otros hablantes de nuestro idioma, en clara referencia al conjunto de productos y servicios considerados esenciales para la subsistencia y bienestar de los miembros de una familia. 

Si hacemos historia iconográfica, el cine guarda perlas de aquellas cestas inefables, las que usaban nuestros abuelos cuando venían a la ciudad o nuestras abuelas para llevar la ropa que lavaban en el río. No sé si guardan mucha relación en el imaginario colectivo aquellos mimbres trenzados de una o dos asas con lo que hoy economistas, más o menos agoreros, inundan las noticias de presagios funestos: la tan traída y llevada cesta de la compra. Lo digo porque en estos lares la hemos sustituido por bolsas reciclables, poco plástico y mucho papel. De aquellas viejas cestas solo quedan remedos en bicis alternativas y urbanitas que acogen algunos productos y poco más, pues su espacio no es elástico. 

  Vemos rodar carritos de la compra, sujetar bolsos de tela desplegables, símiles o émulos de la famosa cesta. Se trata de una expresión comodín, un cajón de sastre para evitar enumerar una ristra de productos, elementos de consumo diario con la intención comunicativa de acercarse al ama de casa, sí, sexista, pero así es. Difícil visualizar a varones con dicha cesta colgando de su brazo. 

Esta expresión tan reiterada en la actualidad se integra en la familia léxica de la economía doméstica al lado de aquella de hace décadas, siguiendo con el lenguaje financiero de “¿con tarjeta o con dinero?” (en cash los más avezados políglotos), ahora dinero plástico, las monedas pasaron a tarros de cristal cual recuerdo añejo igual, que la grafía del ticket, hoy preferible tique.