viernes, 6 de noviembre de 2026

Mujeres prerrafaelitas en la Fundación Mapfre


Prerrafaelitas

Desconocía la existencia de pintoras prerrafaelitas, es decir, sus identidades con nombre y apellido. Haberlas, las habría, claro, pero al ser féminas, lo mismo andaban agazapadas bajo la sombra tan alargada de sus colegas, la hermandad prerrafaelita de mediados de siglo S XIX. Ellos trascendieron la centuria decimonónica hasta las primeras décadas del pasado siglo, y … ¿ellas?

Pues andaban posando para los artistas, hombres, siendo subalternas de más de uno y de más de dos. Alguno tal vez pudo animarlas a que dibujaran…

En la Fundación Mapfre se han rescatados muchos de los cuadros de aquellas pintoras solapadas por varones empoderados. Observamos cuadros de escuela y estilo según cánones de época: retratos, paisajes, animales… detalles más o menos matizados, ojos cerrados y miradas soñadoras, estatismo y levísimo movimiento, arquitecturas religiosas, motivos bíblicos, caras de frente y perfiles delicadísimos. No sé si sería capaz de distinguir un cuadro de Rossetti, de uno de Siddal. Se superponen y hasta se podrían intercambiar.

Destacar en esos momentos, ante una jerarquía heteropatriarcal, obligaba a servidumbres y silencios, aunque el tiempo las ha rescatado del olvido y hoy se exhiben con total lucimiento y valía. Indiscutible.

Bien merecen una visita.

miércoles, 4 de noviembre de 2026

El bigote, de Emmanuel Carrère

 

El bigote,  de Emmanuel Carrère

(M. Regalado)

Leo El bigote, una novela de Emmanuel Carrère, Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2021.

A lo largo de unas  180 páginas, el autor  desarrolla esta original historia que permanece en el recuerdo ya desde su singular y, aparentemente, inofensivo comienzo: 

Para sorprender a su mujer, un hombre decide cortarse el gran bigote que viene luciendo desde hace años. Pero, al verlo, su mujer no parece encontrar en su cara cambio alguno. Es más, asegura no recordar que lo haya llevado nunca.

Y a partir de algo tan absurdo, tan en apariencia sin importancia como afeitarse un bigote, se desarrolla un relato un tanto surrealista, desconcertante y —en mi opinión— muy original, en el que poco a poco la mente del protagonista comienza a dudar de todo, incluso de su propia percepción de la realidad.

Y de esa incertidumbre se contagia el lector, pues llega un momento en el que dudas de lo que estás leyendo. Una sensación de no saber qué está ocurriendo realmente. Y, mientras lees, se te antoja estar experimentando el propio desconcierto del protagonista. Y, como él, comienzas a dudar de lo que parece evidente.

Me atrapó de principio a fin, si bien he de confesar que la historia parece estancarse un poco hacia su mitad aunque en breve retoma el interés. No obstante, es un libro que leí con fruición, con ganas y con afán de saber qué estaba ocurriendo.

Es extraña. Es original e inquietante. Consigue que una idea sencilla se quede en la cabeza.

Sí, es de los que recomendaría.


lunes, 2 de noviembre de 2026

Yerma, 92 años después en el Español… un 5

 


Representar a Lorca siempre es una tentación, un reto, un éxito, un golpe de suerte, un susto, un vértigo… algo de todo esto es lo que me produce acudir a su último estreno en el Teatro Español el primero de noviembre (antes ocupaba los escenarios en esta fecha, el impío y arrogante don Juan).

Tentación de ver el texto icónico -una vez más- y el riesgo del disgusto posterior al asistir a un espectáculo conocido en diferentes versiones. No estoy para perder el tiempo. Recuerdo a Silvia Marsó y a María Hervás ahogando a Juan en sus respectivas funciones de una Yerma que me aburrió en 2012 y en 2023, por su larga extensión, puesta en escena aburrida y errática en ambas ocasiones.

La de este año, solo dura 80 minutos: un acierto. Aunque he cabeceado algunos instantes, mi atención se ha mantenido sostenida.

El elenco, regulero: la protagonista, bien, pero mal dirigida; a ratos más acertada con la expresión de emociones y a ratos sobreactuada. El protagonista, Juan, un diletante de teatro de colegio y Víctor, el auténtico amor de la mujer marchita, tibio y melifluo.

Ambos actores con poca carne en el asador, con poca enjundia entre ellos y los diálogos -casi monólogos- que han mantenido con Yerma, sin conexión ni empatía entre ellos: cada uno se ha aprendido su papel y ya.

La escena de la vieja con Yerma, una de las mejores trabadas en esta tragedia, lamentable.

Y la sorpresa final de un tipo con una escopeta preparado para matar a la homicida, un dislate como el trajecito de comuniante que retira el mismo personaje al principio de la obra.

Lo dicho: Lorca no es uno, son muchos, tantos como directores que se atreven con su trilogía rural, de ahí que no veamos a Yerma sino a unas cuantas.

Hoy destacaría los coros: esenciales, melodías irregulares pero acompasadas y hasta comedidamente coreografiadas.

Y el montaje, bien. Sin alharacas, pero muy sugestivo y atinado.

Un aprobado. Recomendable.

sábado, 31 de octubre de 2026

Lenguaje no sexista, lenguaje inclusivo:

  ¿reparación visible? ¿”visibilización” reparable?


(De mi libro "Cajondesastre")

Lenguaje inclusivo

No pretendo con estas líneas agitar el avispero, ni resolver dudas o preguntas inquietantes y ácidas; tan solo y, no es menor el objetivo que ocupa el presente artículo, reflexionar “en voz escrita” y compartir con los lectores un runrún que me desasosiega hace tiempo.

Hoy por hoy, la polémica acerca de la inclusión lingüística persiste: a ratos con fuerza mayor o menor, según y cómo convenga, principalmente a los medios de comunicación, garantes de la información no sesgada, pertinente y correcta. En teoría.

Más allá del juego paronomástico que anticipa el título, la situación no deja de tener su enjundia:  cuando me preguntan si yo soy inclusiva en mi comunicación, en la interacción social con los otros (valga el énfasis) no puedo evitar el susto y la sorpresa.

Y acude, en ráfaga, una serie de fotogramas confusos al magín propio, que debo dar forma consistente, lo más rápido posible, porque si advierten duda, silencio o cierta pausa, en modo “me lo estoy pensando”, sospechan de mi solvencia profesional como especialista en Lengua, española, por supuesto.

Así que un argumento posible, que no a todos convence, es acudir a la RAE, y explicar que la normatividad, clásica, asegura que el género gramatical no marcado es el masculino.

Ahora no es tan efectiva ni tranquilizadora dicha respuesta, dado que existe una corriente muy activa que propone la modernización y coherencia con la realidad de una institución garante de limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma.

Hace unos años, y en nuestros días también, se puede optar por la @, signo sin materialidad fónica: a ver quién pronuncia “bienvenid@s” (curiosa grafía porque visualmente se atisba una -a) o bien por la x (de nuevo, invito a leer, por supuesto, en alta voz: “bienvenidxs”) y ya hay conferencistas, profesores y políticos, por ejemplo, que su alocución, oral, claro, la formulan con la desinencia -e: “todes les chiques”.

Soy consciente del esfuerzo estudiado y practicado que se realiza en esa circunstancia para no descabalgarse de tal “expresionario” y que no se cuele, como si fuera un gazapo, el binarismo gramatical. Me malicio, que de seguir una charla, un coloquio, debate, lección… con la terminación -e, el auditorio está más pendiente del error en que pueda incurrir quien así decide comunicarse, en la carcasa, que en el contenido, en la sustancia.

Y adivino sonrisa sardónica, ceja levantada hacia la persona y su personalidad que de tal modo se expresa.

La intención es legítima, la de plasmar la “visibilización” de todos, todas, tod@s, todxs, (prueben a escribir la @ y la x, y desaparece la naturalidad, cuesta, hay que pensar y el corrector nos lo marca con la culebrilla púrpura, disonancia gráfica, sin duda) o todes.

De acuerdo que el lenguaje refleja la realidad y la realidad ha de verse reflejada en su espejo; de acuerdo que significante y significado se refieren a la sociedad y a su avance, al progreso y a su evolución. La comunicación, por tanto, ha de acomodarse a los nuevos tiempos, pero ocurre que las velocidades son diferentes y para cuando el idioma manifiesta una novedad, justa, seguramente, un cambio y una modificación en su estructura superficial, esta queda obsoleta como si de una antigualla se tratara.

La fugacidad del tiempo, su instantaneidad nos obliga a estar en guardia, atentos y reaccionar con rapidez. Y no siempre atinamos.

No obstante, ya son muchos que ponen “pie en pared”, o dan “manotazo en la mesa”, desean revalidar la “transparencia”, la visibilidad que rescata de la sombra y del escondrijo para reparar situaciones asimétricas y desajustes históricos.

Mucho habría que hablar sobre la visibilidad de la terminología en las profesiones desempeñadas por féminas; y me gustaría formular estas preguntas: ¿las mujeres que manejan una aeronave se autodenominan “pilotas”? ¿Las mujeres que ejercen su trabajo en el ministerio fiscal, se llaman a sí mismas “fiscala”?

Es cuestión de economía, tal vez, el tiempo es oro y desglosar, desdoblar, dividir, englobar, incluir… es muy trabajoso y ya sabemos que el tempus fugit.

Queda mucho camino por recorrer en esta fugacidad vital, principalmente en lo que afecta a colectivos vulnerables, marginados e invisibles a lo largo del tiempo que hoy pugnan por emerger, por saludar su presencia.

Seguro que hace ya muchas líneas se han dado cuenta que la que suscribe este contenido ni ha desglosado, desdoblado, dividido, englobado o incluido a todo el universo genérico.

He iniciado el artículo “atizando un zasca” a mano abierta, a los medios de comunicación: juzgan, opinan y critican, pero ellos mismos y sus representantes se rasgan las vestiduras si han de utilizar cualquiera de los signos que venimos describiendo. Lo dicho, la economía y la rapidez, la urgencia y la inmediatez poco o nada favorecen el reposo de una información inclusiva que abarque a todos, todas, todes…

Tengo tan interiorizado el género no marcado gramaticalmente que su desinencia -o anula al resto.

Conste que la intención ha sido la que anuncié al principio: en ningún caso dar soluciones en tono admonitorio… siempre compartir para reflexionar.

miércoles, 28 de octubre de 2026

La lenguapata que vio el futuro

 


(M. Regalado)

Noticia
del diario ABC y de su revista Alfa y Omega, de fecha 17.7.2017.


Una pequeña lenguapata hace que Ciudadanos aparezca, no como el partido que presenta una proposición de ley, sino como un ser afrontando su propio "proceso  final".


¡Ay la sintaxis, que no entiende de intenciones políticas  y decidió por su cuenta!

No sé si la frase la escribió algún redactor con sentido del humor… porque no hacía falta reescribir la frase entera; un par de comas habrían sido suficientes para que Ciudadanos no terminara, lingüísticamente hablando, en cuidados paliativos.

No es un error linguístico grave el de esta lenguapata, se trata de error leve, pero con grandes aspiraciones por lo cómico de su resultado: convertir una proposición de ley de Ciudadanos ante  el proceso final de la vida, en una proposición "...ante el proceso final de la vida de Ciudadanos".


En fin, una lenguapata que vio el futuro porque hoy, ocho años después, Ciudadanos ha desaparecido de la escena política.

Moraleja lingüística: cuidado con las comas. Nunca se sabe qué futuro pueden anunciar. A veces no salvan una vida, pero pueden evitar que se dé por terminada.




lunes, 26 de octubre de 2026

El universo freudiano de Dalí en el Thyssen

 

El universo freudiano de Dalí

Acontecimiento otoñal en el Thyssen. 
Alrededores saturados de turistas, circulación viaria complicada, manifestación a favor de las pensiones, bocinas, gritos, caminar lento y pasos cortos. Gente, mucha gente.

El museo hasta arriba de visitantes para ver a Dalí. A mí me satura, puede más el personaje y su figura aparente y oculta que su obra. Exuberante, escultural, afrodisíaca, cansina por repetitiva, mitológica, somnífera… pura hartazón.

Recorro las salas tres veces de principio a fin y vuelta a empezar, viendo sus cuadros desde la distancia, sin acercarme porque me aburre. Contemplar los detalles se lo dejo a quien quiere observar el pincel y la línea, el rasgo mínimo y el color plano. El silencio y el ruido que provocan sus pinturas llenas de huecos y cavidades por donde se escapa la tramontana y soplan sus sueños.

Páramos surrealistas, cuerpos abiertos en canal, vísceras al aire y ojos que no ven o que solo intuyen. Acuden Freud, Stefan Zweig… y Lorca y Buñuel. Vaya contubernio en la residencia de Estudiantes; la “chupipandi” de amigos y de relaciones a dos y a tres bandas, a ratos y a golpe de ánimo personal.

Yo advierto multitud caótica en un cerebro límbico atormentado, enloquecido, errático.

El sofá-boca que se exhibe en una de las salas bien podría ser el diván donde psicoanalizarse el artista, provocador, inagotable y para mí… cansino.

Una de esas exposiciones inevitables, pero si no se visita, tampoco vamos a padecer FOMO.

domingo, 25 de octubre de 2026

El padre infiel, de Antonio Scurati

El padre infiel

Me regalan este título y me dicen: “estoy haciendo espacio en mi casa y si te digo la verdad, no sé de qué va el libro; esa es la huella que dejó en mí”.

Lo atrapo al vuelo y sus casi 240 páginas de letra menudísima y apretada, sin diálogos ni párrafos, prometen. O eso parece.

A partir de la página 160 me dedico a la inclinación y leo de soslayo con un ojo muy hábil lo que resta del contenido: plúmbeo, pétreo, marmóreo… le caben todos los adjetivos tediosos.

Y eso que al principio pensé que tenía algo de atractivo: ciertas frases, algunas imágenes, un aire filosófico… el protagonista, Glauco, milenial “cuarentero” casado con Giulia y padre de Anita una niña de tres años, describe su calentura mental.

Desde sus estudios universitarios hasta su decepción por no conseguir la estrella para el restaurante heredado de su padre en la ciudad de Milán durante la primera década de esta centuria.

No sé si echa de menos su juventud alocada, o el sexo que le niega su mujer después del parto o es un peterpán infiel que siente remordimientos solo ante su hija. Y no va de lealtades la trama sino de monotonía vital. De hastío conyugal.

¡Qué bien ha hecho mi amiga en desprenderse de él física y mentalmente!

Infumable. A mí me ha servido como ejercicio de concentración. Tengo el cerebro frito del esfuerzo, pero no he perdido el tiempo dedicado en las postrimerías estivales porque así he puesto en marcha las neuronas, algo relajadas en estas semanas de vacaciones.

jueves, 22 de octubre de 2026

La expresividad lingüística en el cine para adultos

(De mi libro "Cajondesastre")



Expresividad linguistica en el cine para adultos


 ¡Ay, Floralba! Soñé que te ... ¿Dirélo?

Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.

¿Y quién, sino un amante que soñaba,

juntara tanto infierno a tanto cielo?

(Quevedo)


Más allá de los dos rombos, las tres X y la letra C, no deja de resultar curiosa la expresión: “cine para adultos” -¿circunloquio real o eufemismo disfrazado?- y en ella parece adivinarse una actitud políticamente correcta, un deseo de no ofender, incluso de disimular toda la artillería que el imaginario popular descarga cuando se habla de pornografía y pornográfico a cuyos términos la RAE atribuye sinónimos como: obscenidad*, indecencia, deshonestidad, impudicia, inmoralidad, desvergüenza, procacidad y desfachatez.

No está en mi ánimo, ni lo pretendo con este artículo, analizar la industria -gigantesca y exitosa- del cine porno, tan solo me gustaría sobrevolar lingüísticamente la expresividad de su relato. Porque no cabe duda de que existe un guion, muy controlado, minutado y con una escaleta en la que poco o nada deja a la improvisación de los actores.

Lo único espontáneo, en apariencia, y ni tan siquiera eso, es el lenguaje, que funciona a modo de estribillo de una melodía: a fuerza de repetirlo, se fija en la mente.

Los guionistas conocen a su público, y, la trama de la narración exige un andamiaje con requisitos estudiados que luego se verán en el escenario -cinematográfico- como si de una obra de teatro se tratara.

Me gustaría recordar una anécdota personal: cuando estudiaba Filología, uno de mis profesores que adivinaba mi inclinación a la docencia, se sinceró conmigo: “mire, señorita Úcar, si usted se va a dedicar a dar clases de lengua, le recuerdo que el tabú no existe” (sic) y, profesora, de edad provecta, he comprobado cómo y cuánto me crispan los eufemismos; soy más dada a ir directa al grano sin torcedura ni quiebros en la comunicación. (Para qué hablar si con enseñar el saco basta, aseguraba Esparta a Atenas).

Pues bien, los artífices del cine para adultos siguen al pie de la letra esta consigna: todo muy explícito, sin florituras idiomáticas, al meollo y a la esencia del tema (¡que te quemas! dirán los cómicos en lenguaje coloquial).

Somos de la opinión que existe expresividad en el lenguaje empleado en las películas porno; dicho efecto lingüístico se consigue con un escueto elenco léxico, en el que dominan dos o tres vocablos referidos a la familia de la anatomía genital, con sinónimos más o menos chuscos y “vulgarotes”, proclives a los dobles sentidos y la paronomasia.

Sin escatimar escondrijo ni alusión, todo se muestra muy gráfico y lleno de plasticidad visual y rotunda sonoridad. La gramática no se complica con parataxis ni hipotaxis; los nexos brillan por su ausencia y no se aprecian conectores en todo el tracamundeo acrobático, ni en el trasiego coreográfico de ejercicios gimnásticos entre los protagonistas.

Si nos detenemos a escucharlos, sobre todo a ellas -la fémina adquiere un papel primordial en estas lides- detectamos algún que otro verbo en modo imperativo, que se repite machaconamente, salpicado de recursos fónicos como la aliteración, las onomatopeyas enfáticas, susurros, gemidos y jadeos. En todo ese contubernio escénico, se advierten exclamaciones hiperbólicas, casi ninguna descripción y muy sucintas comparaciones; el guion avanza de manera constante sin mucha más variedad: el lenguaje es la muletilla que acompaña acomodada a la imagen sin distracción posible; resulta difícil rescatar del contenido, la estructura profunda, ni adivinar la “intralectura” más allá de lo que vemos: todo está expuesto, es obvio, claro y cristalino, sin envoltorios, metáforas o simbolismos.

En medio del revoltijo -algo “caotizado”, en ocasiones- es fundamental la labor de un buen montaje para que domine el lenguaje no verbal en consonancia con el verbal como marcan los cánones del contexto.

Creemos que existe una historia, incipiente, sin duda, incluso llegamos a atisbar la intención de darle cordura y solvencia al hilo del relato con subterfugios propios de obras literarias: se puede dar inicio a la narración in media res o bien a través del narrador omnisciente, en la mayoría de los casos, narradora que coincide con su papel de protagonista: soñando, imaginando, recordando momentos pasados (flashback), recibiendo un mensaje, una foto en su móvil, (textos que aparecen en la pantalla a modo de bocadillos como en los cómic), abriendo la puerta al mensajero que trae un paquete, en su lugar de trabajo, charlando con su pareja… ese es el inicio de la narración y a partir de ahí los diálogos en vivo y en directo van a constituir la urdimbre de la estructura lineal que culminará con el éxtasis final.

Los guiones lingüísticos se enmarcan en distintos contextos como ya hemos mencionado y van desde el ámbito doméstico al profesional, al de ocio… todos ellos tienen en común que el lenguaje y su expresividad son iguales, es decir, no hay variación de registro idiomático, por ejemplo, ni mucha preocupación en cuanto a la coherencia semántica o la cohesión sintáctica. Se parte, por lo tanto, de premisas muy sencillas y comunes, que con el desarrollo de las sucesivas escenas se abandonan para ceder importancia a la imagen. Hay que atrapar al espectador (y espectadora, por supuesto) con recursos desplegados para la captatio benevolentiae, de forma que las palabras sean un sonsonete, el runrún de fondo que acompaña sin molestar. Redundancia y repetición son las claves de los diálogos, casi convertidos en monólogos de féminas que formulan una y otra vez monosílabos, adverbios modales de manera continua, imparable. Sin tiempo ni espacio para las descripciones: sobran. La línea in crescendo culmina con el silencio satisfactorio. Únicamente imagen. Pura visualización. No hay interacción dialógica entre los personajes, solo física. Objetivo conseguido. Si transcribiéramos la supuesta conversación, obtendríamos un soliloquio en verso.

Quevedo y Villon, auténticos maestros en el rimar.

Ya vendrá el día en que se encuentre seca,
mustia y ajada vuestra flor fragante.
Y aunque mi risa ahí parezca mueca,
mi risa en la vejez será triunfante.
Viejo seré, vos fea y con arrugas.
¡Bebed ahora que el arroyo es blando!
Ya se helará, y no pueden las verrugas
a un pobre socorrer que están matando.

(Villon)

 

*Nota: obscenidad veo yo en otras imágenes ante las que una gran parte del mundo queda impávido.

lunes, 19 de octubre de 2026

Los cines Callao reciben a la universidad de Comillas…

 

Cine Callao Madrid

El sábado 17 a partir de las 17.30 se abrieron las puertas de esta mítica sala madrileña, que celebra su centenario, en el corazón de la capital para acoger un evento muy especial; se celebraba el Global Alumni de 2026. Y ahí se citaron más de 700 personas de una gran familia, la “comillensi” antiguos alumnos. En esta ocasión dominaba un ambiente fílmico y sobre el escenario unos invitados estelares que nos hablaron de cine, películas, vidas, historias auténticos protagonistas profesionales y vitales.

Escenario a cuatro

Fui yo la encargada de moderar la mesa redonda: y ahí estaban Iván Palomares, compositor y director de orquesta, María Contreras, jefa de producción de guiones en Prime Amazon y Santiago Requejo, director y guionista de cine.

Pasamos un rato muy agradable hablando de trabajo en equipo, puesta en común de ideas, creatividad, genio y genialidades, realidad y vida.

Las respuestas de los invitados me inspiraban comentarios sobre Saint-Exupéry y Cortázar. Entre todos compartimos inquietudes de la IA, la ayuda de recursos tecnológicos, los deseos de plasmar emociones, las ganas de llegar a una sociedad en constante evolución, en definitiva, mostrarnos como somos, para lograr expresar nuestro yo, desde lados distintos del arte. 

Pilar Úcar


Una gran tarde que culminó en la azotea de los cines Callao oteando los tejados madrileños.

domingo, 18 de octubre de 2026

Asalto perpetuo

 


Cambia una sola letra en una palabra y habrás arruinado ¡o mejorado! todo un titular.


Con la lenguapata de hoy no pude por menos de levantar una ceja interrogante. Y volver a leer la noticia. Y  preguntarme... “¿cómo dice?”.

¿Un asalto a perpetuidad?



Tiene ya unos añitos: allí estaba, flamante, en el diario ABC de 17.8.2017 en su edición de Castilla-León.


asalto perpetuo


¡Un asalto eterno!

La lenguapata, siempre al acecho, decidió cambiar “r” por “u” y así convertir al delincuente en un especialista en asaltos sin final.

Me imagino la escena:

-         - ¿Cuánto duró el asalto?

-         - No se sabe. Es perpetuo.

Menos mal que siempre se le puede echar la culpa a Titivillus…