(M. Regalado)
Resuena en mi cerebelo cuando lo escucho en la calle, pero hacerlo en boca de un comunicador me asombra sobremanera.
No vamos a exigir a los medios una perfección imposible, pero sí recordarles que quienes hablan desde un micrófono no sólo informan, sino que terminan siendo una auténtica escuela de lengua y que esas expresiones incorrectas y frecuentes, en su boca, acaban por instalarse como si fueran perfectamente normales en la forma de hablar de quienes los escuchan.
Tampoco voy a decir que los errores nacen en los estudios de radio/televisión o en las redacciones de los periódicos. Probablemente es un recorrido circular: locutores, presentadores y reporteros están en la calle y hablan como habla la sociedad en la que se mueven. Pero hay una importante diferencia: a un periodista se le puede exigir un plus de corrección porque su trabajo consiste precisamente en comunicar mediante la palabra. Cierto, hay intervenciones en directo donde no hay tiempo para revisar cada frase. Lo que me extraña es que, en ellos, la frase correcta no acuda a su lenguaje de forma automática.
Pilar, tú eres nuestra filóloga favorita: ilústranos, enséñanos, ayúdanos a entender por qué “a contrarreloj” o “habían muchas personas” atentan contra la corrección del idioma.
Inaugura en tu blog una serie de artículos periódicos con ese título: “El español y los medios” o “El micrófono también enseña”, o "Las torturas del filólogo", ¡qué sé yo! algo así. Yo creo que tienes material abundante con incorrecciones y con expresiones que se ponen de moda pero que vienen a empobrecer el lenguaje, tales como:
. Poner en valor
. A nivel de…
. Lo que viene siendo…
. De alguna manera...








