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jueves, 9 de abril de 2026

Houston, tenemos un “marrón”

 

El próximo gran paso en la Luna

“El inodoro del Artemis II tenía un problema”, informaba The New York Times en su edición digital.

 

Hay algo muy revelador —y a mi parecer un poco humillante, la verdad— en el hecho de que una misión destinada a conquistar la Luna pueda tambalearse por culpa de un retrete.

Durante varias décadas hemos estado perfeccionando motores capaces de desafiar a la gravedad terrestre, algoritmos que calculan trayectorias interplanetarias, y materiales que resisten al vacío, a la radiación y a temperaturas imposibles… pero seguimos siendo vulnerables a una tubería caprichosa.

Y es que sí, es verdad: aspiramos a colonizar otros mundos, pero no somos capaces de superar lo más básico. La biología sigue teniendo la última palabra. El cuerpo humano, con toda su fragilidad, nos recuerda que antes de ser exploradores del cosmos somos organismos sujetos a...  Los organismos, por muy heroicos que se crean, están sujetos a cosas muy poco heroicas.

Da igual si eres ingeniero aeroespacial con tres doctorados, mecánico de mantenimiento o astronauta a punto de hacer historia.

Yo encuentro en ello algo casi poético. Imagina la escena: un cohete de miles de millones de dólares, ingenieros en salas de control con numerosas y enormes pantallas, cálculos perfectos… y, en algún punto del sistema, un problema relacionado con algo tan poco glamuroso como evacuar.

Puede que nuestro verdadero límite en la exploración del espacio no sea la velocidad de la luz, ni la distancia de las galaxias, sino la apabullante realidad de que seguimos siendo criaturas con necesidades básicas. No importa cuántos kilómetros recorramos hacia arriba: seguimos atados a lo que ocurre hacia abajo.

Así que la próxima vez que mires al cielo y pienses en la grandeza que supone la exploración espacial, recuerda que: podemos rozar las estrellas, sí… pero siempre habrá un momento en el que alguien tenga que preguntar, con toda seriedad científica:

“¿Funciona el baño?”

(M. Regalado)

martes, 7 de abril de 2026

Visita académica al ISIT

                 reflexión sobre el discurso político actual

Isit París
(M. Regalado)

Invitada por el Departamento de Lenguas Modernas, la profesora Pilar Úcar participó la semana pasada en una destacada actividad académica en ISIT París Panthéon-Assas.

Durante su estancia, impartió dos conferencias dirigidas a estudiantes de Relaciones Internacionales bajo el título “El discurso político y los oradores en la actualidad. Técnicas de expresión oral”.

En ellas, la Profesora Úcar trató aspectos fundamentales de la comunicación política actual, tales como las tácticas que los líderes políticos utilizan en sus discursos para atraer la atención y crear audiencias cada vez más amplias y más diversas.

Las sesiones finalizaron con un fructífero debate que giró en torno a la ética del discurso político y su poder de persuasión.

La Profesora Úcar y la Responsable deLenguas Modernas del Isit
También se analizaron los retos y peligros de que los discursos se estén convirtiendo en verdaderos espectáculos masivos en los que la forma y la emoción parecen tener más peso que el contenido.

Esta visita no solo fortaleció los vínculos académicos entre instituciones (tal como apunta el Departamento de Comunicación de Comillas), sino que también ofreció a los estudiantes la oportunidad de profundizar en el análisis crítico de la comunicación política actual.


(En la imagen, la Profesora Úcar y la Responsable del área de Lenguas Modernas, Profesora María José Hernández.)

lunes, 6 de abril de 2026

Puentes, pantanos y mucho más

     

Ingeniero

Ponga un ingeniero en su vida


Tópicas y típicas resultan las imágenes con las que esperábamos la película en aquellas salas de cine de antaño. En blanco y negro, minutos antes de la proyección por la que habíamos pagado, asistíamos a momentos de propaganda del régimen: su excelencia el generalísimo inaugura un pantano en…, una auténtica obra de ingeniería.

Yo no aprecio la diferencia entre una presa y un pantano, entre un pantano y un embalse y creo que en alguna ocasión me la han llegado a explicar: mi mente para estos asuntos se obstina y se muestra cerril y no tengo la capacidad abstracta ni memorística para atisbar que son construcciones de ingenieros, pero con sus propias características.

El “pántano” que más cerca me pilló siempre era el de Yesa: sí, “pántano” como decía y dice mi madre en un claro fenómeno de ultracorrección lingüística, y me lo explicaba convencida de mi error al intentar enmendarle la plana: si yo me empeñaba en pronunciar pájaro y ella siempre había dicho “pajaro” pues con pantano, al revés: “pántano”.

En fin, que esa gran obra de ingeniería se llevó por delante las huertas, los caminos, las fuentes y los árboles de muchas familias navarras y aragonesas en beneficio de otras, claro.

Luego conocí el embalse de Contreras, otra gran obra de ingeniería, durante mis múltiples viajes a la Comunidad Valenciana.

Y puentes: cuántos puentes en Extremadura, por ejemplo; cruzarlos y disfrutar de ellos en Mérida. También otra gran obra de ingeniería.

En las familias “bien” las madres querían un yerno ingeniero -preferiblemente industrial, de los de toda la vida-; era de buen tono y garantizaba a la joven maridada un pecunio sin mengua y un resplandor social también.

Si hasta la Academia de la Lengua lo aconseja, al definir esa ciencia como un conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o la actividad industrial.

Y ya se habla de “ingeniería genética”; conmigo sí que se emplearon a fondo: un poco de manipulación, algo de técnica, calibrado de ciertas piezas, superada alguna que otra carencia y salvando varios defectos…¡¡Ça y est!! Una auténtica obra de ingeniería.

Algo de eso nos hace falta hoy en día: tender, crear, construir puentes y pantanos para que fluya la corriente y el buen sentir. Para compartir y vivir en comunidad apostando por el bien común, valga la redundancia. Convendría una proeza de ingeniería financiera para tiempos presentes y venideros ahora que dedicamos tanto afán a la ingeniería robótica y a la química.

Me malicio que es difícil estudiar y practicar la ingeniería social: eso sí que supondría un auténtico prodigio de urbanidad, de voluntad y altura de miras.

Desde las aulas de las escuelas técnicas y superiores, desde los laboratorios de Metrología… Ojalá volviera el NODO a nuestras pantallas y viéramos muchas inauguraciones de puentes, pantalanes, naves, nuevas redes de transporte, espigones, muelles, orillas unidas y extremos desvanecidos, innovadores proyectos y humanitarios planes y sobre todo: pasarelas, muchas pasarelas. Transparentes para vernos mejor y para comunicarnos más.

Lo dicho: un ingeniero en nuestras vidas. Lo hizo hasta la Virgen María con san José, patrón de los ingenieros (industriales).

(Artículo que publiqué en 2021 en "El Obrero)

jueves, 19 de febrero de 2026

De velas, cirios y ¡apagón!

                                                                                           

El apagón y las velas
Foto de Ricardo IV Tamayo en Unsplash

En apenas dos meses hará  un año de aquel 28 de abril de 2025 que nos dejó sin luz, sin internet y, lo más desconcertante, sin saber qué hacer cuando el móvil ya no servía ni para mirar la hora, y me ha parecido buen momento para recuperar este artículo que publiqué en 2021 en El Obrero

Releerlo hoy produce una especie de sorpresa. Por eso lo republico, porque pareciera que cambia ¡y mucho! leído ahora, después de lo ocurrido. 

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Habrá que estar preparado: una nueva premonición ¿certera?, provocadora de susto y pasmo colectivo.

Ni “Filomena”, ni pandemia, ni volcanes; ahora llega The Blackout. Y no me refiero al cortometraje de mi amigo Mikel Navarro (habrá ocasión para dedicarle toda una columna). Se trata del apagón que se va a producir en Europa: eso sí, nos garantizan que no será mundial: las coordenadas se han fijado ya y presentan límites muy definidos.

Es buen momento para cambiar de paralelos y decidir mudarse a África, por ejemplo, o a Oceanía. América está muy visto y no nos inspira mucha confianza en este sentido.

Oigo las noticias de ese posible, perdón, real y casi inminente “cortocircuito”, que nos va a caer.

Y los chistes no dejan de aflorar, los planes ad futurum también, programas y titulares, noticias y comentarios: ¡¡a toda vela!! Eso… más velas por si las moscas.

No diré yo que sea una de esas fake news que tanto se llevan, o un pasatiempo de ociosos que quieren darle vidilla a la suya mofándose de las ajenas o un funesto augurio de agoreros de medio pelo, pero de hacer una encuesta de las famosas de campo, con alcachofa y cámara en ristre que tanto lucen los reporteros por la rúa, seguro que encontraríamos respuestas más que jugosas. Y las hay de todo tipo: desde la risa al espanto, desde la incredulidad contenida a la prevención prudente.

Seguro que muchos pensarían que se trata de una tregua orquestada por el “big eye” contra el recibo de la luz, y mira tú por dónde, unos días sin corriente eléctrica igual atemperaban el presupuesto doméstico.

Si me preguntan a mí, confesaré que he sucumbido a la trampa del “me he rayado” de tanta línea y marca que me he imaginado en mi mente o también “me he rallado” como el queso, del esfuerzo en desmenuzar el sentido de tal aviso; pero solo me duró la “ralladura” ácida como el limón, unos minutos. Y ya.

Rápidamente pensé en las posibles situaciones tan curiosas, inconvenientes, divertidas, tensas… en que nos puede sorprender el apagón y deseché imágenes de mi propia y personal colección.

Ya tengo bastante con mi individual e intransferible micro universo como para andar aparejando nuevas filomenas ahora “a fosques”. Sin luz. Pues habrá que pertrecharse de velas y cirios, de los que alumbraban iglesias pascueras en nuestros años infantiles, rebuscar en el desván o en el altillo viejos candelabros o candiles, y recargar mechas que nos den lumbre a puro golpe de chasquido digital (de apéndice manual quiero decir).

Y poco más, o nada, mejor.

Se trata de geoestrategia me responden los más avezados en este tipo de noticias: acuerdos, reuniones, convenios y pactos, muchas conversaciones, viajes, tratados… de nuestros políticos (del ramo sostenible y energético) a los países que poseen la llave para abrir y cerrar la grifería del preciado elemento, sustancia o producto… mientras engrasan el mecanismo y sonríen, tranquilos que no tranquilizados, en la pantalla, la población tiene que seguir viviendo con lo que llevamos encima o bien decidir en qué cueva y en qué barril cual Diógenes nos vamos a encerrar.

¡¡Vivir para ver!! Lo mismo ni vemos, con tal apagón.


miércoles, 21 de enero de 2026

El difícil silencio

 

la dificultad de mantenerse en silencio

A menudo el silencio

se torna en vendaval entre mis labios

y me obliga a romperlo.

 Y es un tsunami la palabra.

  

Es éste un lugar para las palabras y… se trata quizá de la más costosa disciplina: domeñar la palabra, que se vuelve insumisa a nuestros propósitos de silencio.

En su libro "Cuentos para que pien-zen", cuenta Norberto Tucci esta historia a propósito del silencio:

Cuatro monjes estaban reunidos para llevar a cabo un retiro en silencio de tres días de duración. Durante la primera noche, llegada la madrugada, la vela que los iluminaba empezó a fallar, hasta que se apagó. Entonces, uno de los monjes dijo:

"La vela se ha apagado"

Otro le respondió:

"Eso no importa, teníamos que mantener el silencio y tú lo has roto con tu comentario"

El tercero repuso:

"Los dos habéis roto el silencio"

Y el cuarto comentó:

"El único que no ha hablado he sido yo"


Más allá de la sonrisa que la inocente anécdota pueda provocar, de forma sencilla y humorística este cuento zen nos hace caer en la cuenta de que, a veces, no dudamos en corregir a los demás mientras nosotros mismos incurrimos en la propia falta que criticamos, pero... ¿cómo sustraerse a la tentación? 

- M. Regalado 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Un paréntesis y mucha resaca

Artículo que publiqué en 27 de diciembre de 2021 en El Obrero.  No caduca.  Hoy lo traigo a Palabradas-blog.

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Resaca tras la fiesta

Pasado el primer tramo festivo, con los estómagos llenos y la mente abotargada, iniciamos una nueva semana. La última de este mes de diciembre, la última de este año 2021.

Noticias, las justas, comentarios ajustados.

La pularda, el gorrín, algún marisco, dulces navideños, entrantes y postres, brindis, corchos por los aires, celebraciones, villancicos, regalos y detalles… tanto batiburrillo propio de las fechas nos tiene algo amordazados, comedidos, más o menos.

El discurso, la misa del gallo, felicitaciones, antígenos agotados, -test, quiero decir-, alka seltzer para las resacas, positivo en covid, día de la familia, colas en los hospitales, shows televisivos, reportajes, muchas selfis (por si las moscas)…para cuánto dan la noche del 24 y el 25 (sin rima, por favor).

Importante la precaución, claro que sí: no solo respecto de la orografía palmera sino de la salud personal y colectiva, también.

Convendría menos mensajes globales y abstractos, menos palabras grandilocuentes y una mayor concreción, más contenido y enjundia de compromiso. Implicación consciente: conceptos vagos y melifluos llenan el aire y se evaporan.

Advierto tono cansado, agotado, casi al borde de la extenuación; a pesar del “repetitio mater studiorum”, tengo la sensación de salmodia exhausta.

Parece que cuesta percibir la chicha de lo verdadero y de lo auténtico y no es que lo esencial se vea con los ojos del corazón, ocurre que ni atisbamos el meollo de lo que nos rodea.

Nos hemos calzado las gafas opacas y así resulta difícil avanzar; algunos hasta se han encajado atornilladas sus orejeras y ¡oye! “a lo mío, que ya tengo bastante!!

Desde las autoridades políticas hasta el último peón del tablero, todos debemos recuperarnos de esa resaca posfestiva y acentuar la intención (y la obra) de mirar y observar, atender y tender la mano. Crear una cadena día a día de solidaridad.

Minimizar daños colaterales, evitar riesgos innecesarios, enfatizar el sentido común…

Pocas declaraciones de líderes, reducidas intervenciones gubernamentales: estamos en un impasse de relativo descanso, en modo pausa por el momento; hay que retomar fuerzas y así emprender el siguiente tramo festivo y prepararnos para la próxima explosión y no me refiero a estridentes sonidos de matasuegras, campanadas más o menos discordantes ni atragantones de bayas.

Mientras tanto, casi asistimos a un clima adormecido, cruzamos los dedos (“virgencita, virgencita que me quede como estoy”) durante estos días –postreros- que nos conducen a ese ansiado 2022.

Por cierto, en un canal televisivo, de cuyo nombre no quiero acordarme, cierto tertuliano pontifica descalzo: sus zapatos reposan debajo de la mesa; igual se le han hinchado los pies…mucha resaca.

martes, 23 de diciembre de 2025

La sonrisa

sonreir es bueno para la salud
(Colaboración de M. Regalado)

Escucho en la radio un programa de divulgación. Están hablando de “la sonrisa”. De la necesidad  -incluso vital- de sonreír.

Parece que, allá en el siglo XIX, el médico francés Guillaume Duchenne se interesó por la sonrisa humana y su  relación con determinados procesos neurológicos. Sus estudios le permitieron llegar a la conclusión de que hay cierto tipo de sonrisa, la genuina y sincera, capaz de activar los procesos intelectuales que se producen en la zona del córtex, generar endorfinas y conducir al individuo a un estado de mayor felicidad.

Y escucho que un niño sonríe unas 90 veces al día, que un adolescente lo hace del orden de 20 veces diarias y un adulto ¡ay, un adulto!, no llega a esa cifra y, además, sus sonrisas no siempre están originadas por una emoción grata, por una sensación placentera y satisfactoria.

Y, aunque sabido, me sorprende como si acabara de descubrirlo: en los comienzos de su vida el bebé no puede ver y en cambio sonríe. ¡Sonríe! Y es que la sonrisa es generada por una emoción, viene de dentro, no precisa de estímulos externos. No es tal que la risa o la carcajada, que precisan de un detonante externo que las provoque.

La sonrisa abre, abre siempre, nunca cierra puertas. Una sonrisa es bien recibida siempre, en cualquier situación. Siempre, si es una sonrisa sincera.

Expresamos con una sonrisa emociones muy diversas: encontramos la sonrisa tímida, la irónica, la sonrisa abierta, la sonrisa forzada, la complacida, la sarcástica, la sonrisa social, la sonrisa ¡sí! la que muestra afecto, y emoción, y amor…
una sonrisa no cuesta nada, pero crea mucho

Rompe hielos, abre puertas, crea confianza, destruye barreras. Sin necesidad de siquiera  una palabra.

Recordé aquel poema que leía en mi adolescencia (¿de quién era?): “Una sonrisa no cuesta nada pero crea mucho, enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la da (...) si alguna vez encuentras en tu camino a alguien que no sabe sonreír, regálale la tuya. Porque nadie está tan necesitado de ellas como aquél que no sabe darlas”.

Pero además -escucho- la sonrisa pone en funcionamiento entre 12 y 17 músculos de la cara ¡todo un fitness facial! ¿Qué crea arrugas? Sí, claro, sí, sí. Pero... quizá en este caso sea verdad aquello de que “la arruga es bella”.

¡Sonríe ahora! ¡inicia hoy tu plan de fitness facial!

martes, 28 de octubre de 2025

Verdades a trozos

                    Kintsugi, Ortega y Corto Maltés

kintsugui
“Timeless Magic”, 2023. Artículos Raku negros de la era Taisho (1912-1926), laca urushi, oro de 24 quilates y resina. Foto de Naoko Fukumaru.


Con este texto podríamos reflexionar sobre cómo recomponemos nuestras verdades  rotas, al modo del kintsugi: reparando fisuras, aceptando cicatrices y dejando que el oro se introduzca en ellas. Podemos explorar nuestras propias piezas, nuestros fragmentos y el nuevo yo que emerge al unirlos.

Publicado originalmente por mi en otra plataforma, esta versión contiene un añadido personal, una mirada ampliada que la convierte en la definitiva. 

La técnica japonesa del Kintsugi se aproxima al deseo del gran historietista Hugo Pratt, creador del inefable Corto Maltés, por alinear sus orígenes y recomponerlos a través de todas las piezas vitales por las que pasó durante sus 68 años. Esa técnica centenaria de carpintería dorada, repara las piezas de cerámica rotas, sin disimulos entre las junturas, con el uso nada discreto de un esmalte impregnado de oro, plata y platino. De esta manera, resulta difícil que pase desapercibida. Va a brillar siempre con una imagen única y diferente a la primigenia. 

El Kintsukuroi, por lo tanto, me sugiere el dicho: “de la necesidad, virtud”. En resumidas cuentas se trata de reparar un error, un defecto haciéndolo agradable a la vista. Por otro lado, si lo expresamos en román paladino, es casi (la importancia siempre del casi) igual que el famoso plato roto: a pesar de pegarlo, siempre estará roto. Tenemos, al menos, dos posturas ante una misma realidad. Dos actitudes cuando uno observa la botella. Y de ahí a toda una panoplia llena de filosofías.

Ortega y Gasset nos lo advirtió: la importancia de las circunstancias de uno mismo. Y yo añadiría: las verdades de uno mismo. “Yo soy yo y mis circunstancias”. Yo soy yo y mis verdades. Por eso, porque son mías.

Verdades que las consideramos absolutas, con pocas dudas y muchas certezas: “Te lo aseguro”, “me consta”, “lo sé de buena tinta”…; nuestro lenguaje está plagado de expresiones rotundas y tajantes, sin fisuras: “porque yo lo digo, y punto”; lo llevamos marcado en nuestro adn sureño y enfático. Nos gusta la hipérbole: “me muero de miedo”, “me parto de la risa” y así…exponencial.

Al modo de Corto Maltés que se grabó la línea de la fortuna con una navaja y la escondía por el mal trazado que dejó en la palma de su mano, hacemos gala de nuestras verdades a grito herido y luego las escondemos, por si las moscas. Todo un universo muy personal, muy relativo con pretensiones de convencer al prójimo, de traerlo a nuestro terreno. Los debates políticos, las tertulias televisivas, los coloquios intelectualoides constituyen claros ejemplos de imposición de verdades taxativas que pretenden soslayar una fanfarronería e inmadurez solemnes de sus protagonistas. Abogo por la tolerancia y la pluralidad frente a la uniformidad; por el buen talante, ahora y siempre.

La heterogeneidad de las minúsculas piezas quebradas de una terracota, el diverso origen de nuestros antepasados, la pluralidad de pareceres y opiniones configuran una forma de ser abierta, con amplitud de miras sin estrecheces ni apreturas sino esperanzada hacia nuevos horizontes. Despejemos la maraña mental que nos aturde, salgamos a “reunirnos” solidariamente con un pegamento flexible y dúctil. Compartir, sumar, acercar, comprender…vivir con (o ¿convivir?). Debemos creernos con las tripas la cantinela de aceptar sin arrogancia lo diferente, saludar y acoger al lejano, esperar y dar…pensar y hablar bien, respetar. Escuchar y sonreír, construir. Pero con verdades, no medias verdades.

Como el kintsugi o como el marinero

Como el kintsugi o como el marinero, el ser humano es capaz de recomponer algo nuevo con sus circunstancias personales para armar una colectividad saludable, veraz, revitalizada, llena de verdades, insisto. Vivimos inmersos en los –ismos: escepticismo, pesimismo, relativismo, victimismo, edadismo…poco artísticos y nada vanguardistas de antaño. Quizá una buena receta para elaborar un menú digerible consistiría en calmar al quejoso, acallar esas alarmas disonantes que nos llegan desde posturas ideológicas extremas, aguijonear al indolente que se deja arrastrar por la masa amorfa, despreciar al maldiciente, nada conciliador y detractor del bien social, y de postre, ironía y sarcasmo al prepotente. Bajarlo de la nube a la realidad, a la verdad. Igual tenemos que emprender los viajes que realizó Corto Maltés para aprender a pegar los platos rotos, para contar nuestra verdad y esmaltarla con las otras verdades ajenas. Verdades completas y no medias verdades.

Inquiero: ¿han leído nuestras autoridades a Ortega y Gasset? ¿Saben recomponer las piezas desencajadas? Querer es poder…”Me parto de la risa” (sin paliativos hiperbólicos).

(Publicado en El Obrero)

Armamos nuestras verdades a trozos y descubrimos que la reparación no borra las grietas, solo las celebra. - Pilar Úcar.

lunes, 20 de octubre de 2025

Piropos que esconden acoso

                                                Lo que muchas mujeres no quieren escuchar

Piropos o acoso

Si bien este artículo ya fue publicado por mi en "The Conversation", hoy lo traigo aquí para los lectores del blog, considerando que se trata de temas que deben ser de interés general
 
“¿Has visto? ¡Qué mal se conserva esa tía para su edad!”

 En no pocas ocasiones hemos escuchado proferir expresiones denigrantes y vejatorias dirigidas a las mujeres: “Estará con la regla”, “anda con la menopausia”, “mira qué buena está”, “¿dónde se cree que va vestida así?”

El lenguaje se convierte en un arma de acoso sexual. Y no solo se trata de hostigamiento marcado por la jerarquía del “acosador” hacia la víctima, sino que se da este tipo de situaciones entre iguales, sin distinción de rango, en una situación simétrica profesionalmente pero asincrónica en cuanto al trato y tratamiento en ámbitos públicos y privados.

Todo ello supone una regresión y una vuelta al primitivo, al modo carpetovetónico de tantos referentes que conocemos. Quienes ejercen el acoso verbal.

El lenguaje identifica a cada uno y habla de su propia personalidad, de su comportamiento individual. Estos acosadores actúan así porque lo han hecho de niñoslo han visto en el núcleo familiar y en su ambiente más próximo.

Está relacionado con galanteo de otras épocas, el protocolo para cortejar a la fémina con el poder de la palabra, revestido de un donjuanismo atávico y en no pocas situaciones con la intención de molestar e intimidar (“¡Pero, mujer, si solo es un piropo!”).

Posición de poder y autoridad

La persona que piropea siempre está en una posición de poder y autoridad. En este tipo de acoso, el acosador se siente con el derecho de interpelar a las víctimas en la calle, en el trabajo, sin haber recibido previamente su consentimiento y entendiendo que sus comentarios hacia las víctimas están justificados, son halagos o son socialmente aceptados. La palabra lanzada supone que la persona que recibe esa “lanza” nos pertenece, la hacemos nuestra sin pedir permiso, así, porque sí.

De momento, hay muchos países que tienen una legislación en contra del acoso callejero como Portugal, Bélgica y Holanda en Europa, y Perú (pionero en Latinoamérica), Chile o Costa Rica.

En España no hay aún legislación específica, aunque desde el Ministerio de Igualdad se está depurando el borrador de La ley de libertad sexual que incluirá en el Código Penal el delito de “acoso ocasional” el conocido como “acoso callejero”, es decir, aquellas “expresiones, comportamientos o proposiciones sexuales o sexistas” que pongan a la víctima en una situación “objetivamente humillante, hostil o intimidatoria”.

Se trata de proteger de forma integral el derecho a la libertad sexual mediante la prevención y la erradicación de todas las violencias sexuales, que afectan a las mujeres de manera desproporcionada, como manifestación de la discriminación, situaciones de desigualdad y las relaciones de poder de género.

Hasta ahora solo estaban penadas estas situaciones en el ámbito de la violencia doméstica, esto es, entre familiares, pareja o expareja. En este tipo de circunstancias, la palabra clave es “consentimiento”: si la víctima que recibe la expresión ofensiva no la ha deseado, se considerará delito.

Ante la falta de denuncia hay que atender este problema con actos preventivos más que reactivos, tales como campañas de concienciación sobre qué es el acoso y cómo se puede determinar, y destinar recursos para facilitar y favorecer una educación igualitaria. Toca volver a aprender: desaprender y reeducar atendiendo siempre a los derechos individuales; recuperar el valor de la palabra conciliadora para evitar comportamientos abusivos.

Lance sexual indeseado

El acoso verbal consiste en un lance sexual indeseado, una intrusión no solicitada de los acosadores en los sentimientos, pensamientos, actitudes, espacio, tiempo, energías y cuerpos de las víctimas; muchos de ellos tienen su origen en el desdén y provocan “la descalificación y la anulación”. Suponen una bofetada, un ninguneo, incluso todo un chantaje.

Algunos estudios realizados sobre el acoso verbal a una amplia muestra de mujeres demuestran que el 72 % no consideraba apropiado silbar a una mujer por la calle, mientras que el 20 % afirmaba que es aceptable en ocasiones; el 55 % calificó esta práctica de “acoso” y solo el 20 % afirmaba que era “cortés”.

En las últimas décadas han surgido grupos como Stop Street Harassment o Hollaback, la campaña Stop Telling Women to Smile_ (“Dejad de Decir a las Mujeres que Sonrían”) e iniciativas muy secundadas como Cards Against Harassment (“Cartas Contra el Acoso”), todas ellas con la pretensión de visibilizar y denunciar situaciones de acoso verbal.

Recuperemos el halago familiar cálido y afectuoso, un reconocimiento y premio que nos llega de la voz del otro como una mano tendida al corazón; una palabra amable sin intención perversa, sin jerarquía ni preminencia hacia el próximo, sin deseo de someter y subyugar.

Nuestras palabras hablan de nosotros. La palabra es producto de nuestros pensamientos, que pasan a ser emociones y estas se verbalizan y se muestran en actos concretos.

Nuestro objetivo será desterrar palabras agresivas, insolentes, procaces y subversivas, desconsideradas, faltas de urbanidad y respeto que se cuelan de malos modos en las relaciones humanas, sociales y profesionales contraviniendo las reglas del juego y del trato.

- Pilar Úcar

(Publicado por mí en The Conversation en mayo 2021)

sábado, 18 de octubre de 2025

Cien pactos

 

Escribir evita la desaparición por borrado

Alguien dijo: “he aprendido que escribir es firmar un pacto con la desaparición”.

Esta publicación es la número 100. Hasta hoy, este blog habría firmado cien veces cien pactos con la desaparición.

Yo pienso más bien que escribir es un acto de fe en que, aliados el lenguaje y el tiempo, alguien alguna vez, en algún momento, detendrá en lo escrito su mirada interesada.

Brindaremos por los próximos cien pactos.

domingo, 12 de octubre de 2025

Feliz día, Pilar

Feliz día
 (Por M. Regalado)

Doce de octubre. Connotaciones religiosas y oficiales pero no sólo (permanece mi afición a esta tilde, aunque hoy una Pilar me lo reproche), hoy es también el día en que, entre "Pilar" y "María Pilar", casi 380.000 mujeres en España (eso dice el INE) están celebrando el día de su santo.

Feliz día a todas.

Y, claro está, a la propietaria de este sitio, a Pilar Úcar: ¡Feliz día, amiga!

Ella mantiene esta página con esa sabia mixtura de rigor y humor que hace que, al leerla, puedas imaginarla con una ceja levantada y a la vez con una sonrisa. Y en ocasiones con algún gesto pelin irritado, síntoma de estar concibiendo alguna de sus famosas “impopularidades”.

Y aunque corregir exámenes debería dar derecho a canonización, el amor por lo que hace la mantiene ahí, haciendo de cada clase un pequeño viaje por la belleza del lenguaje y sin perder la fe ante una generación que piensa que los acentos son opcionales.

Felicidades, PilarElla sabe que una buena palabra puede cambiarlo todo. Y es capaz de combinar la firmeza de una regla ortográfica con la delicadeza de un buen poema.

Felicidades de nuevo, Pilar. Permítete hoy dar festivo a tu mente siempre bullente y, aunque sea por un día, disfrutar de un merecido punto y aparte.

miércoles, 9 de julio de 2025

El lenguaje de la enfermedad


Leo en El País: El actor australiano JulianMcMahon  falleció el miércoles 2 de julio a causa del cáncer, según ha revelado este viernes su esposa: “Con el corazón abierto, deseo compartir con el mundo que mi amado esposo murió pacíficamente esta semana después de un valiente esfuerzo para superar el cáncer”.

Solo voy a reproducir este párrafo, porque me conmueve los cimientos más profundos de mis entretelas, o sea, que me produce un cabreo colosal, un disgusto morrocotudo; y no es por la muerte del actor, lamentable, cierto, sino por una parte del comunicado que ha redactado la viuda, en concreto, la frase que destaca “murió pacíficamente…después de un valiente esfuerzo para superar el cáncer”.

No me cansaré de abanderar, difundir, promover la idea de que no se trata de una lucha contra el cáncer, ni contra la Ela, ni contra la malaria…añadan la enfermedad que deseen, la que más pavor les provoque, la que mejor conozcan.

Es cierto que al hablar del cáncer siempre se hace en términos beligerantes: el enfermo lucha denodadamente contra un gigante. Porque esa es la imagen que mantiene de manera insistente el discurso social.

He impartido conferencias, participado en foros, asistido a medios, escrito artículos al respecto y lo hago desde la más sentida, sincera y doliente experiencia.

Como paciente de cáncer, nunca, nunca sentí que tuviera que blandir una espada y clavársela a ese monstruo que me tenía postrada en la cama, aislada en la habitación del hospital, con fiebre altísima, aplásica, dolorida y semiinconsciente, inerme y sin hálito para contestar a mis hematólogos.

Nunca me exigieron una sonrisa, ni una actitud combativa, y me consta que existen facultativos que lideran ideológicamente la lucha perpetua contra la enfermedad: expresiones del tipo: “¡venga!, un poco más, sigue, no te rindas, campeona, tú puedes…”

Verán: ni somos campeones, ni nos da la fuerza ni el ánimo para pelear y mucho menos para batallar y rendirnos. Ya tenemos bastante con el tratamiento, las pruebas médicas, las medicinas e intentar conciliar unas horas el sueño.

No estamos en una justa medieval ni tenemos que demostrar a nadie esfuerzo, valentía… Aquí lo dejo, porque mis hijos me acaban de recordar: “mamá, tu cáncer es tuyo, y el de los demás, el suyo”. Parece que ese sentido de pertenencia personal e intransferible permite que cada enfermo de leucemia, migrañas, fibromialgia… adopte su propia actitud.

Habría mucho que hablar sobre el valor, la fuerza y el daño de las palabras (queda pendiente)


viernes, 4 de abril de 2025

El río Arga a su paso por Burlada


Río Arga

Me gusta siempre que vuelvo a esa localidad navarra, cerca de Pamplona, asomarme y ver la porción de corriente que enmarca la ventana de mi cuarto. Únicamente un trozo de la fluida longitud del Arga hasta llegar a su desembocadura…en el Ebro.

El Arga, cada vez más ancho y plano, limpio ahora, turbio en otras ocasiones. Calmo y plácido, discurre por sus márgenes sin sobresalir de los límites, evitando sobresaltos.

Cuando se desboca, suena a estruendo, llega hasta las casas próximas, anega huertas y chabisques, y ese ruido en la noche silenciosa que despierta a los vecinos, y a los animales domésticos…. Ese ruido atemoriza. Es un rugido que traga y envuelve todo lo que encuentra a su paso. A mí nunca me ha pillado en una de esas.

El río atraviesa diferentes poblaciones forales y cambia de aspecto estacional y fluvial.

Para todos los gustos. Aficionados a la pesca, palistas en piraguas, bañistas estivales…A sus orillas descubro la nogalera o la chopera, para mí siempre será la arboleda, un término más genérico sin distingos arbóreos, y sobre todo, muy familiar.

A la sombra, bancos y senderos, paseos de caminantes dominicales: chubasquero, bolso cruzado, algún bastón y…¡¡hala!! a echar alguna hora matutina.

Calderetada en honor a la Virgen de la Asunción en un agosto solanero, fiestas y jolgorio de jóvenes y abuelos, reposo y bailes, comida y chistes. El Arga lo contempla y sigue su curso…

El verde primaveral y el marronoso del otoño, el desolado invierno y el florido verano: suma y sigue; la vida se abre paso más allá del tiempo en una población marcada por un río que a veces la inunda, la sorprende: agua de susto, catástrofe urbana y vuelta a empezar.

Ese río recorre el depósito del agua, lo deja de lado, allá arriba en una colina de cúspide curva, redonda, nada escarpada, fácil de acceder.

El Arga se tapa los oídos durante las noches de fuegos artificiales. Siempre desde mi ventana. La carretera acerca coches que visitan Burlada, centro cultural de jóvenes y maduros; sociedades gastronómicas, txokos y escuelas. Nuevas plazas, nuevos nombres y habitantes que llegan de otras latitudes nacionales y extranjeras. Parques, tiendas que cambian de nombre y de dueños; colegios y escolares, bilingüismo. Pintadas de otros tiempos y grafiti actuales.

Se oyen las campanas de la iglesia más próxima; cielo nublado que amenaza lluvia: ¡¡ay, los tejados!! Cuidado con el río que amenaza con escaparse del redil…Vuelve la tranquilidad desde mi ventana.

El puente viejo, muy cerca, permite que transcurra bajo sus ojos poco apuntados y rodeado de una vegetación matizada; se mezcla tierra fértil con las ramas que flotan, arrastradas por la corriente. En momentos de sequía cuesta atisbarlo, casi no se aprecia su caudal y parece que lo ha engullido la tierra, que se ha evaporado, pero ahí sigue, perenne su cauce, más allá del tiempo.

Me reconcilia su visión, esa imagen que desde la capital se convierte en idilio y que en su presencia, al abrir el cristal, me devuelve memorias pretéritas y recuerdos muy de ahora.

Yo he vivido en Burlada, de cara al Arga al que es difícil darle la espalda…visita obligada y deseada.

(Publicado en marzo de 2022 en El Obrero)

viernes, 21 de marzo de 2025

Nunca borrar

 UNA TÉCNICA DE ESCRITURA PARA EVITAR EL OLVIDO

Una técnica de escritura: Escribir, escribir siempre y nunca borrar


Cuántas veces preguntan a los escritores más o menos exitosos cómo escriben, es decir, dónde han aprendido a escribir, la técnica que utilizan, cómo organizan los personajes, o seleccionan los contenidos, en qué se basan, cuáles son sus fuentes de inspiración.

¡¡Y cuántas sorpresas de muchos colores nos deparan sus respuestas!!

Un buen puñado de firmas famosas suelen contestar que a escribir se aprende escribiendo y que ellos lo han hecho desde muy temprana edad, y por supuesto, leyendo. Y escuchando historias a los abuelos, a algún tío que volvía de ultramar y contaba sus viajes de intrépido marino.

Yo creo que para escribir hay que fijarse mucho, y mirar mucho también: con los ojos de la cara y de la inteligencia, y observar. Ojos de búho atento. Siempre con la antena conectada.

Mirar y no dejar de mirar. De la mirada a la imaginación y a la fantasía. Inventar vidas, conversaciones, crearlas y recrearlas a nuestro gusto y manera. En la marquesina del bus esperando el trasporte público o la ruta escolar, en el súper o en el parque, en los teatros y en las calles…con mascarilla y con la distancia social reglamentaria, ¡¡pasan tantas cosas!! Y todos los días, solo hay que estar “ojo avizor”. Y a escribir…

Pero la memoria es frágil.

La mayoría de los escritores coincide en el truco y la estrategia de apuntar, y apuntar de todo. No sé si a la manera de nuestros antiguos apuntes académicos, o sí, tal vez ayude… ahora no tanto porque casi todo va en ordenador… esos folios de notas tomadas en clase a toda velocidad, llenos de símbolos y abreviaturas que solo el dueño era capaz de entender, han sido sustituidas por los audios y el tecleteo.

Escribir listas de cosas por hacer, cosas que comprar, cosas que recordar, muchas cosas…me estoy repitiendo, lo sé: pero ocurre que en parte la técnica de la escritura consiste en eso: en repetir. Borrar, NUNCA, en mayúsculas. Trazar esquemas, flechas, guiones y comillas, todo un diseño de simples bocetos que van a cobrar vida con el tiempo, a corto, medio o largo plazo.

Y no cejar en el empeño como muchos dicen hoy en día. Continuar…


Escribir es una labor de artesano, de soplar poco a poco el cristal o moldear con tesón el barro.

Papeles y papelitos metidos en tantos  sitios  luego olvidados y vuelta a escribir.

Y todo vale. Yo defiendo que cuando nos viene una idea no conviene dejarla escapar.

Una idea, un pensamiento, una opinión, un argumento o una emoción. Y plasmarla: cuanto antes, mejor.

Recuerdo nuestras redacciones: “La primavera”, “¿Qué vas a hacer durante el verano?”, “Describe el fin de semana”… Lo de siempre, y nos parecía monótono y aburrido. No, en absoluto.

Ahora nos devanamos la sesera en lograr pura originalidad, llegamos al estrambote y a la psicodelia. Y yo entono el mea culpa, claro que sí.

Conviene escribir para no olvidar: las historias que escuchamos o las vivencias propias; para realizar un ejercicio de memoria tan devastada por ciertas moderneces educativas.

Y una vez ya con ganas y tiempo para escribir, avanzar unas líneas más: añadir recuerdos, imágenes y sentimientos; llenar el prosaísmo de la cotidianeidad de algo nuevo, o dejar la realidad tal cual la vemos o nos la plantean.

Reposar. Dejar que descanse el escrito. Nunca revisar inmediatamente lo que acabamos de expresar. Los ojos y el cerebro, somos conscientes de que para escribir empleamos algo más que los apéndices digitales, no dan más de sí. Que se echen una siesta un rato.

Y luego, después de pasear al perro, o ver una serie, o preparar la cena…retomamos lo que ya forma parte de nuestra historia. Verba volant…y ahora es cuando acecha la tentación: con pálpito releemos, y la temible tecla “delete” nos espera sonriendo para que la pulsemos. NO: Borrar, nunca.

Si lo hacemos una vez, entramos en bucle y no dejamos de escribir y borrar, escribir y borrar, encadenando eslabones de un cordón interminable.

Propongo una lectura tranquila sin ánimo justiciero: y a partir de entonces, modificar, añadir, cortar, aumentar a modo de patchwork.

Ya tenemos la segunda versión. Deberíamos buscar a un “sufridor” como en antiguos concursos para que nos escuche lo que acabamos de reescribir: a poder ser alguien que nos aprecie pero que no sienta amor desmedido por nosotros.

Tendremos de esta manera dos puntos de vista: el ajeno y el propio. Nosotros mismos nos vamos a escuchar y parece que estamos en otra sintonía. Nada más lejos que sentir de nuevo la dichosa tentación de borrar.

Después de este ejercicio oral y del esfuerzo que hemos realizado, un nuevo descanso.

Sí. Escribir es una labor de artesano, de soplar poco a poco el cristal o moldear con tesón el barro. De nuevo, ante ese primer y retocado intento de escritura, leemos y damos los últimos toques.Ya tenemos unas líneas definitivas para entregar.

Borrar, nunca.

(Publicado en 2021 en El Obrero)

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