miércoles, 4 de marzo de 2026

La muy catastrófica visita al zoo

 

Reseña al libro La muy catastrófica visita al zoo

Joël Dicker estaba cansado y quería tomarse unos días de asueto en su quehacer literario.
La fama de sus “bestsellers” debe de abrumar y decidió mirar y ¿releer? algún cuento o novela corta de piscina veraniega que tenía en su biblioteca o en su cabeza: y dio en el clavo al encontrar Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite y Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza.
En La muy catastrófica visita al zoo, ha diseñado una historieta en la línea de Los cinco de Enid Blyton, inefables e intrépidos jóvenes con los que crecimos muchos “boomers” de hoy o los afamados Hollister de Andrew Svenson que tantas costumbres norteamericanas nos enseñaron, y le ha salido una composición de 6 colegiales diferentes, o sea, con discapacidades diversas y variopintas, unos “rarunos” como les llaman los escolares “normales” que van a resolver un misterio urbano con la ayuda de la abuela de uno de ellos en modo Agatha Christie.
Y el resultado es una… una… a ver qué término se ajusta más a lo que acabo de leer: pongamos que se trata de una narración y ya. No da para más.
Fácil de leer, entretenida, sin pretensiones, innecesaria la presencia del epílogo y la nota del autor que añade al final: poco o nada tienen de justificación ante lo que encuentra el lector.
Me consta que “que el color del cristal con que se lee” es algo muy subjetivo: conozco a quien le ha aburrido este libro, quien lo ha dejado antes de la mitad por tostonazo; yo me lo pasé bien, aunque no terminó de convencerme por simplón -hay voces que adivinan crítica social, reivindicaciones actuales e implicación moral (desde mi punto de vista, ni de lejos)- y, desde luego, no pasará a los anales de mis recuerdos, salvo como un ejercicio de redacción del propio autor de escribir un cuento. Sin gracia.
Insisto: Joël Dicker tuvo un día de flojera mental y física, cayó en sus manos algún relato que escuchó por ahí y lo plasmó en unas páginas que vuelan sin dejar la más mínima huella en la retina de quien las pasa.

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