miércoles, 4 de febrero de 2026

Una escalera hacia el cielo

                                                        de Jhon Boyne

Reseña del libro de John Boyne Una escalera hacia el cielo

Hará ya unos veinte años, muchos lectores llegamos a John Boyne a través de El niño con el pijama de rayas: una obra breve y aparentemente sencilla que, a través de la mirada de un niño,  abordaba uno de los horrores más difíciles de la historia relativamente reciente. 

Enfrentarse a su obra Una escalera hacia el cielo es algo bien distinto. Aquí no hay inocencia, ni ternura. Pareciera que, a diferencia de la primera, ésta no busca conmover al lector, sino incomodarlo: en la primera filtraba el mal, mientras que en ésta lo expone con absoluta frialdad. 

Leer Una escalera hacia el cielo ha sido para mí, casi desde sus primeras páginas, una experiencia incómoda pero adictiva. Acompañar en sus andanzas a Maurice Swift, su protagonista, un personaje seductor y físicamente atractivo pero moralmente repulsivo; un ser  ambicioso y manipulador en el que, desde el primer encuentro, ya intuimos que su ambición no conoce límites.

El personaje se nos presenta a través de distintas voces que relatan su relación con Maurice y las consecuencias de haberlo dejado entrar en sus vidas. Esas a las que Maurice utiliza y descarta una y otra vez a lo largo de su periplo vital. Y es que su obsesiva aspiración a llegar a ser un escritor de éxito tropieza con su falta de imaginación, lo que aboca a nuestro protagonista a una permanente necesidad de apropiarse de las historias ajenas.

Así, uno de los aspectos más perturbadores del libro es su reflexión sobre la ambición de éxito y la ausencia de límites éticos para tratar de alcanzarlo.   

No queda mejor parado el mundo editorial. El que aparece en la novela no es abiertamente corrupto, pero sí es pasivamente cómplice. Nadie pregunta demasiado. Nadie quiere saber de dónde vienen ciertas historias si el libro funciona. 

Me sigo preguntando la razón por la que, la historia de un ser tan abyecto como nuestro protagonista, a la vez te repele y te atrapa. Quizá ahí resida la singularidad de esta obra de Boyne: conseguir que repulsión y atracción convivan en el lector a lo largo de su lectura.
(M. Regalado)

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