miércoles, 11 de marzo de 2026

Ardiente secreto, de Stefan Zweig

 

Ardiente secreto, de Stefan Zweig

Aunque es un libro que tiene ciertas fallas: redacción regulera por la repetición de términos, construcciones sintácticas forzadas, alguna errata y ciertos declives en la narrativa, sobre todo al final: se precipitan las páginas últimas como si quisiera terminar rápidamente la historia que le quema, el libro merece la pena por lo inquietante y realista de un argumento cierto y certero.

El autor atina con el protagonista, un niño de 12 años enrabietado por el abandono del que se supone un amigo suyo, una conquista personal en la figura de un donjuán que seduce a la madre del joven.

Más allá de la anécdota de infidelidad, lo interesante es la evolución de Edgar, ese hijo enfadado, que se enroca en diseñar una venganza contra los adultos. Y es que el deseo de pertenecer a ese mundo choca con su edad en la que descubre secretos, inexplicables para él, alimenta sueños, crea fantasías en un deseo compulsivo y lleno de obsesiones por participar de un tiempo que todavía no le corresponde a él, pero que no le es ajeno del todo.

Lectura intensa en su brevedad, relato conmovedor y apasionado, lleno de silencios y gritos ahogados, violencia verbal y física, matizadas.

Las descripciones del entorno que envuelve a los personajes, sublimes: pictóricas y animadas, valga la contradicción, todo un personaje que se suma al trío de protagonistas.

Creo que Edgar y Antoinette, de 14 años, hija de los Kampf en El baile de Irène Némirovsky, se habrían llevado muy bien.

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