Como hojas en otoño. Guía práctica para comprender la muerte y el duelo.
Publica libros: sobre el cáncer, sobre la pandemia y la muerte, y este último: Como hojas en otoño, es un regalo.
Atrapa desde el principio hasta el fin. Yo en dos días me lo bebí y lo acabé esperando la cita que tenía en el Centro de Salud. Se lo comenté a mi médica y me dijo: “Pilar, aquí no se queda nadie”.
De eso tratan estas hojas de otoño y de verano… da igual que sea estacional o estructural: la muerte nos iguala. Pero el duelo nos hace diferentes. A mí, con los años, me interesa mucho este tema y cada vez observo que ocupa más tiempo en mi mente y en mi corazón, no sé si llega a ser obsesivo.
Un lugar común es la tan cacareada idea de que, en ciertas culturas, la nuestra, por ejemplo, caucásicos blancos norteños, no se nos enseña a vivir con la muerte, sino a darle la espalda en una suerte de desafío divino a nuestra inmortalidad.
Cuando visité Camerún, aprendí que allí en Maroua, la muerte está entre los habitantes de una ciudad caótica, y me llamó la atención la sorpresa que desprendían los niños ante una “Madame blanca”, que creían enferma por su palidez.
Carlos Hernández, nos planta un espejo frente a nuestra imagen: recorre con cariño y sabiduría qué es el dolor, el sufrimiento espiritual y físico, el camino hacia la muerte. Ese tránsito que cada uno va a navegar a través de la fe, la laguna Estigia, el universo, o la nada. Se suceden los capítulos dedicados a distintos tipos de muerte, diferentes formas de afrontar el duelo y de seguir viviendo.
Sin resquicio de sospecha ni de reticencia, con una objetividad brutal, llena de experiencia científica y personal, las hojas de otoño vuelan sin parar, llenando minutos vitales, los del lector que asume la finitud de la vida, los límites de nuestro devenir.
La lectura es muy amena: sabemos que, si un tema no agrada, a otra cosa, mariposa: es la inmediatez de lo que disgusta y no interesa. Un libro para leerlo seguido a trozos, para volver y re-volver una vez y otra más.
En un mundo de celofán y “brilli brilli”, a la muerte con su guadaña literaria y medieval, la dejamos para Halloween. Por eso, con este libro, su autor nos toca el alma, nos llega al corazón y a la propia vida, la nuestra.
Acompañan al libro las imágenes de Eva González Núñez, amiga del escritor.
Letras y figuras, vida y muerte, ilustraciones escritas y escritura ilustrada que hacen de Como hojas en otoño, un privilegio.
Gracias, querido Carlos.
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