sábado, 22 de noviembre de 2025

Viaje al centro de África:

             paseando por Maroua, donde el tiempo pierde su medida

Maroua Aeropuerto

Este texto, recuerdo de las vivencias en mi viaje docente a la Universidad de Maroua, lo publiqué en "El Obrero" en 2021. Hoy, cuatro años después, lo recupero aquí en mi blog porque sigue siendo una experiencia que vale la pena compartir.

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Bofetada de calor nada más aterrizar a mi destino: Maroua. Ruidos, bocina y motos, carreteras si asfaltar. Chilabas blancas y celestes, trajes occidentales. Y yo. Parece que en ese momento soy la única europea en la ciudad.

Hace algunos años… mi viaje a la Universidad de Maroua en Camerún a finales de septiembre y principios de octubre.

Más motos. Muchas y veloces. Propias y ajenas a modo de taxi y medio de locomoción, como si fueran minibuses porque encima de ellas se encaraman hasta cinco personas…y tan a gusto y tan cómodos. ¡Qué pericia!

Y los baches y el polvo. Gente y más gente por la calle principal y por las aledañas.

Voy con las ventanillas del coche de mi anfitrión, abiertas, y a paso de tortuga en pleno atasco de más motos, bicis y gente andando… saco el brazo para que me dé el aire. Los niños caminan a nuestro lado y me saludan “¡¡Madame, madame!!” Soy la gota de leche en medio de esta población risueña, bulliciosa, feliz y festiva.

No hay carriles ni separación en la vía transitada por una masa colorida que se dirige con calma, una no sabe bien hacia dónde. Se escucha música atronadora que escupen transistores de puestos ambulantes, con voces chillonas que mercadean yuca, plátanos…

Cosmogonía temporal. A mí me da la impresión de que los minutos se espesan, que las horas se han paralizado. El tiempo no pasa, se deja pasar, está y existe pero no tiene medida.

Me invitan a tomar la cerveza más típica, la 33. Sentados y sin prisa, una tras otra. Pasa la tarde calurosa. Algunos piden refrescos, depende de la confesión religiosa de los parroquianos que hoy me agasajan con un rato de ocio después de mis clases. ¿Un rato?

Anochece y la lamparilla de nuestra mesa nos ilumina levemente, me cuesta ver sus caras, adivino sus ojos. Continuamos al aire libre, sin tiempo.

Calor, mucho calor aquel final de septiembre y principios de octubre.

Charlas y parloteo, la palabra proferida, debajo o no del baobab, de tan larga tradición africana: hablar y hablar… Paciencia, “el destino manda”, me aseguran, “si la vida no depende de uno, ¿para qué preocuparse?” Filosofía pura en el corazón africano tan lejos de mi tierra.

Maroua me parece un desierto, muy próximo a Nigeria, limítrofe con este país tan convulso y peligroso. Se mezclan en sus parajes, planos y yermos, los colores amarillo dorado y verde pálido. Arbolitos escuálidos en las márgenes de la carretera, poca sombra prometen a escasas cabras raquíticas.

Casas en Maroua
Colinas y chozas, casas muy sencillas y niños jugando en las calles. Más chilabas; las mujeres, bellísimas, lucen tocados y visten, elegantes, trajes de tejidos coloridos, ataviadas con habilidad y con sus bebés ajustados a la espalda, caminan regias y con prestancia.

Amabilidad a raudales, cercanía, apretujones en el mercado, me aturullo con tanto hableteo, tanta cháchara: todos se deshacen en sonrisas, mezcla de olores y aromas indescifrables para el olfato occidental; cerca la mezquita y la fiesta del sacrificio del cordero. Me cubro la cabeza y me ubican en la explanada separada del lugar asignado para los varones que ocupan espacios delanteros. Sí, la única europea en un país al que nuestros misioneros y monjas iban a catequizar…

Conforme pasan los días ya no percibo la coloración epidérmica. Han conseguido que me sienta una más, la profesora que va a impartir unas lecciones de español.

Los días comienzan con temperaturas apacibles y viento suave hasta que al mediodía se arranca un tormentón tropical que bambolea peligrosamente las ramas de los árboles. El tiempo sigue dilatándose…

Se va la luz. Sistema eléctrico, out of service. “No pasa nada”, me dicen, “comme d’habitude”. Esperamos y dentro de un rato vuelve la luz y con ella la energía artificial porque la solar pega de lo lindo. La arena de las calles ha sorbido con fruición la lluvia torrencial de hace unos minutos.

Abanico, gafas y fular, sombrero… no hay duda, no soy de Maroua, muy foránea.

Lo que siempre hemos visto en imágenes y en visitas tridimensionales tras la pantalla, ahora lo perciben mis sentidos. Estoy ahí en medio de ese mapa tranquilo y quieto a pesar del movimiento urbano. No advierto prisa. De nuevo el tiempo se ensancha tanto que llega a desaparecer. Para mí es un mundo inhóspito, exótico por lo diferente y desconocido.

Pruebo la “soya” y aprendo a comer con la mano ese plato típico envuelto en papel. Me cuesta, pero me fijo en cómo lo hacen quienes me rodean. Y siempre la 33. Toque de queda a las 8 para las motos y a las 9 para los coches. Ni entrar ni salir de la ciudad. Se oye a lo lejos rezar, la voz que llama a la oración… Silencio en la ciudad. A mí me pilla un día en un bar, otro en el hotel, siempre vigilada por policías apostados a la entrada, no son tiempos para andarse con tonterías: Boko Haram, al acecho.

Aula de español en Maroua
Estudiantes y profesores me miran curiosos con sus ojos esféricos, tan vivos y tan parlantes, gestos y más gestos, palmoteo y revuelo de ropajes. Reverencia y admiración. Me espachurran las falanges cuando me saludan sonriendo y… cuchichean sin disimulo.

Son entusiastas, agradecidos, tienen la ilusión de salir de su ciudad, de su país y viajar a España que les atrae como los cantos de las sirenas. Tertulieo y más descanso. Compartir sus ansias de futuro, sus conversaciones más personales: siempre con la mirada puesta en el continente europeo.

Y más calor, polvo y gente. Mucha animación.

Resulta que en mi burbuja “intelectual” soy la única autoridad, indiscutible para ellos. Mantienen una actitud de casi servilismo y sumisión. Un respeto acendrado que me impresiona y una distancia en el aula que me asombra.

Poseen unos profundos y sólidos conocimientos de lengua y literatura. Yo he ido para sacudirles un poco el estilo libresco en sus conversaciones, relajar el idioma que están aprendiendo y hacerlo más familiar, sin ir pegado a lo literario.

Delgadísimos y muy oscuros. Me han enseñado las distintas tonalidades del negro con una naturalidad apabullante, como no podía ser de otra manera. Otros mundos otros parámetros. Otra cultura. Ya no siento el paso del tiempo. Me ha atrapado y ahí estoy.

martes, 18 de noviembre de 2025

Laberinto endecasílabo

 - M. Regalado


Lsberinto endecasílabo de Sor Juana Inés de la Cruz

Mi gusto por la poesía y por jugar con las palabras, hace que este "laberinto endecasílabo" de Sor Juana Inés de la Cruz me produzca verdadera admiración y verdadera envidia. 

Al margen de análisis sintácticos o consideraciones de teoría literaria -para los que no poseo formación- desde mi ignorancia del tema se me antoja toda una obra de arte y de ingenio.

Tres poemas en uno. O tres versiones en un solo poema. O quizá más, más de tres si el lector se lo propone,

Laberinto endecasílabo

para dar los años la excelentísima señora condesa de Galve al excelentísimo señor conde, su esposo. (Léese tres veces, empezando la lección desde el principio o desde cualesquiera de las dos órdenes de rayas.)


Amante, —caro—, dulce esposo mío,

festivo y —pronto— tus felices años

alegre —canta— sólo mi cariño,

dichoso —porque— puede celebrarlos.

Ofrendas —finas— a tu obsequio sean

amantes —señas— de fino holocausto,

al pecho —rica— mi corazón, joya,

al cuello —dulces— cadenas mis brazos.

Te enlacen —firmes,— pues mi amor no ignora,

ufano —siempre,— que son a tu agrado

voluntad —y ojos— las mejores joyas,

aceptas —solas,— las de mis halagos.

No altivas —sirvan,— no, en demostraciones

de ilustres —fiestas,— de altos aparatos,

lucidas —danzas,— célebres festines,

costosas —galas— de regios saraos.

Las cortas —muestras de— el cariño acepta,

víctimas —puras de— el afecto casto

de mi amor, —puesto— que te ofrezco, esposa

dichosa, —la que,— dueño, te consagro.

Y suple, —porque— si mi obsequio humilde

para ti, —visto,— pareciere acaso,

pido que, —cuerdo,— no aprecies la ofrenda

escasa y —corta,— sino mi cuidado.

Ansioso —quiere— con mi propia vida

fino mi —amor— acrecentar tus años

felices, —y yo— quiero; pero es una,

unida, —sola,— la que anima a entrambos.

Eterno —vive:— vive, y yo en ti viva

eterna, —para que— identificados,

parados —calmen— el amor y el tiempo

suspensos —de que— nos miren milagros.

-Juana Inés Ramírez de Asbaje-

viernes, 14 de noviembre de 2025

Agua Viva

 La ausencia de estilo en una escritora de intensas sensaciones: 

Clarice Lispector

Libro de Clarice Lispector: Agua Viva

Este artículo fue originalmente publicado por mi en otra plataforma; esta versión contiene un añadido personal, una mirada ampliada con la reseña de este título suyo.

La variada producción literaria de Clarice Lispector la convierten en una de las mejores escritoras del siglo XX.

Viajes, dolores físicos y mentales, traumas afectivos, amistad, hijos y filosofía: contenido matérico de sus novelas, cuentos y poemas

Nacida Chaya Pinjasovna en Ucrania (1920) y de origen judío, tras pasar por Moldavia y Rumania de muy niña, llegó con su familia a Brasil: allí aportuguesará su nombre y será conocida por Clarice Lispector. Afincada en Río de Janeiro, se aficiona a lecturas de Eça de Queirós, Jorge Amado y Dostoievski. Colabora en periódicos y revistas y publica Cerca del corazón salvaje, por la que recibió el premio Graça Aranha.

Vida de mudanzas y trashumante siguiendo a su esposo diplomático por el que abandonará amigos y familia y del que al final acabará separándose, conoció Nápoles, Inglaterra, París, Berna...viajes y publicaciones, cartas y novelas. Añora su ciudad brasileña a la que regresa para retomar su actividad periodística bajo el seudónimo de Tereza Quadros. 

Madre de dos hijos y traductora de su propia obra a diferentes lenguas. Mujer decidida a vivir independiente, colaboró con diferentes medios para conseguir dinero suficiente y forjarse su propia subsistencia. 

Sufrió un contratiempo que la marcará de por vida: un cigarrillo encendido mientras dormía provocó un incendio en su habitación y le ocasionó importantes quemaduras por una gran parte de su cuerpo; meses de ingreso en el hospital y su mano derecha casi inmóvil para siempre. A partir de este episodio, su estado de ánimo reflejará las marcas tanto físicas como psíquicas: comienza una rueda de continuas y profundas depresiones.

Gracias al dominio del portugués, inglés, francés y español, así como a la fluidez del yidis y hebreo y conocimientos del ruso, realizará numerosas traducciones y adaptaciones de obras extranjeras, muy reconocidas internacionalmente. Consiguió atesorar una gran biblioteca personal.

Algunos de sus títulos destacados: Lazos de familia, La manzana en la oscuridad, La pasión según G.H.y La hora de la estrella, entre otros. Murió de un cáncer a los 56 años.

Algo sobre su obra Agua Viva

Al leer sus páginas, no sabemos si son memorias, desvaríos, ensoñaciones, escupitajos del alma, reflexiones de duermevela, prosa o poesía.

Se vacía intensamente para compartir intimidades, sufrimientos, anhelos, realidad lacerante y complejidades particulares. Describe emociones hasta fingirlas y creérselas con una lengua muy aguda y reflexiva. Y no sabemos a qué “tú” van dirigidos sus párrafos, sus secuencias, frases y expresiones de distinta extensión y variado contenido.

El juego de espejos entre ella misma y ese alguien que quizá reciba estas epístolas, o no.

La obsesión por el instante, por su nacer hasta comerse la placenta y por la muerte que desea recibirla con alegría en un reto al ser Supremo.

Caos espiritual, mente errática que salta de lo concreto al concepto más abstracto, de los objetos cotidianos a la filosofía más profunda. Una maraña de entresijos difíciles de disolver y mucho menos resolver. El lector acude impávido y sorprendido sin posibilidad de reaccionar ante la sucesión de fotogramas que desfilan agudamente y pinchando la conciencia.

Dan ganas de abandonar la lectura y de retomarla en mejor ocasión.

Podemos o no decidir cómo leer esa prosa lírica o esos versos prosaicos.

Ha conseguido que nos impliquemos y que seamos capaces de esquivar los dardos que asaetean.

Descubrimos destellos clásicos y modernos, muchas lecturas y muchas referencias tejidas a su medida.

A veces intensa, a veces plomiza, reiterativa y escueta, prolija y sintética: un caleidoscopio difícil de desenhebrar.

Mucho yo, y mucho nosotros, alteridad ignota que solo quizá ella conozca. Pronombres, fauna y flora, fenomenología y religión, cuerpo y espectro.

Feminista, inagotable, laberíntica, atorbellinada y extrema; lineal y circular. Nos deja al borde de un precipicio inquietante: su propio abismo interior, tan perturbador.

Sin estilo, sin estructura, con intención e intencionalidad.

No sé si recomendarla. A mí me ha aturdido y a pesar de su valía literaria, no me ha interesado mucho.

- Pilar Úcar

(También puede interesarte: "Les gratitudes" de Delphine de Vigan)

lunes, 10 de noviembre de 2025

Cumpleblog, cumplePalabradas

 

Primer cumpleaños del blog de Pilar Úcar

Un año ya desde el arranque de este blog. Un año de Palabradas y los que nos quedan. 

Esta fecha es una efeméride que celebra doce meses de existencia activa, de realidad presente en la red para quienes consultan, critican, visitan y pasean por sus pestañas, pinchan solapas, columnas, revisan márgenes, bichean fotos y oyen audios; rastrean artículos y leen. Siempre la lectura en cualquiera de sus formas: fungible y telemática. 

Palabradas nació por obra y gracia de Marce, amiga de antaño y amiga hoy. 

A ella le debo que siga respirando este blog. Ella es la auténtica artífice de su actividad y pervivencia.

Por eso, en este momento, las palabras, sobran.

A ella van dedicadas las mías llenas de gratitud por su generosidad y su inteligencia, por su tiempo y por tanto.

Querida Marce: ¡¡larga vida a Palabradas!! Siempre.

- Pilar Úcar


Con tu permiso, Pilar, me uno a la celebración, ¡claro! 
Y agradeciendo la extraordinaria generosidad de tus palabras, me permito apostillar: ¿qué sería un continente sin su contenido? ¡un mero recipiente vacío! 
"Palabradas-blog" es su contenido, ese que tu creatividad alimenta. Mantener el recipiente en forma es una labor de la que disfruto.
Si,  ¡¡larga vida a Palabradas!! 


miércoles, 5 de noviembre de 2025

Danza koi

 

Danza koi. Óleo sobre lienzo obra de la pintora Jimena Bravo
"Danza koi" de Jimena Bravo

Hoy, la firma invitada de una joven pintora de 16 años. 

Jimena Bravo Regalado nos presenta esta su pintura al óleo de dos peces koi nadando en un fondo azul profundo que sugiere movimiento y armonía, remolinos y líneas fluidas que evocan corrientes de agua. Trazos llenos de dinamismo y energía casi espiritual (a mí me recuerda a la representación gráfica del yin y el yang).

Un conjunto atractivo, equilibrado y simbólico.

Jimena demuestra en esta pieza seguridad en el trazo y en el uso del color, así como dominio del contraste cromático, degradados y proporciones. El agua es uno de los elementos más difíciles de pintar, pues requiere sugerir movimiento y transparencia. Y Jimena lo ha logrado con soltura.

Enhorabuena, Jimena. Gracias por este regalo y por permitirnos que este blog se adorne con él.

Esperamos seguir disfrutando con tus próximas obras.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Mil cosas

Mil cosas

Leo con ganas este libro de Juan Tallón después de revisar en diagonal la sinopsis (siempre excesivas y desparramadas) de la contraportada. Anagrama es lo que tiene: cuenta de manera exhaustiva qué va a encontrar el público lector.

Se lleva lo coral, sea a voces de grupo musical o en forma de dúo como es el caso: Travis y Anne, pareja moderna de profesionales y padres de un niño, comparten en estas escasas 155 páginas el trajín de la víspera de sus vacaciones veraniegas, y con ellos asistimos a una canícula urbanita atosigante (real y metafórica).

Él cuenta sus peripecias en forma de soliloquio agónico, de conversaciones con sus colegas en la revista de la que es subdirector y ella le da al monólogo salpicado de comentarios interrumpidos constantemente, propios de una mujer multitask.

Atrapa desde el principio y continúa sin decaer el ritmo, hasta el desmayo final: petrificados, sentimos la necesidad acuciante de volver al inicio del libro porque algo se nos ha escapado, algo se ha perdido en el batiburrillo de esa jornada cuyo ¿desenlace? pretende echar la vista atrás o pedir al autor, que, por favor, escriba la continuación y no nos deje así.

martes, 28 de octubre de 2025

Verdades a trozos

                    Kintsugi, Ortega y Corto Maltés

Kintsugui
“Timeless Magic”, 2023. Artículos Raku negros de la era Taisho (1912-1926), laca urushi, oro de 24 quilates y resina. Foto de Naoko Fukumaru.

Con este texto podríamos reflexionar sobre cómo recomponemos nuestras verdades  rotas, al modo del kintsugi: reparando fisuras, aceptando cicatrices y dejando que el oro se introduzca en ellas. Podemos explorar nuestras propias piezas, nuestros fragmentos y el nuevo yo que emerge al unirlos.

Publicado originalmente por mi en otra plataforma, esta versión contiene un añadido personal, una mirada ampliada que la convierte en la definitiva. 

La técnica japonesa del Kintsugi se aproxima al deseo del gran historietista Hugo Pratt, creador del inefable Corto Maltés, por alinear sus orígenes y recomponerlos a través de todas las piezas vitales por las que pasó durante sus 68 años. Esa técnica centenaria de carpintería dorada, repara las piezas de cerámica rotas, sin disimulos entre las junturas, con el uso nada discreto de un esmalte impregnado de oro, plata y platino. De esta manera, resulta difícil que pase desapercibida. Va a brillar siempre con una imagen única y diferente a la primigenia. 

El Kintsukuroi, por lo tanto, me sugiere el dicho: “de la necesidad, virtud”. En resumidas cuentas se trata de reparar un error, un defecto haciéndolo agradable a la vista. Por otro lado, si lo expresamos en román paladino, es casi (la importancia siempre del casi) igual que el famoso plato roto: a pesar de pegarlo, siempre estará roto. Tenemos, al menos, dos posturas ante una misma realidad. Dos actitudes cuando uno observa la botella. Y de ahí a toda una panoplia llena de filosofías.

Ortega y Gasset nos lo advirtió: la importancia de las circunstancias de uno mismo. Y yo añadiría: las verdades de uno mismo. “Yo soy yo y mis circunstancias”. Yo soy yo y mis verdades. Por eso, porque son mías.

Verdades que las consideramos absolutas, con pocas dudas y muchas certezas: “Te lo aseguro”, “me consta”, “lo sé de buena tinta”…; nuestro lenguaje está plagado de expresiones rotundas y tajantes, sin fisuras: “porque yo lo digo, y punto”; lo llevamos marcado en nuestro adn sureño y enfático. Nos gusta la hipérbole: “me muero de miedo”, “me parto de la risa” y así…exponencial.

Al modo de Corto Maltés que se grabó la línea de la fortuna con una navaja y la escondía por el mal trazado que dejó en la palma de su mano, hacemos gala de nuestras verdades a grito herido y luego las escondemos, por si las moscas. Todo un universo muy personal, muy relativo con pretensiones de convencer al prójimo, de traerlo a nuestro terreno. Los debates políticos, las tertulias televisivas, los coloquios intelectualoides constituyen claros ejemplos de imposición de verdades taxativas que pretenden soslayar una fanfarronería e inmadurez solemnes de sus protagonistas. Abogo por la tolerancia y la pluralidad frente a la uniformidad; por el buen talante, ahora y siempre.

La heterogeneidad de las minúsculas piezas quebradas de una terracota, el diverso origen de nuestros antepasados, la pluralidad de pareceres y opiniones configuran una forma de ser abierta, con amplitud de miras sin estrecheces ni apreturas sino esperanzada hacia nuevos horizontes. Despejemos la maraña mental que nos aturde, salgamos a “reunirnos” solidariamente con un pegamento flexible y dúctil. Compartir, sumar, acercar, comprender…vivir con (o ¿convivir?). Debemos creernos con las tripas la cantinela de aceptar sin arrogancia lo diferente, saludar y acoger al lejano, esperar y dar…pensar y hablar bien, respetar. Escuchar y sonreír, construir. Pero con verdades, no medias verdades.

Como el kintsugi o como el marinero

Como el kintsugi o como el marinero, el ser humano es capaz de recomponer algo nuevo con sus circunstancias personales para armar una colectividad saludable, veraz, revitalizada, llena de verdades, insisto. Vivimos inmersos en los –ismos: escepticismo, pesimismo, relativismo, victimismo, edadismo…poco artísticos y nada vanguardistas de antaño. Quizá una buena receta para elaborar un menú digerible consistiría en calmar al quejoso, acallar esas alarmas disonantes que nos llegan desde posturas ideológicas extremas, aguijonear al indolente que se deja arrastrar por la masa amorfa, despreciar al maldiciente, nada conciliador y detractor del bien social, y de postre, ironía y sarcasmo al prepotente. Bajarlo de la nube a la realidad, a la verdad. Igual tenemos que emprender los viajes que realizó Corto Maltés para aprender a pegar los platos rotos, para contar nuestra verdad y esmaltarla con las otras verdades ajenas. Verdades completas y no medias verdades.

Inquiero: ¿han leído nuestras autoridades a Ortega y Gasset? ¿Saben recomponer las piezas desencajadas? Querer es poder…”Me parto de la risa” (sin paliativos hiperbólicos).

(Publicado en El Obrero en Enero de 2021)

Armamos nuestras verdades a trozos y descubrimos que la reparación no borra las grietas, solo las celebra. - Pilar Úcar.

viernes, 24 de octubre de 2025

Las palomas ya no temen volar bajo:

                                                               recorriendo Chueca


Barrio de Chueca
Foto de luis otto en Unsplash

(Publicado originalmente por mi en otra plataforma, esta versión contiene un añadido personal, una mirada ampliada que la convierte en la definitiva)

Deambular por el antiguo Madrid en una mañana festiva, tiene un atractivo especial. Las calles parecen otras, son otras. Es descubrir un Madrid amable y sugerente, atrayente y atractivo, calmo y balsámico, frente al trajin de lo cotidiano en los días laborables. 

¡Qué gusto caminar a primera hora de la mañana por ese barrio tan castigado!

Bueno, eso era antes…: sí, recuerdo que a mi llegada a Madrid muchos años atrás, daba miedo pasear por sus calles.

Desde hace tiempo es un auténtico placer mezclarse con su vecindad tan variopinta.

No se trata solo de un colectivo visible y reivindicativo. Diseño, cafés, música y colores. Tranquilidad y alguna que otra paloma que no se asusta de la presencia de pies con piernas mezclados entre sus patas.

Locales de poesía y tertulias literarias, bistrots sofisticados y panaderías refinadas y exquisitas, guirnaldas que animan a pasar al interior de establecimientos curiosos; teatro y hoteles. Librerías espaciosas de mente.

Un mosaico de seguidores de la moda “del rollo”, “cayetanos”, “hípsters”…

Algún que otro escenógrafo nos sugiere cómo anudar el fular de seda, y la mejor manera de prender el broche para lucirlo en la solapa (siempre en la izquierda, por cierto).

Gente de barrio encantada de vivir en un ámbito madrileño abierto a tantas ideologías, pensares y actuaciones.

Ese quiosco que despliega su mercancía a ojos vista. Mercados y olores.

San Marcos, Pelayo y Luis de Góngora. Se abren las persianas a las 11.00 de la mañana y la sonrisa puesta para todo aquel que los visita.

Libertad, Belén y Gravina.

Edificios remozados, esquinas aprovechadas, banderas, rincones pintorescos, flores y plantas luciendo fachadas muy parecidas de suaves tonalidades.

Vanguardia y clasicismo; vericuetos sin estrecheces y plazas.

Varias palomas se cruzan a nuestro paso, habituadas a su estancia con los humanos.

Ambiente, orgullo y copas. Comida excelente, construcciones singulares y museos.

San Lucas, Augusto Figueroa y San Marcos.

Calma. Un tentempié saludable para continuar callejeando. Y da igual pasar dos veces por el mismo sitio. Nuevos descubrimientos y recovecos particulares. Placidez.

Carritos de la compra a San Antón, beatas a las “Góngoras”, funcionarios a las “Siete chimeneas”.

Sin rozar la Gran Vía, un universo complaciente y moderno. Pocos coches, sin prisa y gran dedicación. Esmero e interés. Ganas de hablar y de pasar un buen rato entre espejos y vestidores. Decoración esmerada y mucho gusto. Formas estilizadas.

Buen tono y mejor entonación. Los ojos expresan sosiego. Una quietud vacacional y ociosa salpicada de brotes sorprendentes: me imagino a la felina Zapaquilda en La Gatomaquia de Lope escudriñando…

Luz en los escaparates, carteles atractivos, puertas abiertas, terrazas primaverales.

Y… palomas revoloteando a nuestro alrededor.

Vecinos, amigos y visitantes. Con mascarilla y distanciados, afables siempre.

Perros con dueños, motos insonoras, rodadas suaves, aceras limpias y balcones arbolados.

Respeto y convivencia. Conocer y compartir. Disfrutar de ese oasis capitalino. Cada uno a lo suyo sin molestar. Modelo de la movida ochentera, hoy referente internacional. Sensación de comodidad. Sin apreturas.

Un saludo, una invitación, más calles y mucho paseo. Avanza la mañana y prometemos volver otro día. Muy pronto.

Las palomas se han acostumbrado a nosotros.

- Pilar Úcar

(Publicado por mí en El Obrero en Marzo-2021)

lunes, 20 de octubre de 2025

Piropos que esconden acoso

                                                Lo que muchas mujeres no quieren escuchar

Piropos o acoso

Si bien este artículo ya fue publicado por mi en "The Conversation", hoy lo traigo aquí para los lectores del blog, considerando que se trata de temas que deben ser de interés general
 
“¿Has visto? ¡Qué mal se conserva esa tía para su edad!”

 En no pocas ocasiones hemos escuchado proferir expresiones denigrantes y vejatorias dirigidas a las mujeres: “Estará con la regla”, “anda con la menopausia”, “mira qué buena está”, “¿dónde se cree que va vestida así?”

El lenguaje se convierte en un arma de acoso sexual. Y no solo se trata de hostigamiento marcado por la jerarquía del “acosador” hacia la víctima, sino que se da este tipo de situaciones entre iguales, sin distinción de rango, en una situación simétrica profesionalmente pero asincrónica en cuanto al trato y tratamiento en ámbitos públicos y privados.

Todo ello supone una regresión y una vuelta al primitivo, al modo carpetovetónico de tantos referentes que conocemos. Quienes ejercen el acoso verbal.

El lenguaje identifica a cada uno y habla de su propia personalidad, de su comportamiento individual. Estos acosadores actúan así porque lo han hecho de niñoslo han visto en el núcleo familiar y en su ambiente más próximo.

Está relacionado con galanteo de otras épocas, el protocolo para cortejar a la fémina con el poder de la palabra, revestido de un donjuanismo atávico y en no pocas situaciones con la intención de molestar e intimidar (“¡Pero, mujer, si solo es un piropo!”).

Posición de poder y autoridad

La persona que piropea siempre está en una posición de poder y autoridad. En este tipo de acoso, el acosador se siente con el derecho de interpelar a las víctimas en la calle, en el trabajo, sin haber recibido previamente su consentimiento y entendiendo que sus comentarios hacia las víctimas están justificados, son halagos o son socialmente aceptados. La palabra lanzada supone que la persona que recibe esa “lanza” nos pertenece, la hacemos nuestra sin pedir permiso, así, porque sí.

De momento, hay muchos países que tienen una legislación en contra del acoso callejero como Portugal, Bélgica y Holanda en Europa, y Perú (pionero en Latinoamérica), Chile o Costa Rica.

En España no hay aún legislación específica, aunque desde el Ministerio de Igualdad se está depurando el borrador de La ley de libertad sexual que incluirá en el Código Penal el delito de “acoso ocasional” el conocido como “acoso callejero”, es decir, aquellas “expresiones, comportamientos o proposiciones sexuales o sexistas” que pongan a la víctima en una situación “objetivamente humillante, hostil o intimidatoria”.

Se trata de proteger de forma integral el derecho a la libertad sexual mediante la prevención y la erradicación de todas las violencias sexuales, que afectan a las mujeres de manera desproporcionada, como manifestación de la discriminación, situaciones de desigualdad y las relaciones de poder de género.

Hasta ahora solo estaban penadas estas situaciones en el ámbito de la violencia doméstica, esto es, entre familiares, pareja o expareja. En este tipo de circunstancias, la palabra clave es “consentimiento”: si la víctima que recibe la expresión ofensiva no la ha deseado, se considerará delito.

Ante la falta de denuncia hay que atender este problema con actos preventivos más que reactivos, tales como campañas de concienciación sobre qué es el acoso y cómo se puede determinar, y destinar recursos para facilitar y favorecer una educación igualitaria. Toca volver a aprender: desaprender y reeducar atendiendo siempre a los derechos individuales; recuperar el valor de la palabra conciliadora para evitar comportamientos abusivos.

Lance sexual indeseado

El acoso verbal consiste en un lance sexual indeseado, una intrusión no solicitada de los acosadores en los sentimientos, pensamientos, actitudes, espacio, tiempo, energías y cuerpos de las víctimas; muchos de ellos tienen su origen en el desdén y provocan “la descalificación y la anulación”. Suponen una bofetada, un ninguneo, incluso todo un chantaje.

Algunos estudios realizados sobre el acoso verbal a una amplia muestra de mujeres demuestran que el 72 % no consideraba apropiado silbar a una mujer por la calle, mientras que el 20 % afirmaba que es aceptable en ocasiones; el 55 % calificó esta práctica de “acoso” y solo el 20 % afirmaba que era “cortés”.

En las últimas décadas han surgido grupos como Stop Street Harassment o Hollaback, la campaña Stop Telling Women to Smile_ (“Dejad de Decir a las Mujeres que Sonrían”) e iniciativas muy secundadas como Cards Against Harassment (“Cartas Contra el Acoso”), todas ellas con la pretensión de visibilizar y denunciar situaciones de acoso verbal.

Recuperemos el halago familiar cálido y afectuoso, un reconocimiento y premio que nos llega de la voz del otro como una mano tendida al corazón; una palabra amable sin intención perversa, sin jerarquía ni preminencia hacia el próximo, sin deseo de someter y subyugar.

Nuestras palabras hablan de nosotros. La palabra es producto de nuestros pensamientos, que pasan a ser emociones y estas se verbalizan y se muestran en actos concretos.

Nuestro objetivo será desterrar palabras agresivas, insolentes, procaces y subversivas, desconsideradas, faltas de urbanidad y respeto que se cuelan de malos modos en las relaciones humanas, sociales y profesionales contraviniendo las reglas del juego y del trato.

- Pilar Úcar

(Publicado por mí en The Conversation en mayo 2021)

sábado, 18 de octubre de 2025

Cien pactos

 

Escribir evita la desaparición por borrado

Alguien dijo: “he aprendido que escribir es firmar un pacto con la desaparición”.

Esta publicación es la número 100. Hasta hoy, este blog habría firmado cien veces cien pactos con la desaparición.

Yo pienso más bien que escribir es un acto de fe en que, aliados el lenguaje y el tiempo, alguien alguna vez, en algún momento, detendrá en lo escrito su mirada interesada.

Brindaremos por los próximos cien pactos.

jueves, 16 de octubre de 2025

Libros con efectos secundarios

 (Por M. Regalado)
Presentación de Otro Siglo de Oro


Hay libros que producen “efectos secundarios” incluso antes de leerlos. Desde su misma presentación en sociedad.

Hoy mismo hace un año, en el Ateneo de Madrid, se presentaba uno de ellos: “Otro Siglo de Oro” de Pilar Úcar.

La descripción de su contraportada hacía prácticamente imposible resistirse a su adquisición y a su lectura. Y a fe que no defrauda. O quizá sí, porque al lector se le antojan cortas sus 90 páginas preñadas de una atractiva, culta e ingeniosa literatura:

   

 ¿Podríamos imaginar al conocido Lazarillo recorriendo las orillas del Tormes transformado en Lazarilla? Seguro que la joven no habría aguantado los palos y el hambre que sufrió el pícaro y les habría hecho la peineta a más de uno de esos amos fantoches, hipócritas y machistas.

¿Y si Quevedo (don Francisco) hubiera invitado a don Luis (de Góngora) a fundar juntos, una asociación poética sin ánimo de lucro? Habrían celebrado el éxito, saliendo de copas por los garitos del Madrid de los Austrias, hasta altas horas de la noche y habrían acabado de botellón en Moncloa.

 

La presentación un éxito, público atento, estupendo coloquio final y preguntas a las que la autora fue respondiendo con esa brillante mezcla de inteligencia y humor que sólo Pilar maneja con tanta naturalidad.

Lo admito, yo estaba además con los “efectos secundarios” de la presentación: el inesperado capítulo extra librum del reencuentro con la autora después de tantos años. Y la mutua decisión de que esos lapsos en vacío no volverían a repetirse.

Sí, para mí es un libro especial. Hoy cumple un año.

Mesa con Pilar y resto de intervinientes