viernes, 2 de enero de 2026

Comenzar el año con pronombres

Como lo comenzaba allá por enero de 2021 publicando en El Obrero vivencias y  reflexiones sobre el tema. Y que hoy actualizo y comparto.

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Pronombres

Cuestión de pronombres. Cuestión de silencios. De Pedro Salinas a Dinamarca.

Me cuentan que en algunos lares el lenguaje periodístico es muy acotado, tan acotado que si no se sabe o no existe una palabra se la inventan sin drama alguno, convirtiéndola en palabro, por ejemplo “cricicismo” para hacer referencia al estado continuo, normal y sempiterno de ese país (se dice el pecado pero no el pecador). Cuestión de usos culturales. Me aseguran también que en el discurso político de ese mismo país se dan un festín con el uso alternativo de los pronombres personales “yo” y “nosotros”. El yo se usa para marcar el principio que se debe seguir y el nosotros para demostrar que todos estamos convencidos de ese principio. Cuestión de gramática.

En alguna ocasión me han preguntado cómo abordar la enseñanza de los pronombres en nuestro idioma para los extranjeros interesados en estudiarlo y practicarlo (y para nuestros nativos también, diría), y yo, sin vacilar, he respondido: con los poemas de Pedro Salinas (1891-1951), el poeta de los pronombres: “Tú vives siempre en tus actos... Tú nunca puedes dudar” (La voz a ti debida), “La noche donde yo estoy ahora, donde tú estás junto a mí”  (Luz de la noche).

A mí me funciona en el aula su poemario tanto desde el punto de vista de la estructura como del contenido. Y en esas estoy, en la presencia y ausencia de lo pronominal.

En español los pronombres personales no son preceptivos salvo para marcar contraste, distancia, preminencia, énfasis, explicitar el sexo del referente, por cortesía o deshacer posibles ambigüedades cuando existen coincidencias de desinencias verbales.No sé qué pensar. Cada vez hay “menos nueces” en cuestión de pronombres.

¿Será por el influjo de otros idiomas en los que su presencia es de obligado cumplimiento?

Escuchamos y leemos muy a menudo más personalismo, un más acentuado individualismo, un mayor alejamiento entre el yo y el tú, el yo y el nosotros. Por supuesto el “ellos” lo vislumbramos en la lontananza.

El  lingüista Teun A. van Dijk (1943-) propone la no elusión del pronombre personal siempre que sea necesario y más en estos tiempos que no andamos para lucir corpiño calado, es decir, que el “ruido” pronominal resulta aconsejable y consentido no como mera fórmula sino como sistema, medio e instrumento de acercamiento y de inclusión al otro a él y al ellos.

Con alteridad sincera. Incluyendo.

¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!  (P. Salinas)

De la misma manera que el poeta se dirigía a su amada desde su yo incluyéndola en el nosotros. Silenciar, pues, ciertos pronombres aparta y divide.

Y una cosa trae la otra.

Mi primera visita a Dinamarca, fue a una universidad de Copenhague, invitada como charlista (aquí conferenciante) y llevé los usos de mi país: interactuar con el auditorio, pedir respuestas a preguntas nada retóricas, vamos, participación activa e implicación consciente del público.

Esto es como el que no sabe: que va a ciegas con una venda de yeso difícil de rascar.

Impartía una conferencia sobre cultura mediterránea (usos de pronombres, expresiones enfáticas, imperativos…) ante unas 100 personas: estudiantes de grado y posgrado y profesores.

Mi tono cambiaba según iba discurriendo la charla. Marcaba pausas –la importancia del silencio- para ver la reacción. Impasible el ademán. Seguía intercalando ejemplos y preguntas. Silencio. Atentos sí que estaban o simulaban estarlo. Sin ruido y sin que nadie abandonara la sala, a mí me estaba abandonando el ánimo.

Esto en España no me pasa, pensaba yo. Cuando lanzas una pregunta siempre hay alguien que está dispuesto a armarla, para pulsarte, para provocar al resto…con intención –buena o no- de dar vidilla a tu intervención.

Pasaban los minutos: modulaba la voz, me movía por el estrado y… parálisis general.

Acabó mi conferencia y aplausos. Protocolarios, pensé yo. Se abrió el turno de preguntas y solo tímidamente una profesora formuló una.

Y punto, fin del espectáculo.

La colega que me invitó a visitar su universidad quedó encantada; pensé que su deber de amiga la obligaba a ser condescendiente conmigo. Pues no. Fue sincera y me aseguró que yo podía estar más que contenta porque no se había salido ninguno (de madre, pensé). Nadie dejó la sala, y si hay algo que no les gusta, lo hacen saber. En silencio. Cuestión de culturas.

A partir de aquella ocasión, he tenido la oportunidad de acudir unas cuantas veces más a la capital del país nórdico y ya me advirtieron, entre otros parámetros culturales que iba cumpliendo a rajatabla, que si algún danés no tiene nada que decir, nada dice. Punto en boca. De nuevo el silencio.

No tengo tan claro si “muchas nueces”.

También me enseñaron algo muy útil allí, nada práctico en otras latitudes.

Y es que al realizar una pregunta he de fijarme en el leve movimiento de ceja de los participantes; tal gesto significa advertencia, discretísima desde luego (ante todo, no destacar) de que quiere decir algo y yo, atenta, me dirijo a esa persona y le doy la palabra. Si deseo continuar con nuevas preguntas, cuento 10 segundos, y si no hay reacción, a otra cosa, mariposa. Así va el tema por si se ven en una parecida.

Escribo estas líneas y sonrío sin poder evitarlo.

En España, cuando un ponente inquiere algo ante un auditorio, en una sala, seminario, aula…no hace falta ni levantar la ceja ni contar 10 segundos. Es más, aquí no levantan ni la mano (salvo los acodados en la barra del bar para ingerir el líquido elemento, en los tiempos en que la ausencia de restricciones lo permitía).

Lo que yo digo, cuanto más descendemos de norte a sur, nuestros tímpanos se acostumbran a sonidos difusos, deformes muchas veces: al ruido. Del silencio al ruido en una breve transición.

Se cumple eso de much ado about nothing. Convendría acompasar el ruido y las nueces en nuestro trato y tratamiento.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Un paréntesis y mucha resaca

Artículo que publiqué en 27 de diciembre de 2021 en El Obrero.  No caduca.  Hoy lo traigo a Palabradas-blog.

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Resaca tras la fiesta

Pasado el primer tramo festivo, con los estómagos llenos y la mente abotargada, iniciamos una nueva semana. La última de este mes de diciembre, la última de este año 2021.

Noticias, las justas, comentarios ajustados.

La pularda, el gorrín, algún marisco, dulces navideños, entrantes y postres, brindis, corchos por los aires, celebraciones, villancicos, regalos y detalles… tanto batiburrillo propio de las fechas nos tiene algo amordazados, comedidos, más o menos.

El discurso, la misa del gallo, felicitaciones, antígenos agotados, -test, quiero decir-, alka seltzer para las resacas, positivo en covid, día de la familia, colas en los hospitales, shows televisivos, reportajes, muchas selfis (por si las moscas)…para cuánto dan la noche del 24 y el 25 (sin rima, por favor).

Importante la precaución, claro que sí: no solo respecto de la orografía palmera sino de la salud personal y colectiva, también.

Convendría menos mensajes globales y abstractos, menos palabras grandilocuentes y una mayor concreción, más contenido y enjundia de compromiso. Implicación consciente: conceptos vagos y melifluos llenan el aire y se evaporan.

Advierto tono cansado, agotado, casi al borde de la extenuación; a pesar del “repetitio mater studiorum”, tengo la sensación de salmodia exhausta.

Parece que cuesta percibir la chicha de lo verdadero y de lo auténtico y no es que lo esencial se vea con los ojos del corazón, ocurre que ni atisbamos el meollo de lo que nos rodea.

Nos hemos calzado las gafas opacas y así resulta difícil avanzar; algunos hasta se han encajado atornilladas sus orejeras y ¡oye! “a lo mío, que ya tengo bastante!!

Desde las autoridades políticas hasta el último peón del tablero, todos debemos recuperarnos de esa resaca posfestiva y acentuar la intención (y la obra) de mirar y observar, atender y tender la mano. Crear una cadena día a día de solidaridad.

Minimizar daños colaterales, evitar riesgos innecesarios, enfatizar el sentido común…

Pocas declaraciones de líderes, reducidas intervenciones gubernamentales: estamos en un impasse de relativo descanso, en modo pausa por el momento; hay que retomar fuerzas y así emprender el siguiente tramo festivo y prepararnos para la próxima explosión y no me refiero a estridentes sonidos de matasuegras, campanadas más o menos discordantes ni atragantones de bayas.

Mientras tanto, casi asistimos a un clima adormecido, cruzamos los dedos (“virgencita, virgencita que me quede como estoy”) durante estos días –postreros- que nos conducen a ese ansiado 2022.

Por cierto, en un canal televisivo, de cuyo nombre no quiero acordarme, cierto tertuliano pontifica descalzo: sus zapatos reposan debajo de la mesa; igual se le han hinchado los pies…mucha resaca.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Tiempo sin tiempo

 

No tengo tiempo


Tareas, compromisos, estímulos que a lo largo de cada día se superponen sin pausa. Tiempo convertido en carrera constante, sensación de "no llegar", de estar siempre corriendo detrás de algo.

Seguramente el poema de Mario Benedetti describe eso que todo ello nos hace sentir.

Tiempo sin tiempo

Preciso tiempo necesito ese tiempo

que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Decido tener tiempo


martes, 23 de diciembre de 2025

La sonrisa

sonreir es bueno para la salud
(Colaboración de M. Regalado)

Escucho en la radio un programa de divulgación. Están hablando de “la sonrisa”. De la necesidad  -incluso vital- de sonreír.

Parece que, allá en el siglo XIX, el médico francés Guillaume Duchenne se interesó por la sonrisa humana y su  relación con determinados procesos neurológicos. Sus estudios le permitieron llegar a la conclusión de que hay cierto tipo de sonrisa, la genuina y sincera, capaz de activar los procesos intelectuales que se producen en la zona del córtex, generar endorfinas y conducir al individuo a un estado de mayor felicidad.

Y escucho que un niño sonríe unas 90 veces al día, que un adolescente lo hace del orden de 20 veces diarias y un adulto ¡ay, un adulto!, no llega a esa cifra y, además, sus sonrisas no siempre están originadas por una emoción grata, por una sensación placentera y satisfactoria.

Y, aunque sabido, me sorprende como si acabara de descubrirlo: en los comienzos de su vida el bebé no puede ver y en cambio sonríe. ¡Sonríe! Y es que la sonrisa es generada por una emoción, viene de dentro, no precisa de estímulos externos. No es tal que la risa o la carcajada, que precisan de un detonante externo que las provoque.

La sonrisa abre, abre siempre, nunca cierra puertas. Una sonrisa es bien recibida siempre, en cualquier situación. Siempre, si es una sonrisa sincera.

Expresamos con una sonrisa emociones muy diversas: encontramos la sonrisa tímida, la irónica, la sonrisa abierta, la sonrisa forzada, la complacida, la sarcástica, la sonrisa social, la sonrisa ¡sí! la que muestra afecto, y emoción, y amor…
una sonrisa no cuesta nada, pero crea mucho

Rompe hielos, abre puertas, crea confianza, destruye barreras. Sin necesidad de siquiera  una palabra.

Recordé aquel poema que leía en mi adolescencia (¿de quién era?): “Una sonrisa no cuesta nada pero crea mucho, enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la da (...) si alguna vez encuentras en tu camino a alguien que no sabe sonreír, regálale la tuya. Porque nadie está tan necesitado de ellas como aquél que no sabe darlas”.

Pero además -escucho- la sonrisa pone en funcionamiento entre 12 y 17 músculos de la cara ¡todo un fitness facial! ¿Qué crea arrugas? Sí, claro, sí, sí. Pero... quizá en este caso sea verdad aquello de que “la arruga es bella”.

¡Sonríe ahora! ¡inicia hoy tu plan de fitness facial!

sábado, 20 de diciembre de 2025

Trascendencia

 

Soltar, de jar ir, trascender
(De mi poemario "Quién me lo iba a decir")

La interrogación
busca el acento,
diferenciar la importancia ajena
de la identidad personal.
¿Ser? ¿Existir? ¿Buscar?
Y hallar un movimiento
de lo accesorio a lo esencial,
para impulsar
la compasión y aliviar
el dolor.
No hay remedio
en la compañía, sin amor
más allá de la constancia.
Trascender del control
para el equilibrio
y la confianza.
                Dejando ir,
                                     dejando.

martes, 16 de diciembre de 2025

Escribir poesía en tiempos de Ozempic

 

Foto de Angèle Kamp en Unsplash

Escribir para comunicar, para sanar, para compartir, para uno mismo y para los demás; para pasar a la historia, y quién sabe si a la eternidad, o para guardar todo en un usb que la posteridad, más cercana y familiar, descubrirá.

Escribir porque hay algo que contar, porque hay que sentir con los demás o porque conviene no refrenar el impulso de reconocerse.

Escribir poesía en la madurez vital con trazos de adolescencia prolongada; sin rubor ni temor de Dios: escribir poesía, aunque para algunos solo lo hacen las abuelas, a modo de pasatiempo cultureta, más femenino que varonil, es el Ozempic que se inyectan las estrellas.

Poesía desde Homero a Manrique, de Quevedo a Bécquer, de Florencia Pinar a Gloria Fuertes, De Idea Vilariño a Delmira Agustini.

Escribieron poesía con el auxilio de las musas, con la inspiración del momento y del sentir personal. Se concitaron Melpómene, Erato y Clio, Talía y Euterpe en un contubernio de risas satíricas y lamentos fúnebres, de elocuencia cómica y ritmos bucólicos.

Sin Ozempic.

En estos momentos de escualidez física y mental, triunfan frases más o menos poéticas, de rango solemne y atisbo sentencioso: Vive la vida a tope, Disfruta la vida, o A vivir que son dos días.


La escritura lírica no engaña y sí engancha, no niega y siempre afirma, es decir, acepta y consiente con una mirada complacida de quien lee sin tapujos, a corazón abierto.

La autora que suscribe estas páginas es más del siguiente imperativo: “Deja a la vida en paz”, que no sé si provoca una mueca de disgusto o falsea la realidad propia y ajena, con el deseo de firmar un pacto por la inmortalidad y la eterna juventud, incluso aunque los únicos firmantes de ese pacto sean líderes lamentables y perniciosos para perpetuar años de longevidad.

No así la poesía: hay quien afirma que los avatares históricos, las gestas heroicas (valga el pleonasmo) se olvidan antes que muchos versos de antaño, embriones de belleza, auténticos amantes benefactores en una promiscuidad literaria que no facilita la farmacopea por muy celebrada que sea.

Escribir poesía durante los años púberes o en la soledad senil de la que hablaba Góngora, permite cambiar y transformarse en cuerpo y alma y no por inoculación del pinchazo prometedor, sino para recordar qué es la lealtad, el desamor y la ilusión. La escritura lírica no engaña y sí engancha, no niega y siempre afirma, es decir, acepta y consiente con una mirada complacida de quien lee sin tapujos, a corazón abierto.

Quien escribe poesía realiza una ofrenda generosa, visible en el ara de rituales sociales sin imposición y sin dirigir voluntades ni esperar aplauso, ni resultados milagrosos. Tal vez mejore los niveles de azúcar en la sangre y pueda reducir el riesgo de eventos cardiovasculares serios; quizá puede ayudar a las personas, lectoras, a perder peso, a hacer su travesía cotidiana más liviana.

Rimar en asonante descoloca, imita una prosa en líneas cortas y cortadas, abruptas, de un lado al otro de la página; hacerlo en consonante ubica y posiciona, parece que da mayor y mejor sentido al poema de la vida.

Ni de viejas ni de jovenas (así, llana gráficamente esta palabra, como la pronunciaba mi abuela), escribir poesía consiste en jugar con las palabras, marearlas hasta hacerlas caer en una casilla incorrecta para que tomen aire y vuelen, con ganas y decisión, con elegancia. De eso se trata escribir poesía: elegir o escoger lo selecto y lo distinguido en la apariencia y en el comportamiento. Las palabras de la escritura poética refieren al aspecto, a la forma y la estructura y, por supuesto, al contenido, al meollo.

Algunas se evaporan y enmudecen, otras, más valiosas lo llenan todo de un poder inmisericorde que atrapan y entrampan, atosigan y sosiegan.

Escribir poesía supone frotar la lámpara maravillosa y que aparezca el genio o la “genia” para llevar al lector a un mundo imaginado, no necesariamente imaginario, un universo anhelado pleno de esperanza humana, sin riesgo de ataque cerebral, ni saciedad estomacal.

Escribir poesía, ahora y siempre. Inyección literaria sin efectos adversos.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Thamar y Amnon

Portada del primer Romancero Gitano de Lorca

Basado en el texto del Antiguo Testamento (2-Samuel/13), y en romance tradicional muy difundido, Federico García Lorca cierra su “Romancero Gitano” con este romance “gitano-bíblico”.
Nadie sino él podría conjugar ambas connotaciones en un solo poema. Nadie sino él podría reflejar a la vez lo popular y lo culto -y la fatalidad que recorre todo su romancero- de esta forma cargada de simbolismos en que el poema avanza, volviéndose más y más insoportable cada vez. Deseo, violencia, destrucción.


Thamar y Amnon (fragmentos)

(…)Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.
Amnón, delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana(…)

(…)Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.
Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas(…)

(…)Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.

¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesura de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas.
Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.
Paños blancos enrojecen
en las alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.

Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras cortó
las cuerdas del arpa.

(Lee AQUÍ el poema completo)

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Llueve (Fruslerías)

 

Llueve - fotografía de un día lluvioso
Foto de roman ten en Unsplash

Llueve.

Ya llueve.

Aún llueve.

Llevo llave.

Abre.

Abro

Orbe.

Mi orbe.

Arriba.

Arribo.

Una taza de té.


(Colaboración de M. Regalado)

martes, 9 de diciembre de 2025

"Las hogueras" de Concha Alós...

                                ¡un viejo Planeta para un libro viejo!


Las Hogueras, libro de Concha Alós

He vuelto a caer… fiarse de las solapas y de la sinopsis en la contraportada, me está conduciendo a una pérdida de tiempo irremisible y a un enfado gradual. Un completo desatino el último libro que he leído.

Casi nunca incurro en el despilfarro económico con el premio Planeta (ni en tapa dura ni en formato de bolsillo); de ahí la importancia del casi, porque en esta ocasión, de bruces me he dado con un título poco prometedor pero muy atractivo el señuelo -por eso se llama cebo- del argumento: dos mujeres que intentan encontrarse a sí mismas, cada una con su pasado y su presente, vidas anodinas, planas, sin destellos de interés ni gracia. No son ni tan siquiera normales: una exmodelo extranjera, sosa, casada con un hombre mayor desvaído, y una maestra de pueblo, soltera y cabreada, con modorra vital.

Viven en una localidad cercana a la capital de Palma. La lectura, tediosa; la escritura "viejuna". No hay tema que destaque: descripciones de la taberna y sus lugareños, los incendios veraniegos, el oleaje playero, callejeo turístico… piezas desdibujadas.

Y como todo Planeta, que se precie, la cosa se resuelve con un poquito de sexo (muy matizado y más imaginado que expresivo) y el trío que no falte: amante malote, que somete a la “modeli” insatisfecha, y maestro paternalista que deja plantada a su homóloga por otra mujer, pueblerina, para más señas.

Un rollo, por previsible y tostonazo.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Theodor Kallifatides

Una mujer a quien amar… (Me falta esa mujer)

Reseña del libro "Una mujer a quien amar"

He de reconocer que compré el libro, no por la trayectoria del longevo autor, sino por la sinopsis que aparecía en la contraportada. Muy sagaz quien redactara la misma, porque caí en la trampa.

Un libro espeso que se digiere con esfuerzo, con sensación pétrea que tal vez se deba al aire de la traducción o a la inercia paralítica de lo que acontece, que es poco y sin interés.

Esperaba que Olga, la supuesta protagonista se izara sobre los datos biográficos del escritor: una amalgama inconexa que da rienda suelta a su calentura mental desde Suecia hasta su añorada Grecia; un libro en el que su creador se justifica constantemente: por qué abandonó su país, por qué abandonó su lengua, por qué se quedó en el norte de Europa. Al final nos hace creer que encuentra un sentido a su vida, a su existencia: Olga, muerta, la mujer a quien amar, a la que no puede dejar sola en esas tierras.

El lector quizá espere más contenido del encuentro entre ella y él, más momentos vividos, hablados y compartidos entre una y otro.

Pero no hay tal ilusión.

Tira del hilo del recuerdo para hablar del vínculo con su madre, -hay algunos párrafos salvables en este sentido-, para describir a sus hermanos -pintura tediosa de ellos-, para sobrevolar su matrimonio… páginas desaprovechadas de un título que prometía y que se reduce a pensamientos deshilvanados de aquí y de allá.

Por eso, yo sigo preguntándome: ¿Dónde está Olga?

domingo, 30 de noviembre de 2025

El volcán

 (de mi poemario "Deja a la vida en paz")


Volcán

Costó entrar.

El vendaval de pasiones impedía

el camino,

pero los meandros de su memoria

allanaron la travesía.

Dormida, esperando,

ahogada en sueños, llegó la sed que calmó

con la luz.

La piel le quemaba el grito

mudo

que irrumpió de las entrañas,

insaciable

y sin quiebros.

El destino,

salvaje y turbulento,

explotó

voraz.

Se rompieron laderas y curvas,

dibujaron figuras

indescriptibles,

dolor

y aroma,

violencia

y emociones.

Estallido inaudible

que inundó la naturaleza.

Todo fuego,

todo lava.

La nada, sepultada.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Mirar atrás

 

(Colaboración de M. Regalado)



La mujer de Lot, convertida en estatua de sal

Al principio,
temí ser castigada cual la mujer de Lot
y sostuve al frente mi mirada.

Supe después
que mirar hacia atrás se llamaba «experiencia»
y que debía saber utilizarla al paso.

Hoy sé
que nada ocurre,
que mi piel
seguirá siendo piel y no salina,
si un día me detengo y, terca mi memoria,
me devuelve a otros tiempos,
a otras horas,
a otros cauces por los que discurría.

Y sé también
-eso es lo malo-
que para nada sirve la llamada «experiencia».
Y que puedo volver
y vuelvo y vuelvo
¡qué renovada terquedad la mía!
con el mismo entusiasmo
a errar del mismo modo.