Palabradas blog
Página de la escritora Pilar Úcar
viernes, 24 de abril de 2026
miércoles, 22 de abril de 2026
lunes, 20 de abril de 2026
sábado, 18 de abril de 2026
jueves, 16 de abril de 2026
martes, 14 de abril de 2026
domingo, 12 de abril de 2026
Los poetas y abril
(M. Regalado)
Todo florece, todo se abre. Como escribe Antonio Machado: “Abril florecía frente a mi ventana…”. O como
lo hacía Juan Ramón Jiménez en ese su tono sereno: “¡Qué paz, abril!”.
Luz, calma, comienzo…
Pero no siempre es así. Hay también un abril incómodo,
incluso inquietante. Como lo siente T. S. Eliot:
“Abril es el mes
más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.…”.
Parece decirnos que renacer no siempre consuela, sino que a veces despierta lo que estaba dormido. Y entonces, Abril, no es solo belleza, también es memoria. Amarga. Memoria amarga.
![]() |
| Imagen: Jardín vertical - Parque Santander - Archivo personal |
Entre esos extremos se mueve el sentir de los poetas sobre
abril. Puede ser el aire tibio y vivo que describe Federico García Lorca:
“Salen los niños
alegres
de la escuela,
poniendo en el aire tibio
del abril canciones tiernas.”
o puede ser una
emoción difícil de nombrar. Quizá por eso abril vuelve una y otra vez a los poetas
y a sus poemas: porque este mes no se explica del todo, más bien se siente. Y una
sensación así siempre acaba buscando palabras.
jueves, 9 de abril de 2026
Houston, tenemos un “marrón”
“El inodoro del Artemis II tenía un problema”, informaba The New York Times en su edición digital.
Durante
varias décadas hemos estado perfeccionando motores capaces de desafiar a la
gravedad terrestre, algoritmos que calculan trayectorias interplanetarias, y
materiales que resisten al vacío, a la radiación y a temperaturas imposibles… pero
seguimos siendo vulnerables a una tubería caprichosa.
Y
es que sí, es verdad: aspiramos a colonizar otros mundos, pero no somos capaces
de superar lo más básico. La biología sigue teniendo la última palabra. El
cuerpo humano, con toda su fragilidad, nos recuerda que antes de ser
exploradores del cosmos somos organismos sujetos a... Los organismos, por muy heroicos que se
crean, están sujetos a cosas muy poco heroicas.
Da
igual si eres ingeniero aeroespacial con tres doctorados, mecánico de
mantenimiento o astronauta a punto de hacer historia.
Yo
encuentro en ello algo casi poético. Imagina la escena: un cohete de miles de
millones de dólares, ingenieros en salas de control con numerosas y enormes pantallas,
cálculos perfectos… y, en algún punto del sistema, un problema relacionado con
algo tan poco glamuroso como evacuar.
Puede
que nuestro verdadero límite en la exploración del espacio no sea la velocidad
de la luz, ni la distancia de las galaxias, sino la apabullante realidad de que
seguimos siendo criaturas con necesidades básicas. No importa cuántos
kilómetros recorramos hacia arriba: seguimos atados a lo que ocurre hacia
abajo.
Así
que la próxima vez que mires al cielo y pienses en la grandeza que supone la
exploración espacial, recuerda que: podemos rozar las estrellas, sí… pero
siempre habrá un momento en el que alguien tenga que preguntar, con toda
seriedad científica:
“¿Funciona
el baño?”
(M. Regalado)
martes, 7 de abril de 2026
Visita académica al ISIT: reflexión sobre el discurso político actual
Durante su estancia, impartió dos conferencias dirigidas a estudiantes de Relaciones Internacionales bajo el título “El discurso político y los oradores en la actualidad. Técnicas de expresión oral”.
En ellas, la Profesora Úcar trató aspectos
fundamentales de la comunicación política actual, tales como las tácticas que
los líderes políticos utilizan en sus discursos para atraer la atención y crear
audiencias cada vez más amplias y más diversas.
Las sesiones finalizaron con un fructífero debate que giró en
torno a la ética del discurso político y su poder de persuasión.
Esta visita no solo fortaleció los vínculos académicos entre instituciones (tal como apunta el Departamento de Comunicación de Comillas), sino que también ofreció a los estudiantes la oportunidad de profundizar en el análisis crítico de la comunicación política actual.
(En la imagen, la Profesora Úcar y la Responsable del área de Lenguas Modernas, Profesora María José Hernández.)
lunes, 6 de abril de 2026
“Clôture de l’amour”:
un nuevo escupitajo dramático de Pascal Rambert
Leo en francés el título de Pascal Rambert "La clausura del amor", traducción que no me gusta mucho; quizá fuera mejor “se nos rompió el amor” tan melódica, tan cantable en karaokes.
Lo malo de conocer algún título de un autor es la expectativa: volver a un escritor que nos gustó en su tiempo (remito a la reseña de Hermanas) crea ciertas esperanzas e ilusiones en su lectura. Es lo que ocurre con Clôture de l’amour: una pareja Stan y Audrey, solos, enfrentan su ruptura, por partes: primero el monólogo de él y a continuación a modo de réplica ella.
Él aturullado, a trompicones, repetitivo en bucle, abusador, violento… un pobre diablo, sinvergüenza, acomplejado (hoy diríamos tóxico) escupe su ignorancia interior, su descontento, su falta de acomodo en el mundo, en su mundo y en el de su pareja; para mí un auténtico lerdo, un paleto a pesar de salpicar su intervención de citas clásicas, igual que ella; aparecen nombres de artistas clásicos, figuras mitológicas…
Vamos, que, si el dramaturgo pretendía dotar de verosimilitud a la separación de la pareja protagonista, erró el tiro: muy poco realista la historia a la que asistimos con tensión muscular; se trata más bien de la excusa, del subterfugio literario de un hombre y una mujer para enhebrar temas sobre la vida, el amor, el trabajo, el tiempo, la dignidad, la entrega, la abnegación… y mucho más, un texto con pretensiones filósoficas, algo tostón, del que se deriva una sensación de “déjà vu” pero en mejor: Arthur Miller, Unamuno, Carmen Laforet…
Siguiendo los patrones estilísticos del autor, muy escenográfico, aludiendo siempre a quienes pudieran asistir, mudos e impávidos a los monólogos imprecatorios de uno y otra.
Aspavientos verbales, logorrea inusitada, agotamiento léxico, vomitera desde las tripas; parecemos estar en un frontón en cuya pared rebota una y otra vez la pelota de la culpa, el insulto, la pérdida del sentido humano, en un claro ejemplo de demostrar el valor de la palabra: si no se pronuncia no existe la realidad, aseguran. Lo dudo, añadiría yo.
Un libro, muy breve, pero intenso donde la destrucción absoluta campa a sus anchas.
Puentes, pantanos y mucho más
Ponga un ingeniero en su vida
Yo no aprecio la diferencia
entre una presa y un pantano, entre un pantano y un embalse y creo que en
alguna ocasión me la han llegado a explicar: mi mente para estos asuntos se
obstina y se muestra cerril y no tengo la capacidad abstracta ni memorística
para atisbar que son construcciones de ingenieros, pero con sus propias
características.
El “pántano” que más cerca me
pilló siempre era el de Yesa: sí, “pántano” como decía y dice mi madre en un
claro fenómeno de ultracorrección lingüística, y me lo explicaba convencida de
mi error al intentar enmendarle la plana: si yo me empeñaba en pronunciar
pájaro y ella siempre había dicho “pajaro” pues con pantano, al revés:
“pántano”.
En fin, que esa gran obra de
ingeniería se llevó por delante las huertas, los caminos, las fuentes y los
árboles de muchas familias navarras y aragonesas en beneficio de otras, claro.
Luego conocí el embalse de Contreras, otra gran obra de ingeniería, durante mis múltiples viajes a la
Comunidad Valenciana.
Y puentes: cuántos puentes en
Extremadura, por ejemplo; cruzarlos y disfrutar de ellos en Mérida. También
otra gran obra de ingeniería.
En las familias “bien” las
madres querían un yerno ingeniero -preferiblemente industrial, de los de toda
la vida-; era de buen tono y garantizaba a la joven maridada un pecunio sin
mengua y un resplandor social también.
Si hasta la Academia de la
Lengua lo aconseja, al definir esa ciencia como un conjunto de conocimientos
orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de
los recursos naturales o la actividad industrial.
Y ya se habla de “ingeniería genética”; conmigo sí que se emplearon a fondo: un poco de manipulación, algo
de técnica, calibrado de ciertas piezas, superada alguna que otra carencia y
salvando varios defectos…¡¡Ça y est!! Una auténtica obra de ingeniería.
Algo de eso nos hace falta hoy
en día: tender, crear, construir puentes y pantanos para que fluya la corriente
y el buen sentir. Para compartir y vivir en comunidad apostando por el bien
común, valga la redundancia. Convendría una proeza de ingeniería financiera
para tiempos presentes y venideros ahora que dedicamos tanto afán a la
ingeniería robótica y a la química.
Me malicio que es difícil
estudiar y practicar la ingeniería social: eso sí que supondría un auténtico
prodigio de urbanidad, de voluntad y altura de miras.
Desde las aulas de las
escuelas técnicas y superiores, desde los laboratorios de Metrología… Ojalá
volviera el NODO a nuestras pantallas y viéramos muchas inauguraciones de
puentes, pantalanes, naves, nuevas redes de transporte, espigones, muelles,
orillas unidas y extremos desvanecidos, innovadores proyectos y humanitarios
planes y sobre todo: pasarelas, muchas pasarelas. Transparentes para vernos
mejor y para comunicarnos más.
Lo dicho: un ingeniero en
nuestras vidas. Lo hizo hasta la Virgen María con san José, patrón de los ingenieros (industriales).
domingo, 29 de marzo de 2026
"La pedrada"
Mi primer contacto lector con la poesía, y también el origen
de este posterior gusto mío por leerla y escribirla, se remonta allá a mis siete, ocho años. Cuando íbamos a visitar a mi abuela, uno de los libros que
había en su casa en aquel pueblecito del campo charro salmantino, era el titulado “Poesías completas” de Gabriel y Galán (salmantino
también)
Yo lo leía y me atraía especialmente porque, más allá de
aquella entonación cantarina que mentalmente yo le daba a los versos, no la
percibía como poesía, sino como algo muy cercano al relato: eran pequeñas
historias, había personajes, acciones, situaciones que yo podía reconocer.
Podía seguir aquellos poemas casi como si estuviera leyendo un cuento. Terminé
recitando de memoria unos cuantos. Aún los recuerdo…
Es verdad que palabras tales como “sayón”, “precoz”, “sublimó”…
ni las conocía ni sabía aún deducirlas por su contexto, así que con ellas
acudía yo a mi abuela en busca de ayuda.
Porque es oportuna en estas fechas, dejo aquí este fragmento
de “La pedrada” que, junto con “Mi vaquerillo”, eran las que más impactaban mi
imaginación infantil.






