en el Teatro de la Comedia de Madrid
Mira que prometí cerrar temporada
teatral con el despropósito de El escondido y la tapada de Calderón; pues no,
no hay manera de clausurar mi visita a este viejo corral de comedias y ahí
estoy, un domingo 17 de mayo a las 20.00 ante la puerta de entrada con un público
mayoritariamente femenino (pego la oreja entre la multitud y oigo a un varón que
le dice a otro: “¿ves? Esto es cosa de mujeres” no sé si con paternalismo, displicencia
o desprecio se referían al público o al título de la comedia del Fénix).
Cuando era estudiante de
Filología, aprendí que este Monstruo de la naturaleza escribía a diario pliegos
y pliegos en una actividad desenfrenada, y que firmaba obras y obras de su puño
y letra que hacían gracia, mucha, a sus coetáneos.
Siempre sospeché que ni escribía
tanto, ni firmaba tanto… el día tiene 24 horas y a él se le iban volando entre
pendencias, destierros, abandono del lecho conyugal, arrepentimiento conventual
y batallas militares… esta obra de sesgo feminista, dice el programa y la
crítica, ni es feminista ni nada que se le parezca. ¿Lope de Vega feminista?
Para partirse de risa.
¿Empoderamiento de la mujer? No
se lo cree ni Laura, la protagonista, una petarda muy pesada y aburrida, cuya
actriz lee mal el texto y lo interpreta peor, ni las dos sirvientas de
ringorrango, ni el secretario (un Secun de la Rosa en su línea de gran actor)
ni el público, que se troncha, y yo no.
Me parece una chabacanada la
puesta en escena, el parchís viviente que lucen con el vestuario paupérrimo los
actores, la mariposa del final que parece hecha con retales de parvulario para
el día de la madre, o del padre, que no vamos a hacer distingos.
La acústica mejorable, los
movimientos en el escenario, torpes, los gags al compás de la música, de una
simplicidad ramplona…
Y a pesar de todos esos peros, el
teatro hasta la bandera, la gente se lo pasó muy bien y yo me fui, agotada y
decepcionada.
¿Será por mi edad? ¿Porque ya he
visto mucho teatro?
No es un gran descubrimiento esta
obra de Lope, que lo mismo la escribió alguien de su escuela, un “negro”
anónimo, al que pagaba o no.
Quien no vaya a verla, no se va a perder nada. Mejor una serie de televisión, una cerveza 0.0 en la terraza o un libro a la sombra, por los calores que se nos vienen ya, como cada mes de mayo, por cierto.

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