viernes, 29 de mayo de 2026

Lanza tu pan

                                 de Alice Rivaz


Es curioso que este libro cuyo título resulta singular, acabe con las palabras del Eclesiastés “lanza tu pan sobre el agua”. No sé si hacen referencia a la generosidad y a la recompensa de las buenas acciones, porque lo que el lector encuentra en las 257 páginas de líneas apretadas y contenido intenso es la vida de Christine (¿trasunto de la propia autora?) traspasada por la relación que mantiene con su octogenaria madre: despótica anciana intratable, ante los desvelos de su hija, jubilada, soltera y que ha renunciado a su vida afectiva y amorosa por atender la decrepitud de la señora Grave.

Aunque la protagonista parezca de una abnegación insoslayable y magnánima, desde el principio es crispante, incapaz de decidir, solo callar, débil, sometida a los convencionalismos sociales, dubitativa y de una ceguera palmaria. Se trata de una historia de obligaciones de hija única a quien le ha dado todo, supuestamente. Porque la vejez se lo está cobrando con creces: gritos, tiranía hacia una obediencia cerril, remordimientos y recriminaciones, recuerdos de un padre tiránico.

En definitiva, una vida burguesa atormentada y estéril.

Inefables son las páginas -más de cuatro- dedicadas a los intentos de Christine para que su madre se ponga la toquilla; a punto de dejar el libro en la página 90, porque en suma, contemplamos una historia pretérita en el tiempo, pero actual y presente: cuántos casos conocemos de hijas -a los varones no se les exige esta pleitesía- que mueren en vida cuidando a sus madres, sin posibilidad de vivir su propia existencia, de asistir a afectos malogrados, de cancelar expectativas y de abortar esperanzas.

Algunos han comparado la redacción de su autora a la de Annie Ernaux; tal vez, solo que la francesa en menos páginas expresaba más, y la suiza se explaya en el dolor anímico,  innecesario, desde mi punto de vista: breves pinceladas serían suficientes.

Libro recomendable para leerlo con tiempo y ganas.

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