sábado, 9 de mayo de 2026

El escondido y la tapada de Calderón de la Barca

                                                           Un desacierto de texto y representación

El escondido y la tapada

A diferencia de lo que dice el programa, sostengo lo contrario: esta obra del octogenario áureo debería haber quedado escondida y tapada bajo muchas capas freáticas.

La joven compañía nacional de teatro clásico representa una comedia de enredo con bastante poca fortuna, mala dicción de verso, algún que otro trastabilleo fonético y escasa tensión. Escueto interés el argumentario de unos personajes-tipo de los que construye don Pedro para tener sus momentos terapéuticos y aliviar su conciencia o escupir rencores familiares.

Entre Lisarda, a la que no se entiende prácticamente nada y Mosquito, el bufón asustadizo con cierta gracia, hay un elenco de actores y actrices todavía por cocer.

Cuestión de práctica, ensayos y tiempo.

Cuando alguien se siente incómodo en su asiento, algo no está funcionando: y en esta ocasión, después de una hora (confieso que hubo momentos en los que cabeceé) no pasa nada: todo es plúmbeo, ni los cánticos del coro de tapados, ni el mamotreto de escenario en módulos “lego” y sofá de Ikea que van y vienen con pesadez según ocurra la escena. Todo pequeño, todo muy pegado, todo muy pesado.

Un completo aburrimiento para la tarde de un domingo veraniego, cuya temperatura en el exterior invita a pasar más rato fuera que congelados en el teatro por el aire acondicionado.

Un error del autor, de la dirección y de la versión.


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