¿reparación visible? ¿”visibilización” reparable?
(De mi libro "Cajondesastre")
No pretendo con estas líneas agitar el avispero, ni resolver dudas o preguntas inquietantes y ácidas; tan solo y, no es menor el objetivo que ocupa el presente artículo, reflexionar “en voz escrita” y compartir con los lectores un runrún que me desasosiega hace tiempo.
Hoy
por hoy, la polémica acerca de la inclusión lingüística persiste: a ratos con
fuerza mayor o menor, según y cómo convenga, principalmente a los medios de
comunicación, garantes de la información no sesgada, pertinente y correcta. En
teoría.
Más
allá del juego paronomástico que anticipa el título, la situación no deja de
tener su enjundia: cuando me preguntan
si yo soy inclusiva en mi comunicación, en la interacción social con los otros
(valga el énfasis) no puedo evitar el susto y la sorpresa.
Y
acude, en ráfaga, una serie de fotogramas confusos al magín propio, que debo
dar forma consistente, lo más rápido posible, porque si advierten duda,
silencio o cierta pausa, en modo “me lo estoy pensando”, sospechan de mi
solvencia profesional como especialista en Lengua, española, por supuesto.
Así
que un argumento posible, que no a todos convence, es acudir a la RAE, y
explicar que la normatividad, clásica, asegura que el género gramatical no
marcado es el masculino.
Ahora
no es tan efectiva ni tranquilizadora dicha respuesta, dado que existe una
corriente muy activa que propone la modernización y coherencia con la realidad de
una institución garante de limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma.
Hace
unos años, y en nuestros días también, se puede optar por la @, signo sin
materialidad fónica: a ver quién pronuncia “bienvenid@s” (curiosa grafía porque
visualmente se atisba una -a) o bien por la x (de nuevo, invito a leer, por
supuesto, en alta voz: “bienvenidxs”) y ya hay conferencistas, profesores y
políticos, por ejemplo, que su alocución, oral, claro, la formulan con la
desinencia -e: “todes les chiques”.
Soy
consciente del esfuerzo estudiado y practicado que se realiza en esa
circunstancia para no descabalgarse de tal “expresionario” y que no se cuele,
como si fuera un gazapo, el binarismo gramatical. Me malicio, que de seguir una
charla, un coloquio, debate, lección… con la terminación -e, el auditorio está
más pendiente del error en que pueda incurrir quien así decide comunicarse, en
la carcasa, que en el contenido, en la sustancia.
Y
adivino sonrisa sardónica, ceja levantada hacia la persona y su personalidad
que de tal modo se expresa.
La
intención es legítima, la de plasmar la “visibilización” de todos, todas, tod@s,
todxs, (prueben a escribir la @ y la x, y desaparece la naturalidad,
cuesta, hay que pensar y el corrector nos lo marca con la culebrilla púrpura,
disonancia gráfica, sin duda) o todes.
De
acuerdo que el lenguaje refleja la realidad y la realidad ha de verse reflejada
en su espejo; de acuerdo que significante y significado se refieren a la
sociedad y a su avance, al progreso y a su evolución. La comunicación, por
tanto, ha de acomodarse a los nuevos tiempos, pero ocurre que las velocidades
son diferentes y para cuando el idioma manifiesta una novedad, justa,
seguramente, un cambio y una modificación en su estructura superficial, esta
queda obsoleta como si de una antigualla se tratara.
La
fugacidad del tiempo, su instantaneidad nos obliga a estar en guardia, atentos
y reaccionar con rapidez. Y no siempre atinamos.
No
obstante, ya son muchos que ponen “pie en pared”, o dan “manotazo en la mesa”,
desean revalidar la “transparencia”, la visibilidad que rescata de la sombra y
del escondrijo para reparar situaciones asimétricas y desajustes históricos.
Mucho
habría que hablar sobre la visibilidad de la terminología en las profesiones
desempeñadas por féminas; y me gustaría formular estas preguntas: ¿las mujeres
que manejan una aeronave se autodenominan “pilotas”? ¿Las mujeres que ejercen
su trabajo en el ministerio fiscal, se llaman a sí mismas “fiscala”?
Es
cuestión de economía, tal vez, el tiempo es oro y desglosar, desdoblar,
dividir, englobar, incluir… es muy trabajoso y ya sabemos que el tempus
fugit.
Queda
mucho camino por recorrer en esta fugacidad vital, principalmente en lo que
afecta a colectivos vulnerables, marginados e invisibles a lo largo del tiempo
que hoy pugnan por emerger, por saludar su presencia.
Seguro
que hace ya muchas líneas se han dado cuenta que la que
suscribe este contenido ni ha desglosado, desdoblado, dividido,
englobado o incluido a todo el universo genérico.
He
iniciado el artículo “atizando un zasca” a mano abierta, a los medios de
comunicación: juzgan, opinan y critican, pero ellos mismos y sus representantes
se rasgan las vestiduras si han de utilizar cualquiera de los signos que
venimos describiendo. Lo dicho, la economía y la rapidez, la urgencia y la
inmediatez poco o nada favorecen el reposo de una información inclusiva que
abarque a todos, todas, todes…
Tengo
tan interiorizado el género no marcado gramaticalmente que su desinencia -o
anula al resto.
Conste
que la intención ha sido la que anuncié al principio: en ningún caso dar
soluciones en tono admonitorio… siempre compartir para reflexionar.

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