lunes, 26 de octubre de 2026

El universo freudiano de Dalí en el Thyssen

 

El universo freudiano de Dalí

Acontecimiento otoñal en el Thyssen. 
Alrededores saturados de turistas, circulación viaria complicada, manifestación a favor de las pensiones, bocinas, gritos, caminar lento y pasos cortos. Gente, mucha gente.

El museo hasta arriba de visitantes para ver a Dalí. A mí me satura, puede más el personaje y su figura aparente y oculta que su obra. Exuberante, escultural, afrodisíaca, cansina por repetitiva, mitológica, somnífera… pura hartazón.

Recorro las salas tres veces de principio a fin y vuelta a empezar, viendo sus cuadros desde la distancia, sin acercarme porque me aburre. Contemplar los detalles se lo dejo a quien quiere observar el pincel y la línea, el rasgo mínimo y el color plano. El silencio y el ruido que provocan sus pinturas llenas de huecos y cavidades por donde se escapa la tramontana y soplan sus sueños.

Páramos surrealistas, cuerpos abiertos en canal, vísceras al aire y ojos que no ven o que solo intuyen. Acuden Freud, Stefan Zweig… y Lorca y Buñuel. Vaya contubernio en la residencia de Estudiantes; la “chupipandi” de amigos y de relaciones a dos y a tres bandas, a ratos y a golpe de ánimo personal.

Yo advierto multitud caótica en un cerebro límbico atormentado, enloquecido, errático.

El sofá-boca que se exhibe en una de las salas bien podría ser el diván donde psicoanalizarse el artista, provocador, inagotable y para mí… cansino.

Una de esas exposiciones inevitables, pero si no se visita, tampoco vamos a padecer FOMO.

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