domingo, 25 de octubre de 2026

El padre infiel, de Antonio Scurati

El padre infiel

Me regalan este título y me dicen: “estoy haciendo espacio en mi casa y si te digo la verdad, no sé de qué va el libro; esa es la huella que dejó en mí”.

Lo atrapo al vuelo y sus casi 240 páginas de letra menudísima y apretada, sin diálogos ni párrafos, prometen. O eso parece.

A partir de la página 160 me dedico a la inclinación y leo de soslayo con un ojo muy hábil lo que resta del contenido: plúmbeo, pétreo, marmóreo… le caben todos los adjetivos tediosos.

Y eso que al principio pensé que tenía algo de atractivo: ciertas frases, algunas imágenes, un aire filosófico… el protagonista, Glauco, milenial “cuarentero” casado con Giulia y padre de Anita una niña de tres años, describe su calentura mental.

Desde sus estudios universitarios hasta su decepción por no conseguir la estrella para el restaurante heredado de su padre en la ciudad de Milán durante la primera década de esta centuria.

No sé si echa de menos su juventud alocada, o el sexo que le niega su mujer después del parto o es un peterpán infiel que siente remordimientos solo ante su hija. Y no va de lealtades la trama sino de monotonía vital. De hastío conyugal.

¡Qué bien ha hecho mi amiga en desprenderse de él física y mentalmente!

Infumable. A mí me ha servido como ejercicio de concentración. Tengo el cerebro frito del esfuerzo, pero no he perdido el tiempo dedicado en las postrimerías estivales porque así he puesto en marcha las neuronas, algo relajadas en estas semanas de vacaciones.

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