(Foto: Auditorio Nacional - Archivo personal)
El sábado 19 todo era nuevo en el Auditorio Nacional, bueno,
casi todo.
Mikel Urquiza (compositor de edad desconocida) estrenó su
obra Deseo tomó delicia. Solo diré: ¡¡qué educado el público que asistió!!
Nuevo el director, Kent Nagano va a dirigir a la OCNE esta
temporada recién inaugurada, y sabiendo la que se le venía encima tras los 10
minutos de algo indescriptible, decidió, sin descanso ni posibilidad para
abucheos, dar paso a un Mahler que nos puso a todos en pie al final de
una Segunda inefable.
Siempre me pasa lo mismo: me invitan a Mahler, y acudo sin
pensarlo, y en cuanto empiezan los primeros compases, ya me he arrepentido.
Me cuesta entrar, acomodarme a sus movimientos, a sus
silencios y a su estruendo. Han de pasar minutos, y no pocos, hasta que mi
cerebro se acostumbra a una solemnidad digna de un músico que me sigue
inquietando.
Metida ya en sus pentagramas acabo sucumbiendo y afirmando
que sí, que merece la pena el agotamiento con el que terminan mi cuerpo y mi mente.
Larga vida al compositor dirigido por una batuta de
milimétrica técnica.

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