… ¡¡qué necesidad!! (ninguna)
Me
regalan este libro y oigo que tuvo cierto éxito en 2024. Su primera edición de
1952 y se han sucedido varias a lo largo de varias décadas.
Las
primeras 40 páginas las leo completas y, hasta el final, sobrevuelo las otras
45 restantes. Paseo el ojo por las parrafadas más o menos introspectivas,
monólogos de niño en verano, invierno y vuelta a un nuevo estío adolescente.
Con la sombra, el recuerdo y la presencia de Helena, desvaída y difuminada,
ambigua y aburrida. Como él, un protagonista (trasunto del autor) melancólico,
aburguesado, confundido, niño bien de la posguerra. No resultan de interés ni
el contenido, ni el estilo. El diplomático quiere dejar clara huella de su
cultura clásica y mezcla en medio de ensoñaciones de siesta o descansos en la
hierba y en la arena, remedos de algunas escenas pastoriles y cándidas y otras
funestas: su amor, Helena, convertida en cabrera (desnuda, eso sí, como él),
vergeles, banquete y hasta una guadaña. Too much.
Y
yo me planteo: ¿Por qué La colmena hoy interesa? ¿Por qué Historia de
una escalera atrae también? ¿Por qué La Virgen de Antioquía
conmueve?
Pues
eso… Julián Ayesta y su obra, escueta y prescindible, pasará a la historia sin
pena ni gloria.
(En
mi propósito de darme un atracón en vena de Milena Busquets, -como y anticipé- se
han cruzado dos lecturas que me han distraído mi objetivo. Vuelvo por mis
fueros a los libros de la catalana, que no debería haber interrumpido).

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