lunes, 29 de junio de 2026

El fútbol y los "unga unga" (III)

De clubes, federaciones y publicidad: más “unga ungas”: Todo por la pasta



Los clubs de fútbol

Fácil sería empezar esta tercera entrega de mi serie dedicada a los “unga unga” en el fútbol recordando aquel 20 de agosto de 2023. 

Rubiales fue un gorila como siempre lo había sido, -¿o nos creemos que fue un impulso, en modo desodorante de los años 60?- Y actuó igual que quienes lo rodeaban: lo aplaudieron, le dieron palmaditas en el avión de vuelta, y canturrearon el triunfo todo el coro de señoros que lo auparon. Las federaciones futboleras son un gallinero, de gallos, quiero decir, y el que cacaree más alto y desentonado, capón en la cresta. Todo por la pasta, la fama, la foto, el poder y porque aquí se hace lo que me sale de los “güevos”, que también se los tocan y colocan a placer.

Es el mundo de la jerarquía institucional: desde el club que ansía líneas, columnas y portada en los medios; ahí se disputan el estar y el aparentar empresarios de tres al cuarto, politicastros, constructores, actores con ínfulas de deportistas frustrados… insisto, todo vale por la pasta. Da igual que sea un club local, de los que juegan el sábado en un espacio cedido por el colegio municipal de turno o el domingo en un patatal; triunfar para estar más cerca del poder económico de los federados; la de reuniones a puerta cerrada o en terrazas hoteleras o en piscinas de urbanización selecta que se han celebrado entre los gerifaltes para poner a favorecedores de la cosa y quitar a elementos molestos. 

Hay que cuidar la imagen nacional y foránea y establecer redes y vínculos con la extranjería potentada: inventar un relato, crear eslóganes, diseñar campañas de publicidad que traspasen nuestras fronteras y que atraigan a los peces gordos de países de cuento. Y si por el camino, nos llevamos algo, mira tú, ¡qué bien! 

Todo este elenco de protagonistas se caracteriza por su cortedad lingüística, entre “amiguetes” (y pillastres) anda el juego: a ellos les gusta más lo gutural, gestos y señas, guiños de compinches. Imbuidos de atavío más o menos cuidado (traje, corbata) cuando se desencuadernan son auténticos patanes, burdos y soeces, vamos, como en la intimidad: para qué disimular. 

En definitiva, chorizos “unga unga” con caspa. Y todo… pa la bulsaca.

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