De
clubes, federaciones y publicidad: más “unga ungas”: Todo por la pasta
Fácil
sería empezar esta tercera entrega de mi serie dedicada a los “unga unga” en el
fútbol recordando aquel 20 de agosto de 2023.
Rubiales
fue un gorila como siempre lo había sido, -¿o nos creemos que fue un impulso,
en modo desodorante de los años 60?- Y actuó igual que quienes lo rodeaban: lo
aplaudieron, le dieron palmaditas en el avión de vuelta, y canturrearon el
triunfo todo el coro de señoros que lo auparon. Las federaciones futboleras son
un gallinero, de gallos, quiero decir, y el que cacaree más alto y desentonado,
capón en la cresta. Todo por la pasta, la fama, la foto, el poder y porque aquí
se hace lo que me sale de los “güevos”, que también se los tocan y colocan a
placer.
Es
el mundo de la jerarquía institucional: desde el club que ansía líneas,
columnas y portada en los medios; ahí se disputan el estar y el aparentar
empresarios de tres al cuarto, politicastros, constructores, actores con
ínfulas de deportistas frustrados… insisto, todo vale por la pasta. Da igual que
sea un club local, de los que juegan el sábado en un espacio cedido por el
colegio municipal de turno o el domingo en un patatal; triunfar para estar más
cerca del poder económico de los federados; la de reuniones a puerta cerrada o
en terrazas hoteleras o en piscinas de urbanización selecta que se han
celebrado entre los gerifaltes para poner a favorecedores de la cosa y quitar a
elementos molestos.
Hay
que cuidar la imagen nacional y foránea y establecer redes y vínculos con la
extranjería potentada: inventar un relato, crear eslóganes, diseñar campañas de
publicidad que traspasen nuestras fronteras y que atraigan a los peces gordos
de países de cuento. Y si por el camino, nos llevamos algo, mira tú, ¡qué bien!
Todo
este elenco de protagonistas se caracteriza por su cortedad lingüística, entre
“amiguetes” (y pillastres) anda el juego: a ellos les gusta más lo gutural,
gestos y señas, guiños de compinches. Imbuidos de atavío más o menos cuidado
(traje, corbata) cuando se desencuadernan son auténticos patanes, burdos y
soeces, vamos, como en la intimidad: para qué disimular.
En
definitiva, chorizos “unga unga” con caspa. Y todo… pa la bulsaca.
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