De periodistas y entrenadores
Los
primeros por lechuginos y petimetres, los segundos por bocachanclas; perdón que
hay algún preparador filósofo, -poco mérito ser originario de la Pampa, vienen
de serie con logorrea seudotrascendental- y alguno se ha hecho polígloto,
aunque chapurree el alemán y el inglés con acento catalán; el resto, tienen la
boca más grande que un buzón de correos, de los de antes. Necesitan tal cavidad
para masticar los perdigones que lanzan los reporteros intentando -y en la
mayoría de veces, lográndolo- sacarles de sus casillas, y provocar el merdel
que suponen las ruedas de prensa en las que unos y otros compiten en
insensateces propias de una supuesta ciencia no avalada por título alguno: ni
universitario ni deportivo. Son los Pimpinela del después de un partido.
Los
periodistas, una patulea de tabernarios, groserazos, partidistas, provocones
simulan haber llegado de una reunión nocherniega de excesos y vomitan lo que
desde sus “empresas mediáticas” y la afición les soplan; hay que calentar los
ánimos. Y los entrenadores, que tienen la piel muy fina y entran al trapo,
responden como auténticos bravucones.
Cuando
los reporteros retransmiten, o sea, cuentan un partido, son los directores de
orquesta, el coro, los aplausos y los pitos, hombres multitask que todo
lo saben, critican, adivinan y… meten la pata hasta el hondón -poco les preocupa que tengan público variado
y diverso-: sus narraciones están llenas de estereotipos, frases políticamente
incorrectas, patadas literales y metafóricas al diccionario: auténticos
histriones protagónicos de un evento en el que la esencia son ellos; o eso
creen.
Los entrenadores, ataviados según modo y ocasión, van por la línea limítrofe del campo santiguándose, acordándose de la madre de los árbitros, mentando al santoral, dirigiendo el batiburrillo de sus jugadores, increpando, desgañitándose el gaznate en un ejemplo de exhibición gimnástica. Reverencia al míster.
Por
cierto… ¿y las periodistas de fútbol? Rubias, melenas leoninas, gloss y rímel.
Deberían sus homólogos masculinos decorarse.
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