viernes, 26 de junio de 2026

El fútbol y los "unga unga" (II)

                                        De periodistas y entrenadores


Forman un tándem curioso de “unga ungas”, tan atractivo como repulsivo.

Periodistas deportivos

Los primeros por lechuginos y petimetres, los segundos por bocachanclas; perdón que hay algún preparador filósofo, -poco mérito ser originario de la Pampa, vienen de serie con logorrea seudotrascendental- y alguno se ha hecho polígloto, aunque chapurree el alemán y el inglés con acento catalán; el resto, tienen la boca más grande que un buzón de correos, de los de antes. Necesitan tal cavidad para masticar los perdigones que lanzan los reporteros intentando -y en la mayoría de veces, lográndolo- sacarles de sus casillas, y provocar el merdel que suponen las ruedas de prensa en las que unos y otros compiten en insensateces propias de una supuesta ciencia no avalada por título alguno: ni universitario ni deportivo. Son los Pimpinela del después de un partido. 

Los periodistas, una patulea de tabernarios, groserazos, partidistas, provocones simulan haber llegado de una reunión nocherniega de excesos y vomitan lo que desde sus “empresas mediáticas” y la afición les soplan; hay que calentar los ánimos. Y los entrenadores, que tienen la piel muy fina y entran al trapo, responden como auténticos bravucones. 

Cuando los reporteros retransmiten, o sea, cuentan un partido, son los directores de orquesta, el coro, los aplausos y los pitos, hombres multitask que todo lo saben, critican, adivinan y… meten la pata hasta el hondón  -poco les preocupa que tengan público variado y diverso-: sus narraciones están llenas de estereotipos, frases políticamente incorrectas, patadas literales y metafóricas al diccionario: auténticos histriones protagónicos de un evento en el que la esencia son ellos; o eso creen.

Entrenadores de fútbol

Los entrenadores, ataviados según modo y ocasión, van por la línea limítrofe del campo santiguándose, acordándose de la madre de los árbitros, mentando al santoral, dirigiendo el batiburrillo de sus jugadores, increpando, desgañitándose el gaznate en un ejemplo de exhibición gimnástica. Reverencia al míster.

Por cierto… ¿y las periodistas de fútbol? Rubias, melenas leoninas, gloss y rímel. Deberían sus homólogos masculinos decorarse.

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