Los futbolistas son esa suerte de seres trogloditas, iletrados, toscos, cavernarios, básicos, pleistocénicos, ágrafos, primitivos, misóginos y machirulos, gallitos, vulgares, zafios… Su encefalograma, plano; sus pulsaciones a flor de piel para vociferar animaladas, corear insensateces, balbucear a trompicones dos sílabas juntas, lanzar escupitajos a la hierba, tocarse a gusto las partes pudendas… Unos destalentados (Y me quedo corta, muy corta).
Los recién ascendidos de segunda a primera, por ejemplo, han abandonado el Seat León, y hasta el Cupra, -qué dos modelos tan canis- con los que mimetizaron en sus primeros pases. Lucen pelo cortado en modo seto o césped según decida el especialista la altura del cerebro, minúsculo, en cualquier caso.
Y da igual que una mire a la selección en su conjunto que a los provincianos venidos a más. Es tocar un balón con el pie y pierden el ídem y la cabeza, tan llena de aire como el cuero que patean.
PD: pienso en los futbolistas gays… que no se les ocurra el más mínimo aspaviento porque la bestia fiera los engulle (para otro día)
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