Espiritualidad en blanco y negro
Los libros que rubrica Bert Daelemans pesan. Tienen un peso específico: mantienen una estrecha relación entre el gramaje de la sustancia -literaria- y el volumen que ocupa -284 páginas, editadas por FotoRuta-.
Conozco al autor: jesuita, ingeniero, profesor, arquitecto, viajero… incansable, poligloto, divertido, sarcástico, polígrafo, reflexivo, apremiante, polifacético. Buen escritor, buena persona.
Los títulos que encabezan sus publicaciones sugieren y atraen, son un reclamo más que acertado para su lectura: El abrazo en el arte, La vulnerabilidad de lo débil, Echarse a volar, El susurro de los pétalos, entre otros muchos.
En esta ocasión: Escritas en luz. Espiritualidad en blanco y negro, llega desde la cámara de un importante elenco de fotógrafos internacionales a cuyas imágenes, Bert pone palabra, muchas palabras.
La cubierta invita, la contraportada resume, el prólogo anima y abrirlo para degustarlo es un banquete que no puede esperar.
Resulta un tópico afirmar que la fotografía es el arte del instante que capta el ojo humano a través del foco mecánico; pues bien, Escritas en luz, renueva esa idea no por manida, menos veraz y da una vuelta de tuerca, o varias en cuanto se desgrana al contenido que va a descubrir el lector.
Habrá que prestar mucha atención, los 5 sentidos en alerta para atrapar el cromatismo del blanco al negro y percibir que la grisura del gris alcanza unos matices insospechados.
Como las palabras que adornan la sucesión de imágenes: no solo un ornamento, una guarnición de un plato servido con cuidada estética, sino frases intimistas y párrafos llenos de lirismo, sentimiento y vivencias.
Fotos y sílabas, en un baile armónico de agradable contemplación y placentera lectura; descubrimos las entretelas de un lenguaje laborioso en su simplicidad comprensiva, un idioma cincelado letra a letra.
Desde el primer momento existe un hilo que engancha y enhebra capítulo tras capítulo: hilvanes cosidos en un índice casi paronomástico: “miradas”, “moradas” y “muros”.
¿Por qué no “murallas”? Ando con ese runrún y rumiar un pensamiento no es bueno; creo que puedo afirmar que más allá del retoricismo, la muralla sugiere defensa de un posible ataque, protección también de ese posible ataque… y el muro está desprovisto de dicha característica de defensión; no sé. Habrá que indagar o ir a la fuente y preguntar al autor.
Soy consciente de que nos gusta tocar los libros, abrirlos al albur, pasar las páginas y meter la nariz, aspirar el olor, ¿o es aroma?
Es hora de palpar la fragancia de Escritas en luz. Espiritualidad en blanco y negro.
Poesía, ausencia del color sepia, sin arcoíris, vida, niños que saltan de la mano, tanques avasallando, geometría que sostiene a una mujer pensativa, caracol de cabezas unidas por la infancia, mano pedigüeña, mirada materna protectora, diversidad adolescente, trabajo despiadado, soledad eclesiástica, luz ascendente, agua y sombras, reflejos difuminados, trampantojos artísticos, pensar la desgracia, otear el horizonte, un aro de esperanza, la nieve que se derrite, la ruina ruidosa, cálculo doméstico, miedo, piedras, candados, curvas en el camino, juncos que lloran lágrimas secas, humos caminantes…
Todo lo que el ojo fotográfico ve, todo lo que la palabra escrita siente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario