lunes, 6 de abril de 2026

Puentes, pantanos y mucho más

     

Ingeniero

Ponga un ingeniero en su vida


Tópicas y típicas resultan las imágenes con las que esperábamos la película en aquellas salas de cine de antaño. En blanco y negro, minutos antes de la proyección por la que habíamos pagado, asistíamos a momentos de propaganda del régimen: su excelencia el generalísimo inaugura un pantano en…, una auténtica obra de ingeniería.

Yo no aprecio la diferencia entre una presa y un pantano, entre un pantano y un embalse y creo que en alguna ocasión me la han llegado a explicar: mi mente para estos asuntos se obstina y se muestra cerril y no tengo la capacidad abstracta ni memorística para atisbar que son construcciones de ingenieros, pero con sus propias características.

El “pántano” que más cerca me pilló siempre era el de Yesa: sí, “pántano” como decía y dice mi madre en un claro fenómeno de ultracorrección lingüística, y me lo explicaba convencida de mi error al intentar enmendarle la plana: si yo me empeñaba en pronunciar pájaro y ella siempre había dicho “pajaro” pues con pantano, al revés: “pántano”.

En fin, que esa gran obra de ingeniería se llevó por delante las huertas, los caminos, las fuentes y los árboles de muchas familias navarras y aragonesas en beneficio de otras, claro.

Luego conocí el embalse de Contreras, otra gran obra de ingeniería, durante mis múltiples viajes a la Comunidad Valenciana.

Y puentes: cuántos puentes en Extremadura, por ejemplo; cruzarlos y disfrutar de ellos en Mérida. También otra gran obra de ingeniería.

En las familias “bien” las madres querían un yerno ingeniero -preferiblemente industrial, de los de toda la vida-; era de buen tono y garantizaba a la joven maridada un pecunio sin mengua y un resplandor social también.

Si hasta la Academia de la Lengua lo aconseja, al definir esa ciencia como un conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o la actividad industrial.

Y ya se habla de “ingeniería genética”; conmigo sí que se emplearon a fondo: un poco de manipulación, algo de técnica, calibrado de ciertas piezas, superada alguna que otra carencia y salvando varios defectos…¡¡Ça y est!! Una auténtica obra de ingeniería.

Algo de eso nos hace falta hoy en día: tender, crear, construir puentes y pantanos para que fluya la corriente y el buen sentir. Para compartir y vivir en comunidad apostando por el bien común, valga la redundancia. Convendría una proeza de ingeniería financiera para tiempos presentes y venideros ahora que dedicamos tanto afán a la ingeniería robótica y a la química.

Me malicio que es difícil estudiar y practicar la ingeniería social: eso sí que supondría un auténtico prodigio de urbanidad, de voluntad y altura de miras.

Desde las aulas de las escuelas técnicas y superiores, desde los laboratorios de Metrología… Ojalá volviera el NODO a nuestras pantallas y viéramos muchas inauguraciones de puentes, pantalanes, naves, nuevas redes de transporte, espigones, muelles, orillas unidas y extremos desvanecidos, innovadores proyectos y humanitarios planes y sobre todo: pasarelas, muchas pasarelas. Transparentes para vernos mejor y para comunicarnos más.

Lo dicho: un ingeniero en nuestras vidas. Lo hizo hasta la Virgen María con san José, patrón de los ingenieros (industriales).

(Artículo que publiqué en 2021 en "El Obrero)

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