¿El ojo que escucha?
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| Rayos de sol o sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. |
Y me pregunto… ¿dónde estarían Marie Kroyer y Anna Ancher, esas dos amigas danesas coetáneas del pintor nacido en Copenhague?
Visito el Thyssen: me traslado a ese país nórdico, tan silencioso. Sí, se escucha un silencio, un mutismo que golpea la vista cuando se observan las pinturas de Vilhelm Hammershoi.
Conozco la arquitectura de algunos países del norte de Europa: parece fácil perderse en estancias de losa pulida, techos altos, inhóspitos, difíciles de alcanzar y ventanas
cuadriculadas, perfiladas milimétricamente. El sol tibio y blanco se cuela por cristales y refleja su luminosidad matizada en el mantel de una mesa, en la partitura que reposa sobre el piano.
Y salgo a pasear por bosques cercanos a la capital, mientras las vías férreas me muestran granjas planas, quietas y calladas.
Puedo imaginar a esas dos pintoras, ¿amigas? ¿conocidas? del artista que plasma lo que siente y lo que ve en unos cuadros reposados e inquietantes a la vez: vacíos o a medio llenar. Casi inane su pincel choca con la actividad cómplice de Marie Kroyer y Anna Ancher. Ellas prefieren sus sonrisas cómplices, ataviadas de un blanco evanescente, gestos comedidos, quietud vital…
Pero ¿compartieron cenáculos, academias y talleres con Hammershoi? Artistas él y ellas artistas, también, que no parecen encontrarse, más allá de ser compatriotas.
El museo madrileño proporciona un transitar por salas llenas de curiosos, expertos y neófitos mientras se exponen cuadros de un pintor al que se le rinde homenaje en la actualidad. El siglo XIX y su paso a la nueva centuria fue pródigo en figuras e historias pictóricas que con el tiempo se van renovando ante nuevas generaciones, nuevos ojos.
El ámbito doméstico del matrimonio Hammershoi aporta un valor inusitado: la esposa en habitaciones familiares: el pintor, demiurgo de su propio devenir. Ella, de espaldas, ellas, las amigas confidentes, también… como si ocultaran una emoción soterrada que han de disimular: Anna Ancher (1859 – 1935) y Marie Kroyer (1867 - 1940) sobreviven al artista que estos días luce en Madrid. En aquel momento, sociedad de varones, hoy, también, aunque sigo constatando que la cultura con C mayúscula es cosa de mujeres: son muchas más las féminas que caminan con paso lento y atento por el Thyssen.
Merece la pena el paseíto por Copenhague y alrededores a través de las pinturas de Hammersoi, pero echo de menos “conversaciones” de sus colegas, mujeres pintoras, que vieron con otros ojos el país nórdico. Del silencio imaginativo a la recreación personal, faltan palabras, domina la ausencia de un diálogo que el ojo no termina de escuchar.

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