(de mi poemario "Deja a la vida en paz")
Costó entrar.
El vendaval de pasiones impedía
el camino,
pero los meandros de su memoria
allanaron la travesía.
Dormida, esperando,
ahogada en sueños, llegó la sed que calmó
con la luz.
La piel le quemaba el grito
mudo
que irrumpió de las entrañas,
insaciable
y sin quiebros.
El destino,
salvaje y turbulento,
explotó
voraz.
Se rompieron laderas y curvas,
dibujaron figuras
indescriptibles,
dolor
y aroma,
violencia
y emociones.
Estallido inaudible
que inundó la naturaleza.
Todo fuego,
todo lava.
La nada, sepultada.

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