Oímos de modo “consecutivo” (un día sí y otro también, repetida e ininterrumpidamente) dicho adjetivo aplicado a cualquier contexto, en cualquier foro y sobre todo por parte de los periodistas a quienes les debe parecer muy común y poco sofisticado el correspondiente “seguido”.
Por supuesto que la sinonimia enriquece el
discurso oral y escrito, resulta una perogrullada afirmar que conviene conocer
el mayor número de vocablos, más o menos similares para facilitar la
comprensión entre emisor y receptor -a sabiendas de que la sinonimia absoluta
no existe-; pero, la reiteración insistente, valga el énfasis, del
“consecutivo” tan poco empleado en la conversación cotidiana, rezuma cierto
tufillo “snob”; se trata de un término de moda entre los reporteros, que
alcachofa en mano y pinganillo en la oreja, lo profieren con visos de altura intelectual;
llama la atención su extemporaneidad cuando se trata de comunicación llana, habitual,
rápida y efectiva sin distancia jerárquica. La RAE lo define así: “ir detrás de uno” para
nombrar a aquello que
sucede o aparece a continuación de otra cosa de forma inmediata o sin
interrupciones.
Me estoy imaginando, ahora en tiempo de
rebajas, expresiones del tipo: “usted va consecutiva, ¿verdad?”, “puede pasar
al probador consecutivo” al describir nuestra posición de espera en la cola de
una tienda, por ejemplo. La cosa lingüística se enmaraña y da en “raruno”, si
añadimos el menos frecuente “contiguo”.


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