sábado, 1 de agosto de 2026

Carmen Laffón en el Thyssen

                                                             pintura y sesgo de género


Exposición en el Thyssen


La exposición estrella de este verano en el museo Thyssen la ocupa la artista Carmen Laffón, conocida de estas salas y de otras tantas nacionales e internacionales. 

Pasear entre sus cuadros resulta evocador, entendido el adjetivo como reconocido, pretérito, imaginado en el presente y observado en el instante, real desde la sugerencia. 

Reaparecen Sorolla, Hammershoi, Zorn y Antonio López: del Mediterráneo al Báltico, de Sanlúcar a Madrid. 

Objetos domésticos, puertas y ventanas, armarios y mesillas, bodegones, paisajes infinitos, horizontes abstractos: Mark Rothko descuellas entre la intensidad del rojo marronoso y del azul grisáceo. Sal marina, cal y yeso para iluminar paredes, casas y patios. 

 No puedo evitarlo: ¿hay algo propio y distintivo de esta pintora? Siento la punzada de creer que todo es copiado, remedado de otros, poco original y casi nada singular. 

 Caigo en un error de bulto, quizá ignorancia de visitante que espera mucho y desconoce que Carmen Laffón pertenece a la generación del realismo pictórico del siglo XX. Por lo tanto, hay un aire de grupo de artistas -hombres y mujeres- que poseen las mismas características: temas, técnica… entre ellos. 

 Pero me inquieta que no haya pensado en que sus colegas, algo mayores que ella, cierto, copiaran o se inspiraran en otros (en ningún caso en otras), es decir, que soy capaz de conceder poca personalidad a los cuadros de la fémina sevillana y considerarlos remedos, evocaciones -variaciones se titula esta muestra- y no a los de pintores también realistas. Un sesgo de género lamentable. Ellos son los pintores y ellas copian. 

 Mea culpa. La exposición brillante, en sí misma. Carmen Laffón, sin duda, es un modelo hoy, para la historia del arte presente y futura. Y punto.

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