jueves, 15 de octubre de 2026

Un día en la vida de Clarita

 fruslería dominical de Rosa Montero

Un dia en la vida de Clarita

A mí Rosa Montero me gusta a ratos, la leo de manera intermitente; creo que no recuerdo ninguno de sus títulos, y me consta que conozco su obra. Hay algo en su literatura que me hace abandonarla y a los años la retomo.

Acabo de leer su última publicación y no sé si es un cuento largo, una novela corta, una historieta de acción o un relato de personaje.

Con el formato Alfaguara (un timo tipográfico, a veces pienso que para lectores vagos), sus 137 páginas ocupan menos de dos horas.

En esta ocasión, no es la autora “canónica”; y tampoco ha desvariado, pero sí se ha apartado de lo esperable. Lo advierte ella misma al final del libro: dedica tres páginas a agradecer y a justificarse.

Mala cosa. Cuando alguien tiene que explicar (se) es que no está convencido de su producto ni del resultado. Y anima al lector a que no destripemos el final… tan previsible que se adivina desde la página 70, pero ha querido jugar con ese subterfugio tan manido que pretende cubrirse las espaldas según vengan dadas: que no es lo que parece el libro, que al principio tenía otra intención y luego la propia protagonista casi le gritó salir y ser y estar…

Ahora bien, con lo que nos cuenta Clarita, no da para tanto, la verdad, pero a mí me intriga lo que no cuenta, los años antes de este personaje enredado en un episodio fílmico de acción, es decir, cómo era esa mujer de 65 años a punto de jubilarse, en su infancia, en su adolescencia, qué le pasaba por la cabeza y con quién se relacionaba, cómo la trataron y qué esconde en su interior.

Yo espero que la autora se decida, si no la tiene ya contratada, a escribir la precuela.

Por cierto, hay momentos en que no sé si leo a Eduardo Mendoza con sus personajes grotescos o a Juan José Millás con sus contenidos banales (los tres colegas de edición).

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